El Museo de Almería acoge hasta el 15 de marzo la exposición 'Reflejos. Picasso x Barceló', una muestra que reúne piezas de la obra cerámica de ambos artistas en diálogo con varias obras de la colección arqueológica del propio museo. La propuesta ofrece un recorrido artístico que abarca más de 7.000 años de historia y pone en relación la creación contemporánea con la tradición y la innovación.
La muestra plantea un encuentro entre la cerámica de Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) y Barceló (Felanich, 1957) y establece vínculos con piezas arqueológicas del centro museístico para mostrar la continuidad y la evolución de las formas artísticas a lo largo del tiempo, según ha trasladado la Junta de Andalucía en una nota.

'Reflejos. Picasso x Barceló' ofrece una oportunidad excepcional para descubrir, primero en el Museo de Almería, hasta el 15 de marzo de 2026, y posteriormente en el Museo de Cádiz, del 25 de marzo al 28 de junio de 2026, las conexiones entre la obra del artista mallorquín y el legado picassiano, así como con piezas del pasado conservadas en ambos museos.
La peculiaridad de este proyecto expositivo es poner en diálogo a Pablo Picasso y Miquel Barceló a través de uno de los medios artísticos más antiguos y universales: la cerámica.
De este modo, las obras de estos dos creadores contemporáneos se presentan junto a las colecciones arqueológicas de ambos museos, estableciendo un cruce transhistórico en el que prácticas de modelar el barro prehistóricas, antiguas, medievales y de nuestro tiempo, encuentran un espacio común.

La exposición invita asimismo a reconocer en Barceló ese eco constante de Picasso.
'Reflejos. Picasso x Barceló' propone comprender la cerámica como un lenguaje universal que "conecta lo útil y lo trascendente, lo cotidiano y lo simbólico". La exposición subraya la persistencia del barro como materia de memoria y experimentación, y sitúa a ambos artistas dentro de una genealogía mediterránea de creadores que, a lo largo de milenios, han transformado tierra, agua y fuego en arte perdurable.
Para Picasso, la cerámica se convirtió en un laboratorio esencial de ideas tras la Segunda Guerra Mundial. En Vallauris, descubrió en el barro un medio dúctil que le permitió unir pintura, escultura y objeto y transformó platos, jarras y vasijas en cuerpos humanos, seres mitológicos o escenas cotidianas, además de establecer vínculos con las tradiciones alfareras de Andalucía y el Mediterráneo.
Barceló, por su parte, llegó a la cerámica en los años 90, durante su estancia en Malí. Allí aprendió técnicas ancestrales de la comunidad dogón y convirtió un accidente en revelación: la cerámica se convirtió en un territorio de exploración donde lo ritual, lo corporal y lo experimental confluyen.
Sus piezas llevan inscritas las huellas del proceso físico, "convirtiéndose en superficies vivas que conservan la energía del instante".
Esta exposición, patrocinada por la Fundación Unicaja, está comisariada por Miguel López-Remiro, director artístico del Museo Picasso Málaga; Tania Fábrega, directora del Museo de Almería; y Laura Esparragosa, directora del Museo de Cádiz.
Ubicadas en los contextos arqueológicos de Almería y Cádiz, las obras de Picasso y Barceló dialogan con vasijas neolíticas, ánforas fenicias y romanas, lozas islámicas y fragmentos de milenios de historia.
Surgen así resonancias temáticas que atraviesan el tiempo: la figura humana y animal como arquetipos, el fuego como fuerza transformadora, la fragilidad como resistencia y los procesos de fragmentación y recomposición como testimonio del tiempo, así como el mar, alma compartida de estas dos ciudades, que gracias al comercio ha sido cauce de memoria, mestizaje y creación artística entre varias civilizaciones.



