Carmen Quintanilla: "Envejecer en un pueblo nunca debería significar tener menos derechos"
La presidenta de AFAMMER defiende más cuidados, servicios y reconocimiento para las mujeres rurales
La despoblación, la soledad no deseada, la brecha digital y la falta de servicios siguen marcando el día a día de muchas personas mayores en el medio rural. En esta entrevista con 65YMÁS, Carmen Quintanilla, presidenta de AFAMMER y recién nombrada madrina de la iniciativa HeForShe de ONU Mujeres, defiende un modelo de cuidados de proximidad, pide reconocer la contribución de las mujeres mayores y advierte de que vivir en un pueblo nunca debería traducirse en menos oportunidades.
PREGUNTA: Acaba de ser nombrada madrina de la iniciativa HeForShe de ONU Mujeres. ¿Qué supone para usted este reconocimiento y qué papel cree que deben desempeñar los hombres para avanzar hacia una igualdad real?
RESPUESTA: Para mí es un gran honor, pero sobre todo una enorme responsabilidad. Después de más de cuarenta años trabajando por la igualdad y acompañando a miles de mujeres, especialmente mujeres rurales, recibir la confianza de ONU Mujeres para ser madrina de la iniciativa HeForShe supone un reconocimiento a esa trayectoria, pero también un compromiso para seguir impulsando una sociedad más justa e igualitaria.
Siempre he defendido que la igualdad no es una causa exclusiva de las mujeres, sino un proyecto compartido. De hecho, cuando presidía la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, impulsé los principios de esta iniciativa en España porque estaba convencida de que avanzar en igualdad exige la implicación de toda la sociedad.
Los hombres tienen un papel esencial. La igualdad no se construye enfrentando a hombres y mujeres, sino caminando juntos, compartiendo responsabilidades, oportunidades y también los cuidados. Necesitamos hombres comprometidos que sean aliados activos, que eduquen en igualdad, rechacen cualquier forma de violencia contra las mujeres y contribuyan a construir relaciones basadas en el respeto y la corresponsabilidad.
Hoy, además, ese compromiso es más necesario que nunca. Estamos viendo cómo determinados discursos intentan cuestionar avances que han costado décadas conseguir. Por eso no podemos dar la igualdad por conquistada para siempre. Debemos seguir trabajando unidos, mujeres y hombres, porque solo desde el compromiso compartido podremos alcanzar una igualdad real y efectiva para las generaciones presentes y futuras.

P: Las mujeres mayores del medio rural han sido fundamentales para sostener la vida en los pueblos durante décadas. ¿Cuáles son hoy los principales retos a los que se enfrentan?
R: Lo primero que me gustaría decir es que las mujeres mayores rurales han sido el gran pilar de nuestros pueblos. Han trabajado toda su vida, muchas veces sin reconocimiento; han cuidado de sus familias, han contribuido al desarrollo de sus municipios y han mantenido vivos nuestros pueblos en los momentos más difíciles.
Sin embargo, hoy se enfrentan a importantes desafíos que debemos afrontar como sociedad.
El primero es la desigualdad en el acceso a los servicios. En muchos municipios sigue siendo más difícil acceder a la atención sanitaria, al transporte, a los servicios sociales o incluso realizar gestiones tan cotidianas como acudir a una entidad bancaria. El lugar donde una persona vive no puede determinar las oportunidades ni los derechos que tiene.
El segundo gran reto es la soledad no deseada. Muchas mujeres mayores han visto cómo sus hijos o sus nietos han tenido que marcharse de los pueblos en busca de oportunidades. Ellas quieren seguir viviendo en el lugar donde han desarrollado toda su vida, pero necesitan sentirse acompañadas, contar con una red de apoyo y saber que no están solas.
Otro desafío muy importante es la brecha digital. Cada vez más servicios se prestan de forma telemática y muchas personas mayores encuentran dificultades para acceder a ellos. La digitalización es una oportunidad, pero nunca puede convertirse en un motivo de exclusión.
Y hay un cuarto reto del que hablamos menos, pero que también debemos abordar: el reconocimiento de su contribución. Con demasiada frecuencia ponemos el foco en lo que las personas mayores necesitan y olvidamos todo lo que siguen aportando. Las mujeres mayores rurales continúan siendo un referente para sus familias, transmiten valores, conservan nuestras tradiciones y desempeñan un papel esencial en la cohesión social de nuestros pueblos.
