¿Te duelen los ojos después del eclipse? Cómo detectar una retinopatía ocular

Los síntomas de una lesión ocular pueden tardar entre 4 y 12 horas en aparecer tras el eclipse

¿Te duelen los ojos después del eclipse? Cómo detectar una retinopatía ocular. Foto: EuropaPress Miia

Lagrimeo, irritación ocular, manchas, visión borrosa... después del histórico eclipse total de sol que hemos vivido este miércoles 12 de agosto, y aunque hayamos seguido todos los consejos de los expertos para una exposición segura, si sentimos alguno de estos síntomas, ¿cómo saber si estamos simplemente ante cansancio ocular, si estamos somatizando síntomas y en realidad no ocurrre nada, o de verdad estamos ante una lesión grave?

Durante días hemos estado recibiendo consejos y advertencias. La magnitud del acontecimiento llevó a las autoridades y a los expertos a insistir en la necesidad de extremar las precauciones y utilizar gafas homologadas específicamente para la observación solar. También se recomendó, incluso con las gafas, evitar la observación directa y prolongada del sol y se desplegó un dispositivo especial de seguridad en distintos puntos del territorio, con un refuerzo de efectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional en las zonas que podían concentrar a un mayor número de personas.

Pese a todos estos avisos, la historia nos demuestra que cada vez que se produce un eclipse, posterirmente se dan casos de lesiones oculares por no protegerse de forma adecuada o por mirarlo accidentalmente. Porque incluso una exposición de segundos puede provocar daños irreversibles. De hecho, tras el eclipse total de 2024 que pudo verse en Estados Unidos, profesionales de centros médicos y oftalmólogos reportaron decenas de afectados y consultas de urgencia por daños en la retina.

Retinopatía solar

"La retinopatía solar es un daño fotoquímico de la retina producido por la observación directa o indirecta del sol, situación que puede ocurrir tras la exposición de la población a eclipses solares", señala la Sociadad Oftalmológica de Madrid.

Uno de los principales riesgos de mirar directamente al Sol durante demasiado tiempo es la llamada retinopatía solar, una lesión fotoquímica que afecta a la retina, especialmente a su zona central, y que puede provocar alteraciones visuales que en algunos casos llegan a ser permanentes.

El problema es que el daño no tiene por qué producir dolor de forma inmediata. La retina carece de receptores del dolor, por lo que una persona puede sentirse aparentemente bien después de haber observado el eclipse y comenzar a notar los primeros síntomas horas más tarde. Esta ausencia de dolor puede generar una falsa sensación de seguridad. Además, además, durante un eclipse la pupila suele permanecer más dilatada debido a la menor intensidad de luz, lo que facilita que una mayor cantidad de radiación alcance el interior del ojo"

El daño se produce porque el ojo concentra la radiación solar sobre la retina. De esta manera, una exposición directa sin protección puede provocar lesiones en las células fotorreceptoras de esta zona del ojo.

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Síntomas: cuándo preocuparse

Los síntomas de la lesión suelen hacerse evidentes entre 4 y 12 horas después de la exposición, indica un artículo publicado en Doctoralia, una de las mayores plataformas digitales de salud del mundo. Irritación ocular, inflamación, sensación de ardor, lagrimeo, enrojecimiento progresivo de la conjuntiva, dolor que dificulta abrir los ojos o visión borrosa o turbia son algunos de los síntomas que pueden aparecer horas después de la exposición y que podrían indicar esta retinopatía solar. "Ante cualquiera de estos sígnos, debes acudir lo antes posible a un centro de salud o servicio sanitario para una valoración urgente", señala una infografía destinada a evitar lesiones oculares por parte de la Junta de Castilla y León. "La radiacilón solar intensa puede dañar la retina en cuestión de segundos, incluso cuando el sol está parcialmente cubierto", añade.

Entre las principales señales de alerta se encuentra la aparición de un escotoma central, es decir, una mancha oscura, grisácea o un punto ciego en el centro del campo visual. También pueden aparecer metamorfopsias, que hacen que las líneas rectas se perciban deformadas; una disminución de la agudeza visual que dificulte leer o enfocar objetos; alteraciones en la percepción de los colores y una elevada sensibilidad a la luz.

La aparición de cualquiera de estos síntomas después de haber observado el eclipse sin la protección adecuada debe llevar a consultar con un especialista en oftalmología, especialmente si las alteraciones no desaparecen.

¿Qué hacer si aparecen problemas de visión?

Ante la sospecha de una lesión ocular, no es recomendable frotarse los ojos ni utilizar colirios por cuenta propia. Lo más adecuado es evitar nuevas exposiciones directas a la luz intensa y acudir a un profesional sanitario para que valore el estado de la retina.

La retinopatía solar no dispone de un tratamiento que permita reparar de forma inmediata una retina dañada. Por ello, la prevención continúa siendo la principal herramienta para evitar sus consecuencias.

En algunos casos leves la visión puede experimentar una recuperación progresiva, pero cuando la exposición ha provocado daños importantes en la zona central de la retina, las alteraciones visuales pueden llegar a ser permanentes.

Por eso, los especialistas insisten en que disfrutar de un eclipse no debe implicar asumir riesgos para la vista: las gafas de observación deben estar homologadas, en buen estado y utilizarse siguiendo las recomendaciones de seguridad.

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Una precaución especialmente importante para las personas mayores

Las personas mayores que utilizan gafas graduadas también debieron extremar las precauciones al observar fenómenos solares como el eclipse del miércoles. Las gafas específicas para eclipses se pueden utilizar sobre las gafas graduadas, siempre que las primeras estén homologadas y en perfecto estado. No deben sustituirse por unas gafas de sol convencionales, por oscuras que sean.

Además, si después del eclipse una persona nota una nueva mancha en el centro de la visión, dificultad repentina para leer o enfocar, líneas que aparecen deformadas o una alteración llamativa de los colores, no debería atribuir estos síntomas simplemente al cansancio de la vista o a la edad. Una valoración oftalmológica permitirá determinar si existe algún daño en la retina.