Estos días hemos visto a Paco Lobatón en Hornachos, Badajoz, atendiendo a la prensa y acompañando a la familia de Francisca Cadenas, después de confirmarse el hallazgo de sus restos en el patio de una vivienda vecina. Como presidente de la Fundación Quien Sabe dónde Global, nunca ha soltado la mano a esta familia, en los nueve años de búsqueda. El histórico periodista es activista en la lucha por las personas desaparecidas y dedica toda su energía a esta causa.
Cada año desaparecen miles de personas. La mitad de los casos se resuelven en los tres primeros días y el 72% quedan resueltos en una semana. Pero no siempre es así. Según el Informe Anual de Personas Desaparecidas 2025 del Ministerio del Interior y los datos del Centro Nacional de Desaparecidos, actualmente hay en España un total de 6.722 personas de las que se desconoce su paradero.
Detrás de cada uno de estos casos hay historias personales, y mucho dolor y sufrimiento. Porque una desaparición comporta incertidumbre, pérdida y la vida de familias enteras puesta en suspenso. Hemos hablado con Paco Lobatón sobre su trabajo en la Fundación Quién sabe dónde global, fundación europea por las personas desaparecidas; el duelo de las familias, el aumento de desapariciones de personas mayores y la reivindicación de una ley integral.
PREGUNTA.- Recientemente se acaba de resolver un caso de desaparición de larga duración, el de Francisca Cadenas, 9 años desaparecida. Ahora queda un largo camino para hacer justicia por su crimen. Pero la desaparición se ha resuelto. ¿Qué supone para la familia este paso, haber hallado los restos de Francisca?
RESPUESTA.- Para la familia Meneses Cadenas, Los tres hijos de Francis, José Antonio, Javier y Diego, y para el propio marido de Francis, Diego, supone el final de una travesía muy dolorosa, muy larga. Han sido nueve años, pero supone un casi recuperar la vida, la la expectativa de vida, aunque ahora de inmediato tengan que pasar por un trance también complicadísimo como es el juicio.
Pero me decía uno de los hijos, José Antonio, "al menos tenemos la posibilidad de ir al juicio con unas pruebas contundentes que hagan que se pueda finalmente establecer qué pasó y hacer justicia con nuestra madre”.
P.- Qué importancia tiene para las familias poner punto y final a la búsqueda, a la incertidumbre?
R.- Llegar a un final es fundamental para las familias de personas desaparecidas y poder así hacer el duelo. Cuando no hay final, no hay duelo. Algunos psicólogos hablan de duelo ambiguo. Pero yo creo que no, no hay ambigüedad que valga. Si no se tiene a la persona, aunque sea a los restos de la persona, no se puede hacer ese ese duelo.
El duelo necesita empadronarse en un lugar concreto al que acudir para llevar flores, para hablar , quien tenga esa pulsión o necesidad; o para rezar, quien se exprese de esa manera. De modo que sí, ese final es el que demanda toda la familia.
Yo lo aprendi de las madres especialmente que entrevisté en los años 80 en el programa ‘Quién sabe dónde’. La primera que me dijo “si al menos supiera dónde llevarle flores”. Y con esa expresión me estaba dando una información de mucho calado, de mucha profundidad, que viene a hablar de hasta qué punto es más grande el dolor de la incertidumbre, que el de una pérdida definitiva. Hablo de la incertidumbre de no saber nada de un ser querido desaparecido, no saber donde está, si está vivo o no…
P.- Citas ‘Quién sabe dónde’. Todos lo recordamos, yo creo que marcó a toda una generación y supuso un auténtico hito en la historia de la televisión. Este programa hizo mucho bien, resolvió casos, y sobre todo planteó un tema sobre el que no sabíamos nada, ¿verdad?
R.- Para mí, ‘Quién sabe dónde’ fue todo un descubrimiento. Yo había realizado distintos trabajos, algunos de relevancia, por ejemplo, presentar el el Telediario de Televisión Española en los años 80, cuando todavía solo había dos cadenas. Cuando llegué a este programa me di cuenta de que yo tampoco sabía nada de las personas desaparecidas. No sabía ni de su magnitud ni de la hondura del sufrimiento que comporta una desaparición, pero casi desde el principio, en las primeras semanas de programa tomé conciencia. Creo que ‘Quién sabe dónde’ a lo largo de su recorrido, el programa duró seis años, hizo visible para la sociedad española esa realidad.
Y a su vez, la sociedad española respondió de una forma maravillosa. Teníamos un equipo muy, muy potente, pero la verdadera fuerza en la resolución de los casos, siete de cada diez, fue la colaboración ciudadana, una audiencia activa que empatizaba con las historias y colaboraba.
P.- Decías que tomaste conciencia sobre el problema de las personas desaparecidas con ‘Quién sabe dónde’. El programa acabó. pero tu compromiso personal, ¿se mantiene y con la misma fuerza?