Por eso siempre defiendo que el verdadero reto no es solo vivir más años, sino hacerlo con autonomía, con dignidad y con las mismas oportunidades, vivamos donde vivamos. Porque envejecer en un pueblo nunca debería significar envejecer con menos derechos.
P: La despoblación, la soledad no deseada, la brecha digital y las dificultades para acceder a servicios básicos son algunos de esos desafíos. ¿Cuál considera el más urgente y por qué?
R:Todos son desafíos importantes porque, en realidad, están estrechamente relacionados. Pero si tuviera que señalar uno, diría que el gran reto es la despoblación, porque está en el origen de muchos de los problemas que hoy viven las personas mayores en el medio rural.
Los datos hablan por sí solos. En España existen más de 1.000 municipios donde no vive ningún niño de entre 0 y 4 años, hay 311 municipios sin ningún vecino menor de 20 años y 402 municipios donde todos sus habitantes tienen más de 65 años. Son cifras que reflejan una realidad preocupante y que nos muestran hasta qué punto el envejecimiento y la despoblación avanzan de la mano.

Cuando un pueblo pierde población joven, también pierde servicios, oportunidades y dinamismo. Y quienes más sufren las consecuencias son las personas mayores. En el medio rural, alrededor del 15% de las personas mayores vive sola, en muchos casos porque sus hijos han tenido que marcharse a otros lugares en busca de oportunidades. Detrás de ese dato hay miles de historias de mujeres y hombres que desean seguir viviendo en su pueblo, pero que necesitan sentirse acompañados y contar con servicios que les permitan hacerlo con autonomía y calidad de vida.
Por eso siempre digo que la despoblación no se combate solo con infraestructuras. Se combate creando oportunidades para que las personas puedan desarrollar su proyecto de vida en el medio rural y garantizando que quienes han decidido quedarse puedan envejecer con dignidad, con buenos servicios y con las mismas oportunidades que cualquier otro ciudadano.
Porque, al final, de lo que estamos hablando es de igualdad. Vivir en un pueblo nunca debería significar tener menos derechos.
P: A menudo se habla de las personas mayores desde una perspectiva de dependencia, pero no tanto de su contribución. ¿Qué papel desempeñan las mujeres mayores en la cohesión social y en la transmisión de valores en el medio rural?
R: Creo que durante demasiado tiempo hemos hablado de las personas mayores poniendo el acento en sus necesidades y muy poco en todo lo que siguen aportando a la sociedad. Y eso es un error.
Las mujeres mayores rurales son un auténtico patrimonio humano. Son la memoria viva de nuestros pueblos. Han sido ellas quienes han transmitido de generación en generación los valores del esfuerzo, la solidaridad, el compromiso con la familia y el amor por la tierra. Gracias a ellas se han conservado nuestras tradiciones, nuestra cultura y una forma de entender la vida basada en el apoyo mutuo y la convivencia.
Pero su contribución no pertenece solo al pasado, sigue siendo fundamental en el presente. Muchas continúan participando activamente en la vida de sus municipios, colaboran en asociaciones, impulsan iniciativas sociales y siguen siendo un referente para sus familias y para sus pueblos.
Eso lo vemos cada día en AFAMMER. Tenemos la enorme suerte de contar con mujeres mayores que, después de toda una vida dedicada a sus familias y a sus pueblos, siguen implicadas en nuestra organización, participando en actividades, formando parte del movimiento asociativo y poniendo su experiencia al servicio de otras mujeres. Para nosotros es fundamental que sigan sintiéndose activas, útiles y protagonistas, porque todavía tienen mucho que aportar a la sociedad.
Además, desempeñan un papel esencial en el relevo generacional. Las mujeres mayores de AFAMMER no solo transmiten su experiencia; transmiten también el legado de una generación que abrió camino para que hoy las mujeres rurales tengan más derechos, más oportunidades y más voz. Mantener vivo ese legado y entregarlo a las generaciones más jóvenes es una de las mayores fortalezas de nuestra organización. Porque solo así seguiremos avanzando hacia una igualdad real de oportunidades.
