Los suplementos de aceite de pescado, ¿previenen el deterioro cognitivo o el alzhéimer?
Un ensayo clínico de dos años pone en duda su eficacia
A pesar de que el omega-3 llega con éxito al cerebro, un ensayo clínico de dos años arroja dudas sobre la eficacia de los suplementos de aceite de pescado, planteando que no evitan la pérdida de memoria ni el desgaste cerebral en personas de riesgo de padecer alzhéimer.
Los ciudadanos estadounidenses gastan anualmente más de 1.000 millones de dólares en suplementos de aceite de pescado, motivados en gran parte por los supuestos beneficios cognitivos de los ácidos grasos omega-3. Sin embargo, un nuevo estudio de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California (USC), publicado en la revista científica eBioMedicine, revela que aumentar los niveles de omega-3 a través de suplementos dietéticos apenas tiene impacto en la salud cerebral.
El ensayo clínico analizó a adultos mayores con un riesgo elevado de desarrollar la enfermedad de alzhéimer. Los resultados demostraron que tomar altas dosis de omega-3 no mejoró la memoria, la función cognitiva ni frenó la pérdida de células cerebrales en las áreas afectadas por la enfermedad.

"Todos desearíamos que existiera una fórmula mágica para prevenir el alzhéimer, pero nuestros hallazgos demuestran que los suplementos de aceite de pescado no parecen proteger la salud del cerebro", señala el doctor Hussein Naji Yassine, director del Centro de Salud Cerebral Personalizada de la USC y líder de la investigación.
"Aunque el omega-3 tiene un papel crucial en la formación de conexiones neuronales necesarias para la cognición, nuestros resultados no apoyan el uso de estos suplementos como medida preventiva", recalcó.
El omega-3 llega al cerebro, pero no funciona de forma aislada
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores reclutaron a 365 adultos de entre 55 y 80 años que consumían pescado de forma muy esporádica y presentaban factores de riesgo de alzhéimer. Casi la mitad de ellos (el 47%) portaba el gen APOE4, considerado el factor de riesgo genético más fuerte para el desarrollo tardío de la enfermedad. Los participantes recibieron aleatoriamente un placebo o un suplemento diario con 2.000 mg de ácido docosahexaenoico (DHA), el principal ácido graso omega-3 implicado en la función cognitiva.
En una primera fase, el equipo científico quiso verificar si el nutriente era capaz de atravesar la barrera hematoencefálica. Tras medir el líquido cefalorraquídeo de los pacientes, confirmaron un incremento medio del 17% en los niveles de DHA tras seis meses de tratamiento, lo que demostró que el suplemento alcanzaba efectivamente el cerebro.
Sin embargo, al evaluar las habilidades cognitivas y de memoria dos años después del inicio del ensayo, los participantes que tomaron los suplementos no obtuvieron mejores resultados que aquellos que recibieron el placebo. Además, las resonancias magnéticas revelaron que el DHA no evitó el encogimiento del hipocampo, la región cerebral clave para la memoria que sirve como marcador del envejecimiento del cerebro y del riesgo de alzhéimer.
Alimentación y estilo de vida, la verdadera prevención
Tras estos resultados, el doctor Yassine y su equipo se centran ahora en investigar por qué el omega-3, a pesar de llegar al cerebro, no se traduce en beneficios para la salud mental. Los científicos sospechan que estos ácidos grasos funcionan de manera mucho más eficaz cuando se consumen como parte de una dieta de estilo mediterráneo —naturalmente rica en pescados y asociada históricamente con un menor riesgo de demencia— que cuando se ingieren de forma aislada a través de una cápsula sintética.
Por ello, los autores del estudio insisten en que una rutina de vida saludable y equilibrada sigue siendo la herramienta más potente para proteger el cerebro. "Mantenerse sano a lo largo de la vida es el equivalente para el cerebro a realizar un mantenimiento regular y cambios de aceite de alta calidad a un coche", pone de relieve Yassine.
