El emprendedor que creó un dispositivo de IA para ayudar a su abuelo y llegó a Silicon Valley

Está destinado a acompañar a mayores

El emprendedor que creó un dispositivo de IA para ayudar a su abuelo y llegó a Silicon Valley Miia

"Este dispositivo está diseñado para apoyar el cuidado de personas mayores. Es proactivo: inicia conversaciones, acompaña rutinas diarias y convierte momentos pasivos (como escuchar radio) en interacciones activas que fomentan la conversación y la estimulación cognitiva". Así se presenta a sí mismo ATO, un dispositivo de IA pensado para personas mayores. "Está pensado para brindar compañía y tranquilidad a la familia, funciona sin pantallas ni complejidad, y está diseñado para evolucionar en un verdadero asistente de cuidado familiar", añade.

Lo que comenzó como un pequeño experimento familiar para facilitar la comunicación con un abuelo que nunca había querido utilizar un teléfono móvil, se ha convertido en un proyecto tecnológico dirigido a personas mayores que buscan una forma sencilla de relacionarse con la tecnología. Se llama Ato y nació de la mano del argentino Juan Cereigido y su socio, Gaspar Habif, con una finalidad muy concreta: que el abuelo de Juan pudiera utilizar las posibilidades de la inteligencia artificial sin tener que aprender a manejar un smartphone.

La historia comenzó con Roberto Cereigido, conocido familiarmente como Beto o Ato, un hombre que vivía solo en Mar del Plata y que no utilizaba ni teléfono móvil ni WhatsApp. Tras años de escasa comunicación telefónica con su nieto, Juan decidió crear un dispositivo que funcionara exclusivamente mediante la voz. La idea era sencilla: sin pantallas, menús ni configuraciones complicadas; bastaba con hablar.

El prototipo empezó a utilizarse en el entorno familiar, pero un vídeo en el que Roberto interactuaba con el dispositivo comenzó a difundirse en redes sociales. La respuesta sorprendió a sus creadores: numerosas familias se pusieron en contacto con ellos para preguntar cómo podían conseguir una herramienta similar para sus padres o abuelos. Fue entonces cuando aquel experimento personal comenzó a transformarse en un proyecto empresarial.

Un dispositivo pensado para quienes no se manejan con la tecnología

Ato pretende precisamente eliminar algunas de las barreras que encuentran las personas mayores ante la tecnología. El aparato no tiene pantalla y dispone únicamente de una perilla para regular el volumen y un botón físico. Una vez conectado y configurado mediante internet, no necesita estar asociado a un teléfono móvil.

La familia debe proporcionar previamente algunos datos básicos de la persona que lo va a utilizar, como su nombre, intereses, personalidad o información relacionada con sus necesidades. De esta manera, el dispositivo puede personalizar las conversaciones desde el primer momento.

Entre sus funciones están mantener conversaciones, ofrecer información sobre el tiempo, reproducir música o emisoras de radio y recordar medicamentos y citas. También puede iniciar una conversación cuando detecta que ha transcurrido un periodo prolongado sin interacción, con el objetivo de estimular la participación y reducir la sensación de aislamiento.

El proyecto se ha desarrollado además con la colaboración de gerontólogos y diseñadores, que han incorporado dinámicas relacionadas con la memoria, la conversación y los recuerdos. La intención, según sus creadores, no es sustituir las relaciones humanas, sino aportar una herramienta de acompañamiento.

De un abuelo a más de 400 dispositivos

La respuesta al prototipo llevó a Cereigido y Habif a trasladar parte del proyecto a Estados Unidos. Tras participar en un programa de aceleración en Silicon Valley especializado en tecnología aplicada a la salud y el envejecimiento, el dispositivo continuó desarrollándose y probándose con familias reales.

Actualmente hay más de 400 dispositivos funcionando en Argentina, Estados Unidos, España y México, con unas 50 unidades enviadas cada semana, aunque el producto todavía se encuentra en una fase de desarrollo y no corresponde a su versión definitiva.

El dispositivo funciona además en más de 50 idiomas y está dirigido tanto a familias como a residencias y centros de atención a personas mayores. La versión comercial tiene un precio señalado de 179 dólares, al que se añade una suscripción mensual de 29 dólares, según la información que ofrece la propia web del dispositivo. Uno de los aspectos destacados por sus creadores es la privacidad: las conversaciones no se almacenan, ya que el sistema procesa la voz en tiempo real.

Una tecnología que busca combatir la soledad

Más allá de sus características técnicas, la historia de Ato tiene un componente personal especialmente significativo. Roberto, el abuelo que dio nombre al dispositivo, terminó utilizando aquella tecnología durante su último año de vida. Según relata su nieto, las llamadas entre ambos, que antes apenas duraban unos segundos o un minuto, comenzaron a prolongarse durante cinco o diez minutos.

Ese cambio resume buena parte del propósito del proyecto. Ato no nació para sustituir a la familia ni a los profesionales que atienden a las personas mayores, sino para facilitar la conversación y aportar compañía a quienes pasan buena parte del día solos.

Para las personas mayores que tienen dificultades para utilizar teléfonos inteligentes, aplicaciones o pantallas táctiles, una herramienta basada exclusivamente en la voz puede representar una forma más sencilla de acceder a determinados servicios tecnológicos. Y para sus familiares puede ofrecer también cierta tranquilidad, ya que la aplicación asociada al dispositivo permite conocer si ha habido interacción reciente, sin acceder al contenido de las conversaciones.

El equipo trabaja ahora en una versión definitiva que permita fabricar el dispositivo a mayor escala. Pero la idea que está detrás de Ato sigue siendo la misma que llevó a Juan Cereigido a construir aquel primer prototipo para su abuelo: utilizar la inteligencia artificial para acercar, y no para alejar, a las personas de la tecnología.