R.- Conciencia y compromiso para mí son sinónimos. Los casos pasaron para mí a ser una causa. En un libro que escribí por encargo de la Fundación en 2018, expresé que la diferencia entre vivir o simplemente existir es tener una causa. Y para mí esta causa es la causa de las personas desaparecidas con la que me me encontré y que sigo con ella por un principio de deber ciudadano.
Yo no considero que sea un mérito trabajar en esta causa, sino un deber. Lo he hecho por la empatía, no he sabido mirar para otro lado, pero también porque comprobé precisamente a través de aquel programa, que se podían hacer cosas, que se podían conseguir logros, que se podía ayudar.
Con la Fundación hemos continuado esa tarea y se han logrado en los últimos diez años que son los que tiene de vida la Fundación, 11 años ya, creo que cosas muy importantes para las familias de personas desaparecidas.
P.- ¿Qué avances se han logrado gracias al trabajo de la Fundación?
R.- Algo muy valioso, por ejemplo, contar con datos, con estadísticas, que antes no existían. Contar con un Centro Nacional de Personas Desaparecidas, que los protocolos para la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se hayan actualizado; otro logro muy importante es que haya un plan estratégico nacional. Hubo un primer plan en 2022 y ahora estamos en el segundo, que comporta un montón de actuaciones donde no solo interviene el Ministerio del Interior, sino también otros ámbitos de la Administración central.
P.- ¿Qué queda por hacer? ¿Or dónde pasan sus peticiones ahora mismo?
R.- Que se hayan conseguido tantas cosas se explica porque veníamos de una realidad, que era el sufrimiento de las familias, al principio se pusieron en marcha con pequeñas asociaciones y se iban consiguiendo cosas. En particular, InterSOS, que fue la primera asociación en Cataluña promovida por los padres de Cristina Bergua, que lograron que se declarase el 9 de marzo, día en el que desapareció su hija Cristina, como el Día de las personas desaparecidas sin causa aparente.
Posteriormente, en 2013, el Senado se hizo eco de la problemática y convocó una comisión especial que trabajó durante seis meses, e hizo una apelación con un informe muy contundente a la propia administración, a los poderes públicos y a la sociedad civil, para que se cambiaran las cosas, sobre todo en el marco normativo y en el marco jurídico. Y ahí está la gran asignatura que que ahora queremos culminar con una ley específica. Para ello hemos puesto en marcha desde 2016 un borrador de Estatuto de la Persona Desaparecida y ahora se trata de que el Congreso de los Diputados, las Cortes Generales, tramiten como ley integral ese proyecto.
P.- ¿Y qué sensibilidad estáis encontrando? Porque el clima de polarización que vemos en el Parlamento está dificultando mucho sacar adelante cualquier iniciativa
R.- Pues mira, a pesar del clima de polarización y confrontación que hay ante cualquier proposición, hay una experiencia que creo que merece la pena contar y subrayar. Estuve junto a un grupo de familiares de personas desaparecidas en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados el pasado 9 de junio. Todos los grupos políticos allí representados apoyaron nuestra propuesta de Estatuto, como antesala de una ley que debe tramitarse de una forma unánime. Incluso hubo un elogio técnico al texto que les habíamos llevado, con el compromiso final que nosotros expresamos y que ahora se trata de llevar a la práctica, de que fuera tramitado; y si es posible, aprobado dentro de la actual legislatura.
De modo que ahí yo creo que hay una gran oportunidad para que en este caso el Poder Legislativo que nos representa a toda la ciudadanía, tenga un gesto de solidaridad con esta parte de la sociedad, dolida y doliente.
P.- Hacías referencia al Día de las personas desaparecidas sin causa aparente. Lo acabamos de celebrar hace muy poco, el 9 de marzo. En esa jornada, además de plantear vuestras peticiones, como la ley integral, siempre hay algún acto emotivo en el que se reúnen las familias. ¿Qué importancia tiene para ellas conocerse y hacer este tipo de reuniones? ¿Les ayuda a mantener a viva la esperanza?
R.- Sin duda. El primero de los foros de familias que convocamos con la Fundación Quién sabe dónde Global, fue en Úbeda Baeza, en 2015 y allí se generó lo que las familia llaman ‘el espíritu de Úbeda Baeza’. Se generó una comunicación formidable que se ha ido renovando año tras año en los distintos foros. ¿Qué importancia tiene? Nadie como otra familia que vive la experiencia de tener a una persona desaparecida, un ser querido ausente, entiende qué es lo que pasa, qué es lo que les pasa y cómo hacer frente a esa situación.
De modo que ese es el primer aspecto que que da validez a los encuentros, que les da pleno sentido. Pero además, ese encuentro entre ellos ha ido permitiendo elaborar cartas de derechos y demandas, a raíz de las experiencias vividas, dejando constancia de todas las carencias con las que se han ido encontrando, y así pedir la respuesta necesaria, la solución es necesaria.
