Las dramáticas consecuencias de cuidar en soledad para la salud mental de la mujer sénior
La sobrecarga en los cuidados genera mayor riesgo de sufrir depresión
El cuidado informal o familiar de las personas con dependencia, que muchas veces se realiza en soledad y con poca ayuda por parte de la administración, tiene una especial afectación emocional en los mayores que se dedican a esta tarea y, en particular, en las mujeres sénior.
Esta es una de las principales conclusiones que se extraen de un estudio, liderado desde el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y publicado en la revista International Psychogeriatrics, que analiza el impacto de esta labor en su salud mental.
El equipo investigador analizó datos de 3.482 participantes de 50 o más años durante una década (2011-2022) procedentes de la encuesta europea SHARE. La edad media fue de 67,8 años en el conjunto global y de 71,2, en el grupo específico de personas cuidadoras.
En concreto, el trabajo midió cómo evolucionan los síntomas depresivos a lo largo del tiempo entre quienes asumen el apoyo y quienes no lo hacen. Los hallazgos revelan una importante brecha inicial en el estado emocional: desde el comienzo del estudio, los cuidadores informales mostraban niveles sensiblemente más altos que quienes no realizaban este tipo de tareas.

Brecha de género
Ahora bien, este impacto no se traduce por igual si se analiza por sexo, la sobrecarga psicológica es muy superior en las mujeres, con una puntuación media de 4,5 puntos, frente a 2,6 en los hombres. En particular, el 62% de las cuidadoras presentaba síntomas de depresión clínica, prácticamente duplicando la tasa registrada entre los varones.
Además, al analizar la evolución durante diez años, se constataron dos trayectorias contrapuestas. En los hombres, el impacto se concentra al comienzo y posteriormente tiende a estabilizarse. En cambio, en la población femenina el deterioro es acumulativo: la sintomatología aumenta de forma progresiva, alcanzando sus niveles más graves en las fases más avanzadas.

Por qué se produce esta diferencia
El estudio interpreta el desgaste diferencial por la desigualdad en el tipo de tareas, las expectativas sociales y la interiorización de la labor. "Estos hallazgos subrayan la necesidad de brindar mayor apoyo a los cuidadores informales y de implementar intervenciones de salud pública que aborden las disparidades relacionadas con el sexo en la salud mental de los cuidadores mayores", concluyen.
Gema Pérez, psicóloga, catedrática de la Universidad CEU San Pablo y codirectora de la Cátedra Buen Trato a Personas Mayores de Fundación DomusVi y Universidad CEU San Pablo, comparte que las cuidadoras "presentan de forma consistente mayores prevalencias absolutas de malestar psicológico y de sobrecarga intensa en comparación con los hombres" y confirma que "esta brecha es el resultado de condicionantes estructurales de género y de la tipología de tareas asignadas, no de una mayor vulnerabilidad biológica individual".
En esa línea, detalla que las mujeres realizan "tareas de cuidado íntimo y personal directo" –que conllevan una "interrupción severa de las rutinas cotidianas y un mayor desgaste emocional"–, frente a las instrumentales o de gestión, habituales en los hombres.
A esto se añade que las cuidadoras sénior pueden proporcionar atención, al mismo tiempo, al cónyuge, a los nietos y asistir "a progenitores centenarios". Y todo ello, se sobrepone a una trayectoria previa de "trabajo doméstico no remunerado e invisibilizado". Igualmente, la asunción de esta responsabilidad como un "deber moral o familiar" dificulta la búsqueda de auxilio profesional y desemboca en un "aislamiento social" que merma el "apoyo social percibido" y el bienestar psicológico.
En el caso de los varones, puntualiza, el deterioro puede resultar "más acusado cuando experimentan picos repentinos de demanda, debido a la falta de socialización previa en el rol de cuidador".

Para corregir esta realidad, la catedrática defiende la necesidad de "aumentar la intensidad y agilidad de la cobertura pública, especialmente en Servicios de Ayuda a Domicilio (SAD) y Centros de Día", reduciendo la carga no profesionalizada. Propone articular "recursos de descanso temporal flexibles y libres de estigma que garanticen que las mujeres cuidadoras dispongan de tiempos efectivos para el autocuidado", combinados con programas grupales centrados en el "manejo de la sobrecarga" y la "reestructuración de exigencias autoimpuestas". Y, finalmente, aboga por "fomentar la implicación activa de otros miembros varones de la familia en las tareas de cuidado directo e íntimo", con el fin de transformar la dinámica sociocultural que delega estas funciones de forma casi exclusiva en la mujer.
En declaraciones a 65YMÁS, la Premio Nacional de Sociología María Ángeles Durán recuerda que todas las personas que asumen grandes responsabilidades de cuidado padecen una inevitable sobrecarga física y emocional, viéndose obligadas a sacar fuerzas aunque no las tengan por falta de alternativas. Y detalla que factores como el agotamiento acumulado, el pesimismo, la falta de tiempo para el autocuidado, las dificultades económicas y el aislamiento social inciden negativamente en su salud mental. Para Durán, la única contrapartida positiva que perciben es la sensación de sentirse útiles y el cumplimiento de una "ética del sacrificio o de la secundariedad" que la sociedad impone culturalmente, de manera muy especial sobre las mujeres.