Por eso me preocupa el edadismo, esa tendencia a identificar la vejez únicamente con la dependencia o la pérdida de capacidades. Tenemos que cambiar esa mirada. Las personas mayores no son una carga; son una fuente de experiencia, de conocimiento y de sabiduría. Y en el medio rural, donde han contribuido decisivamente a mantener vivos nuestros pueblos, ese reconocimiento es todavía más necesario.

Siempre digo que una sociedad que no valora a sus mayores pierde una parte de sí misma. Reconocer su aportación no es solo un acto de justicia, es también una forma de construir un futuro con más raíces, más cohesión y más igualdad.
P: Desde AFAMMER impulsan el programa "Fortaleciendo a las Mujeres Mayores Rurales Libres de Violencia y Discriminación". ¿Qué realidad han detectado y por qué esta problemática sigue siendo tan invisible?
R: A menudo pensamos que la violencia de género afecta únicamente a mujeres jóvenes y olvidamos que también existe una realidad muy dura que viven muchas mujeres mayores, especialmente en el medio rural. Es una violencia que durante demasiado tiempo ha permanecido oculta y silenciada.
Desde AFAMMER hemos comprobado que muchas mujeres mayores pertenecen a una generación que fue educada para soportar determinadas situaciones, para no hablar de los problemas que ocurrían dentro del hogar y para anteponer siempre el bienestar de los demás al suyo propio. Eso ha hecho que muchas normalicen comportamientos que nunca deberían haberse considerado normales y que, en muchos casos, ni siquiera identifiquen determinadas situaciones como violencia o discriminación.
A esa realidad se suman otros factores como la dependencia económica, el aislamiento, el miedo, la vergüenza o el temor a romper con toda una vida. En los pueblos, además, el hecho de que todos se conozcan puede dificultar todavía más dar el paso de pedir ayuda. Por eso es tan importante ofrecer espacios de confianza, cercanos y seguros donde estas mujeres sepan que no están solas.
Con el programa "Fortaleciendo a las Mujeres Mayores Rurales Libres de Violencia y Discriminación", financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, queremos precisamente romper ese silencio. Trabajamos para que las mujeres conozcan sus derechos, aprendan a identificar situaciones de violencia o discriminación, refuercen su autoestima y recuperen la confianza en sí mismas. Al mismo tiempo, sensibilizamos y formamos a profesionales para que sepan detectar estas situaciones y ofrecer una atención adecuada.
Es un trabajo que el año pasado nos permitió desarrollar 13 cursos y talleres, formando a 654 mujeres mayores y profesionales. Pero, más allá de las cifras, lo más importante es que cada vez son más las mujeres que se atreven a hablar, que conocen los recursos que tienen a su disposición y que comprenden que nunca es tarde para pedir ayuda y ejercer plenamente sus derechos.
Porque envejecer nunca puede significar renunciar al derecho a vivir con dignidad, con libertad y libre de cualquier forma de violencia. Y hacer visible esta realidad es el primer paso para poder erradicarla.
P: ¿Cómo pueden las redes de apoyo y el asociacionismo ayudar a prevenir situaciones de violencia, discriminación y aislamiento entre las mujeres mayores que viven en los pueblos?
R: Las redes de apoyo pueden cambiar la vida de una persona. Cuando una mujer mayor participa en una asociación, deja de sentirse sola, recupera la confianza en sí misma y encuentra un espacio donde compartir experiencias con otras mujeres que, en muchos casos, han vivido situaciones similares.
Desde AFAMMER lo hemos comprobado durante más de cuarenta años. El asociacionismo no solo sirve para organizar actividades; es una herramienta de prevención, de acompañamiento y de empoderamiento. Muchas mujeres encuentran en la asociación un lugar donde sentirse escuchadas, donde informarse sobre sus derechos y donde descubrir que no tienen por qué afrontar solas determinadas situaciones.
Además, las asociaciones desempeñan un papel fundamental para detectar situaciones de vulnerabilidad que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas. En muchas ocasiones, una conversación, un taller o una actividad compartida permiten identificar situaciones de aislamiento, discriminación o violencia y ofrecer la orientación y el apoyo necesarios antes de que el problema sea mayor.
