¿Qué puedes hacer si el perro de un vecino ladra constantemente?

La Ley de Propiedad Horizontal permite actuar cuando los ruidos afectan a la convivencia

¿Qué puedes hacer si el perro de un vecino ladra constantemente? Miia

Los ruidos dentro de una comunidad de propietarios pueden convertirse en una fuente habitual de conflictos entre vecinos. Uno de los casos que más problemas puede generar es el de un perro que ladra de manera reiterada, especialmente cuando el ruido interfiere en el descanso del resto de personas que viven en el edificio.

En este caso, la Ley de Propiedad Horizontal establece diferentes mecanismos para poder abordarlo. Entre ellos se encuentra el artículo 6, que permite a las comunidades establecer determinadas normas destinadas a organizar la convivencia y regular el uso de los inmuebles, siempre que se respeten los límites establecidos por la legislación.

De esta forma, los estatutos de una comunidad pueden recoger determinadas reglas relacionadas con los ruidos, la presencia de animales o aquellas conductas que puedan resultar perjudiciales para el resto de propietarios. Si un vecino incumple estas normas y mantiene una actividad que genera molestias, la comunidad puede utilizarlas como base para reclamar que ponga fin a esa situación.

 

La LPH lo aclara: ¿qué puedes hacer si el perro de un vecino ladra constantemente?

La ley contempla las actividades molestas

Sin embargo, el artículo 6 no es la única referencia legal para abordar un problema de estas características. La propia Ley de Propiedad Horizontal contempla en su artículo 7.2 las actividades “molestas, insalubres o perturbadoras”, dentro de las que pueden incluirse ciertos ruidos cuando se producen de forma reiterada y superan los niveles habituales de tolerancia en una vivienda.

Antes de llegar a los tribunales, lo habitual es intentar solucionar el problema a través del diálogo. El vecino afectado por el ruido puede comunicar al propietario del animal las molestias que están provocando los ladridos y solicitar que adopte las medidas necesarias para evitar que continúen.

Si el problema continúa, el presidente de la comunidad, con la autorización de la junta de propietarios, puede realizar un requerimiento formal para que cese la conducta que está afectando a la convivencia.

Qué ocurre si los ladridos continúan

Cuando las vías amistosas y los requerimientos no logran solucionar el problema, la comunidad puede valorar la posibilidad de emprender acciones legales. En estos casos, no basta únicamente con demostrar que el perro ladra, sino que pueden tenerse en cuenta diferentes circunstancias para determinar si existe una molestia relevante.

Entre los elementos que pueden adquirir importancia están la frecuencia de los ladridos, su duración e intensidad, posibles denuncias anteriores, informes acústicos y el cumplimiento o incumplimiento de las normas de la propia comunidad.

En ese sentido, cuando los ladridos de un perro se producen de manera reiterada y terminan afectando al descanso de otros residentes, existen diferentes herramientas para intentar solucionar el problema. Lo recomendable es comenzar por el diálogo y, si las molestias persisten, recurrir progresivamente a los mecanismos previstos por la normativa.