Ese es el doble valor formidable. Y este año se ha añadido algo simbólico pero de una enorme fuerza, que es que cada familia ha aportado un objeto o prenda que recuerda a su ser querido, que supone un vínculo emocional con la persona desaparecida. Se ha materializado en una instalación artística y la emoción ha sido muy grande. Creo que para las familias ha sido un momento de liberación y una manera generosa de transmitir a la sociedad: “Esto es lo que nos pasa, esto es para lo que reclamamos una mirada y una respuesta de toda la sociedad”.
P.- ¿Puedes hablarnos de la magnitud de las desapariciones en España?
R.- La magnitud de de las desapariciones que ocurren en España sin causa aparente es un dato que afortunadamente ya se puede medir, que se empezó a medir no hace tanto tiempo en 2017. La base de esta estadística es ‘Personas desaparecidas y restos humanos’, PDYRH, porque se conoce por sus siglas. En esta base de datos confluyen todas las informaciones de todos los cuerpos policiales.
Inicialmente Policía Nacional y Guardia Civil, pero ya están presenten las policías autonómicas del País Vasco, Navarra y Cataluña, Ertzaintza, Policía Foral y Mossos d’Esquadra. A partir de esa información se establece una estadística anual y esa estadística nos habla de entre 20.000 y 30.000, según los años. El último año ha sido cerca de 26.000 denuncias de personas desaparecidas.
De esas denuncias la resolución es alta, está en torno al 95%, pero de las que se van quedando sin resolver, casos sin resolver, el último informe apunta a que son casi 7.000, unos 6.700 casos.
Lo que hay que recordar siempre es que detrás de las cifras hay historias humanas y que con independencia de que se resuelva en las primeras semanas o los primeros meses, el hecho mismo de la desaparición genera ese sentimiento de incertidumbre que es absolutamente corrosivo, y que es lo que hay que plantear como una realidad a la que hacer frente. No solo se trata de hacer posible devolver a la persona desaparecida a su entorno familiar y afectivo, sino también evitar este sufrimiento.
P.-Hablemos de desapariciones de personas mayores. En términos absolutos no son la franja de edad donde más desapariciones se producen. Pero están creciendo. ¿Qué hay detrás?
R.- El impacto creciente de las desapariciones en personas mayores de 65 años, casi siempre relacionadas con enfermedades neurodegenerativas, en particular el Alzheimer. En la Fundación convocamos un foro, lo hicimos en la sede del Imserso y ahí se estableció la importancia de dar respuestas inmediatas, porque a diferencia de otro tipo de desapariciones, en las desapariciones de mayores con este tipo de patologías, la prevención es posible y la premisa es tener conciencia del riesgo. Empezamos en 2017 y no hemos dejado de trabajar intentando que la sociedad sea consciente de ese riesgo que va inevitablemente asociado a una enfermedad neurodegenerativa.
Una enfermedad neurodegenerativa comporta una pérdida de referencias espacio temporales, que lleva a una deambulación errante, que a su vez puede llevar a un accidente y puede llevar a una desaparición, en muchas ocasiones con un final triste, dramático, con un final de muerte. Eso es lo que hay que evitar.
P.- Esas desapariciones se pueden prevenir, ¿se pueden salvar vidas?
R.- Se pueden salvar vidas si se toman las medidas correctas y se pueden salvar vidas si la prevención se hace realidad. ¿Y cuál es la prevención necesaria? Policía y Guardia Civil han puesto en marcha a raíz de esas campañas que iniciamos en 2017, alertas específicas de mayores desaparecidos. Y es importante que esas alertas las asuma también la sociedad a través de los medios de comunicación, de forma que se promueva la búsqueda inmediata de la persona desaparecida.
Eso es vital y se les puede encontrar y de hecho se les ha encontrado, afortunadamente en bastantes ocasiones en estos últimos años y se han salvado algunas vidas. Debemos conseguir salvar todas las vidas que puedan estar en riesgo por este motivo.
P.- Hablas de la importancia de actuar de inmediato. Puede que las primeras horas sean especialmente claves en el caso de desapariciones de personas mayores, por su fragilidad. Pero, esa idea de no denunciar hasta pasadas 24 o 48 horas… ¿es un mito, verdad? ¿Es falso?
R.- Si, si, ese mito de las 24 o 48 horas seguramente tiene origen en las series norteamericanas de sucesos. Pero en la realidad es un mito absolutamente proscrito. Y no ya por el movimiento asociativo y por la familia, sino por el Ministerio del Interior, y el Centro Nacional de Desaparecidos que últimamente ha elaborado, distintos vídeos para derribar ese falso mito.
En realidad es un bulo que entorpece, la conciencia de lo que estamos hablando, de la necesidad de una respuesta inmediata. Hasta tal punto es así que la actual directora del Centro Nacional de Personas Desaparecidas, Pilar Muniesa, insiste en la siguiente idea que la ha convertido en un lema: ‘Las primeras horas no solo son las más importantes, son las únicas’.
Sobre el autor:
Beatriz Torija
Beatriz Torija es periodista y documentalista, especializada en información económica. Lleva 20 años contando la actualidad de la economía y los mercados financieros a través de la radio, la televisión y la prensa escrita. Además, cocina y fotografía.