Siempre digo que una sociedad es más fuerte cuando nadie se siente solo. Por eso debemos seguir apoyando el movimiento asociativo, especialmente en el medio rural, porque detrás de cada asociación hay una red de personas que cuidan, acompañan y generan oportunidades para seguir viviendo con dignidad, autonomía y esperanza.
P: La menopausia continúa siendo un tema del que cuesta hablar con normalidad. ¿Qué queda por hacer para romper tabúes y ofrecer a las mujeres información rigurosa y acompañamiento?
R: Creo que lo primero que tenemos que hacer es hablar de la menopausia con total naturalidad. No es una enfermedad, es una etapa más de la vida de las mujeres y, sin embargo, durante muchos años se ha vivido casi en silencio, como si fuera un tema del que daba vergüenza hablar.
Muchas mujeres han afrontado esa etapa con dudas, con incertidumbre e incluso pensando que determinados síntomas eran algo que tenían que soportar sin más. Desde AFAMMER hemos escuchado a muchas mujeres rurales que nos cuentan precisamente eso: que les habría gustado disponer de más información, poder resolver sus dudas y sentirse comprendidas y acompañadas.
Afortunadamente, esa realidad está cambiando. Cada vez hablamos más de salud femenina y somos más conscientes de la importancia de dar visibilidad a todas las etapas de la vida de las mujeres. Pero todavía queda camino por recorrer. Tenemos que seguir rompiendo estereotipos, acabar con los tabúes y conseguir que ninguna mujer afronte esta etapa desde el desconocimiento o la soledad.

Porque cuando una mujer cuenta con información, apoyo y puede hablar de lo que está viviendo con naturalidad, afronta esta etapa con mucha más tranquilidad y confianza.
P: ¿Qué necesidades específicas tienen las mujeres del medio rural en materia de salud durante la madurez y cómo contribuye el programa "Mujeres Rurales en Acción: Salud y Menopausia" a dar respuesta a ellas?
R: Las mujeres del medio rural necesitan algo que parece muy sencillo, pero que no siempre tienen al alcance: información rigurosa, recursos cercanos y espacios donde poder hablar con naturalidad sobre su salud.
Cada mujer vive la menopausia de una manera diferente. Por eso es tan importante desterrar mitos y ofrecer información basada en la evidencia científica para que cada mujer pueda comprender los cambios que está experimentando y tomar decisiones informadas sobre su salud, siempre de la mano de los profesionales sanitarios.
Precisamente con ese objetivo hemos puesto en marcha el programa "Mujeres Rurales en Acción: Salud y Menopausia", financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 con cargo a la asignación tributaria del IRPF y del Impuesto sobre Sociedades. Es una iniciativa con la que queremos acercar esa información y ese acompañamiento a las mujeres rurales, independientemente del municipio en el que vivan.
A través del programa estamos desarrollando talleres presenciales en municipios rurales, materiales divulgativos, una campaña de sensibilización y pódcast con profesionales especializados que abordan cuestiones como la alimentación, la salud emocional, la autoestima, la sexualidad, el autocuidado o el envejecimiento saludable. Nuestro objetivo es que las mujeres dispongan de herramientas prácticas para vivir esta etapa con más información, más confianza y una mejor calidad de vida.
Porque cuidar la salud de las mujeres también significa acercar la información y los recursos allí donde viven. Y ese ha sido siempre uno de los compromisos de AFAMMER: que vivir en un pueblo nunca suponga tener menos oportunidades para cuidar de la salud y del bienestar.
P: Los cuidados son uno de los grandes retos del envejecimiento y siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. ¿Cómo valora esta realidad y qué cambios considera necesarios?
R: Los cuidados son uno de los grandes pilares de nuestra sociedad, pero también una de las mayores desigualdades que todavía persisten entre mujeres y hombres. Durante generaciones han recaído casi exclusivamente sobre las mujeres y esa realidad continúa estando muy presente, especialmente en el medio rural.
