El edadismo, la discriminación que lleva a la soledad
Demuestran que la invisibilización y el aislamiento provoca y aumenta este sentimiento
"A tu edad cómo quieres estar", "Quizá esto no es para tí", "Ya no estás para quejarte"… Todas estas actitudes edadistas, que minan poco a poco la autoestima de los mayores, limitan asimismo su participación en la sociedad y pueden generar aislamiento y acentuar el sentimiento de soledad.
Esta es la principal conclusión que se extrae el Estudio sobre la vinculación entre el edadismo y la soledad. Analizar, sensibilizar y prevenir la discriminación a personas mayores, realizado por Matia Instituto para Grandes Amigos.
Para esta investigación se han realizado 12 entrevistas en profundidad a mayores vinculados a dicha ONG, entre los meses de marzo y abril de 2026, abarcando distintas comunidades autónomas, concretamente Madrid, País Vasco, Extremadura, Cantabria y Galicia. La media de edad de los participantes fue de 81 años.
La presentación de este trabajo ha tenido lugar en la sede del Imserso este miércoles, en un acto, en el que han participado Mercedes Villegas, directora de Grandes Amigos; Agustín Martínez, coordinador de Estudios del Imserso; Silvia Lázaro, miembro del patronato de la Fundación Grandes Amigos; Penélope Castejón y Paula García, investigadoras de Matia Instituto y coautoras del estudio; Alfonso Casana, responsable de Investigación de Grandes Amigos; Raquel del Castillo, directora del programa Hablando en Plata de Atresmedia; Rubén Herranz, técnico de Estudios del Imserso; y José Ángel Palacios, coordinador de Comunicación de Grandes Amigos.
El edadismo a nivel estructural
Según se desprende del estudio de Grandes Amigos, el edadismo operaría como un limitador de la vida en tres niveles: estructural, interpersonal e internalizado.
En primer lugar, esta discriminación se traduce en ciudades con diseños que excluyen a las personas de más edad, pero también en barreras digitales que les aislan o normativas que impiden su participación.
Así lo relata uno de los testimonios recogidos en el estudio, sobre un club de montaña: "A partir de los 75 años no nos quieren en grupos de senderismo por el seguro e incluso la federación. De repente te encuentras con que no tienes con quién. Tienes que andar sola y eso te echa un poco para atrás".
Edadismo interpersonal
Por otro lado, en el ámbito interpersonal, el edadismo se manifiesta a través de la infantilización.
Rosa, una de las entrevistadas –ver vídeo–, ilustra perfectamente el dolor de la invisibilidad institucional cuando en una gestoría se negaron a explicarle un trámite por su edad.
La respuesta que recibió fue: "Mire señora, le voy a decir una cosa. Llévese los papeles, los lee en casa y dígale a su hijo que venga, que yo se lo explicaré".
Ante esto, ella reivindicó su autonomía: "¿Tú sabes los estudios que yo pueda tener para entenderlo o no entenderlo? Yo soy suficiente como para entenderlo".

Autoedadismo
En tercer lugar, el estudio entra a analizar el conocido como autoedadismo, es decir, cuando las personas asimilan la idea de que su valor social ha caducado, provocando dinámicas de autoexclusión.
En ese sentido, detallan, el miedo a ser una carga lleva al retraimiento sistemático y al silenciamiento de las propias necesidades: "Te sientes un estorbo aunque me digan que no lo soy. No quiero joderle la vida a nadie".
Como explica la propia Rosa, "la soledad te acobarda, te vas más acobardado, piensas que la gente no te va a entender, que tú no te vas a saber expresar".
Esta conjunción de factores desencadena lo que Mar, otra de las participantes, define como una desconexión vital absoluta: "Llega la muerte social antes que la biológica".
"Si tú sientes que ya socialmente no aportas nada, pues muere, tu cuerpo va muriendo en vida", comenta.
El peso del género en la vejez
Otro de los aspectos que se investigan en el estudio es el sesgo de género en la relación entre edadismo, aislamiento social y soledad.
Y es que las mujeres enfrentan trayectorias vitales que, a menudo, han estado subordinadas al cuidado familiar, lo que deriva en un empobrecimiento de redes sociales alternativas y en pérdida de oportunidades.
A esto se le suma una inmensa presión estética que liga el valor de la mujer a la belleza juvenil, provocando que el envejecimiento físico se viva con sufrimiento.
El dolor queda reflejado en citas como: "Me veo vieja, fea y depresiva".
Por otro lado, en el caso de los hombres, se detalla, sufren el edadismo predominantemente al abandonar el mercado laboral, experimentando una pérdida brusca del estatus que organizaba su identidad y reconocimiento social.
Discriminación y soledad
Así, teniendo en cuenta todas estas discriminaciones, el estudio revela que el edadismo y la soledad se retroalimentan y esto provoca que cada vez nos sintamos más solos.
La convergencia de esta exclusión impuesta por el entorno social y la autoexclusión provoca una pérdida de propósito y de horizontes vitales que agudiza profundamente la soledad existencial.
Afrontamiento
Frente a todo ello, esta investigación pone en valor estrategias de supervivencia emocional que van desde la adaptación cognitiva hasta la afirmación activa de la autonomía.
La participación en redes comunitarias, el voluntariado y la integración en entidades como Grandes Amigos actúan como escudos protectores, indican.
Estos espacios no sólo combaten el tiempo vacío, sino que restituyen el reconocimiento y la identidad social.
El estudio concluye que no es suficiente con abordar la soledad desde un enfoque asistencial individual: se requieren transformaciones sociales mayores.
Las recomendaciones de Matia Instituto y Grandes Amigos apuntan a la necesidad de implementar políticas públicas inclusivas, rediseñar los espacios urbanos, desarrollar modelos alternativos de convivencia frente a las residencias tradicionales y, fundamentalmente, educar contra el edadismo desde la infancia.