Los datos lo reflejan claramente. Las mujeres siguen dedicando muchas más horas que los hombres al cuidado de la familia y del hogar y, en el medio rural, esa desigualdad es todavía mayor. Según el informe ClosingGap, las desigualdades de género en materia de conciliación en el medio rural tienen un coste estimado de 38.500 millones de euros, el equivalente al 3,1 % del PIB. Es una cifra que demuestra que los cuidados no son solo una cuestión de igualdad, sino también un reto económico y social para nuestro país.
Creo que ha llegado el momento de entender que cuidar no puede ser una responsabilidad exclusiva de las mujeres, sino un compromiso compartido por toda la sociedad. Necesitamos avanzar hacia un modelo en el que exista una mayor corresponsabilidad en el ámbito familiar, pero también un mayor respaldo por parte de las administraciones.
En este sentido, la Estrategia Europea de Cuidados marca una hoja de ruta muy importante. Apuesta por profesionalizar el sector, mejorar las condiciones de quienes cuidan, reforzar los servicios de atención domiciliaria y de proximidad y apoyar a las personas cuidadoras, especialmente en los territorios rurales, donde las necesidades son mayores. Es un modelo que debemos seguir impulsando porque responde a la realidad de una sociedad cada vez más envejecida.

Estoy convencida de que la sociedad del futuro será aquella que sitúe los cuidados en el centro de las políticas públicas. No solo porque vivimos cada vez más años, sino porque todos, en algún momento de nuestra vida, vamos a necesitar cuidar o ser cuidados.
P: Usted defiende un modelo de cuidados de proximidad que permita a las personas mayores permanecer en su entorno habitual. ¿Qué beneficios tiene este modelo para quienes viven en el medio rural?
R: Siempre he defendido que las personas mayores deben tener la posibilidad de seguir viviendo en su hogar y en su pueblo el mayor tiempo posible, siempre que esa sea su voluntad y puedan hacerlo con seguridad y con los apoyos necesarios. Envejecer no debería significar tener que abandonar el lugar donde una persona ha construido toda su vida.
Permanecer en el entorno habitual aporta enormes beneficios. Permite conservar los vínculos con la familia, los vecinos y la comunidad, mantener las rutinas, preservar la autonomía y favorecer el bienestar emocional. Para muchas personas mayores, seguir viviendo en su pueblo también significa seguir sintiéndose parte activa de él.
Pero para que ese modelo sea una realidad necesitamos acercar los cuidados al territorio. No podemos pedir a las personas mayores que abandonen sus pueblos porque allí no existen los servicios que necesitan. Debemos hacer justamente lo contrario: llevar los servicios, los cuidados y la atención sociosanitaria hasta donde viven las personas. Ese es el verdadero reto.
Por eso defiendo un modelo basado en la atención domiciliaria, los servicios de proximidad y unos cuidados de calidad adaptados a la realidad del medio rural, tal y como plantea la Estrategia Europea de Cuidados. No se trata únicamente de atender una necesidad asistencial; se trata de garantizar la autonomía, la dignidad y la libertad de las personas para decidir dónde quieren envejecer.
Porque el éxito de una sociedad no se mide solo por los años que viven sus ciudadanos, sino por la calidad de vida con la que pueden vivir esos años. Y eso también significa poder envejecer en el lugar que uno siente como su hogar.
P: AFAMMER desarrolla iniciativas como Cuida Rural+ e Impulso Mujer Rural. ¿Qué impacto están teniendo estos programas en la lucha contra la soledad y en la mejora de la calidad de vida de las personas mayores?
R: En AFAMMER entendemos que mejorar la calidad de vida de las personas mayores pasa por construir un sistema de cuidados más cercano, más profesional y más humano. Por eso desarrollamos distintos programas que, aunque tienen objetivos específicos, comparten una misma finalidad: que las personas mayores puedan vivir con más autonomía, más apoyo y una mejor atención en el medio rural.
Programas como Cuida Rural+, que desarrollamos gracias al apoyo de la Fundación MAPFRE y cuya tercera edición comenzará próximamente, contribuyen a profesionalizar los cuidados formando a mujeres en atención sociosanitaria. Por su parte, Impulso Mujer Rural favorece su acceso al empleo y al emprendimiento. Al mismo tiempo, iniciativas como Conectad@s que desarrollamos en coordinación con el Grupo Biblu, están dirigidas específicamente a combatir la soledad no deseada a través del acompañamiento y la creación de redes de apoyo.
Lo importante es que todos estos programas forman parte de una misma estrategia. Cuando formamos a mujeres en el ámbito de los cuidados, no solo mejoramos su empleabilidad; también conseguimos que haya más profesionales preparadas para atender a las personas mayores en sus propios pueblos. Y cuando reforzamos las redes de apoyo y el acompañamiento, contribuimos a prevenir el aislamiento y a mejorar el bienestar emocional de quienes viven solos.
En definitiva, invertir en cuidados es invertir en calidad de vida. Cuando una persona mayor puede seguir viviendo en su pueblo, bien atendida y acompañada, gana en autonomía, en bienestar y en dignidad. Y cuando, además, esa atención genera empleo y fija población en el territorio, todos ganamos.
P: Si tuviera que señalar tres políticas prioritarias para garantizar la igualdad de oportunidades y un envejecimiento digno en el medio rural, ¿cuáles serían?
R: Si tuviera que resumirlas en tres grandes prioridades, la primera sería garantizar la igualdad territorial. El lugar donde una persona nace o envejece no puede determinar el acceso a la sanidad, a los servicios sociales, al transporte, a la conectividad o a cualquier otro derecho. Vivir en un pueblo nunca debería significar tener menos oportunidades.
La segunda prioridad sería impulsar un modelo de cuidados más cercano, profesionalizado y adaptado a la realidad del medio rural. Necesitamos desarrollar plenamente la Estrategia Europea de Cuidados, reforzar la atención domiciliaria y los servicios de proximidad, apoyar a quienes cuidan y seguir avanzando en la profesionalización de un sector que será clave en una sociedad cada vez más envejecida. Porque cuidar es una responsabilidad compartida y una inversión de futuro.

Y la tercera sería apostar decididamente por las personas, especialmente por las mujeres rurales y por las personas mayores. Eso significa combatir la soledad no deseada, reducir la brecha digital, promover el envejecimiento activo y reconocer el enorme valor que aportan nuestros mayores a la sociedad. Pero también significa generar empleo, apoyar el emprendimiento y crear oportunidades para que las nuevas generaciones puedan desarrollar su proyecto de vida en el medio rural.
Estoy convencida de que el futuro de nuestros pueblos pasa por situar a las personas en el centro de las políticas públicas. Cuando garantizamos derechos, fortalecemos los cuidados y generamos oportunidades, no solo mejoramos la vida de quienes viven en el medio rural; también construimos una sociedad más cohesionada, más justa y con más futuro.
P: Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a las mujeres mayores que siguen siendo un pilar esencial para el presente y el futuro de nuestros pueblos?
R: Lo primero que me gustaría decirles es gracias. Gracias por toda una vida de esfuerzo, de trabajo y de entrega. Gracias por haber cuidado de vuestras familias, por haber mantenido vivos vuestros pueblos y por haber abierto camino a las generaciones que hemos venido después.
Quiero que sepan que su experiencia importa, que su voz cuenta y que siguen siendo imprescindibles. La sociedad tiene la obligación de reconocer todo lo que han aportado y de garantizar que puedan vivir esta etapa de su vida con dignidad, con autonomía y con las oportunidades que merecen.
También quiero animarlas a seguir participando, a seguir aprendiendo, a formar parte del movimiento asociativo y a compartir todo ese conocimiento que solo dan los años y la experiencia. Las mujeres mayores tienen mucho que enseñar y mucho que aportar. Son un ejemplo de fortaleza, de compromiso y de generosidad.
Y a las mujeres más jóvenes les diría que escuchen a quienes las precedieron. Porque detrás de cada derecho y de cada oportunidad que hoy disfrutamos hay muchas mujeres que trabajaron, muchas veces en silencio, para hacer posible una sociedad más igualitaria.
En AFAMMER siempre decimos que el futuro del medio rural también se construye con la experiencia de nuestras mujeres mayores. Por eso vamos a seguir trabajando para que se sientan escuchadas, acompañadas y protagonistas. Porque cuidar de ellas, reconocerlas y dar continuidad a su legado es también la mejor manera de construir el futuro de nuestros pueblos.
