Javier Serra, bailarín a los 60 años: "Ojalá lo hubiese hecho antes, el baile me llena de vida"

El CEO de IdenCity e IDDIGO asegura que le ha ayudado a desarrollarse "personal y profesionalmente"

Miia

Javier Serra es CEO de IdenCity e IDDIGO y desde hace un tiempo se define a sí mismo como 'urban dancer'. Serra es el ejemplo de que nunca es tarde para empezar a hacer aquello que siempre has querido y que, por unos motivos u otros, no lo hizo hasta que cumplió 60 años y pasó la pandemia: "O lo hago ahora o prácticamente no podré hacerlo", nos cuenta en una entrevista a 65YMÁS.

A lo largo de la entrevista, Serra nos cuenta cómo, lejos de encontrarse con miradas discriminatorias por la edad, siente que "tengo una familia. Una familia en la que yo soy, salvo alguna excepción, el más mayor".

 

Javier Serra, bailarín a los 60 años: "Ojalá lo hubiese hecho antes; el baile me llena de vida"

 

PREGUNTA: ¿Qué te impulsó a dar este paso y cómo ha sido integrarte como uno más en un entorno en teoría tan ajeno a tu generación?

RESPUESTA: Todo fue una decisión fruto de una sacudida personal y profesional por el COVID. Personalmente, a todos nos afectó en gran medida, y al poco que nos dejaron salir, siempre había una ambición de hacer más cosas. Pero profesionalmente también fue duro; por ser empresario tuve que pedir préstamos, etcétera, para retomar la situación. Ante esto, me acuerdo perfectamente de que salí en Barcelona por la Barceloneta y, de todas las actividades que vi que podía hacer, de repente sentí esa espinita clavada que había tenido toda mi vida, que era el bailar, y dije: "O lo hago ahora o prácticamente no podré hacerlo". Tuve ese empujón de exigencia vital de decir: "Ahora lo hago". Vi a un grupo de chicas bailando, me quedé una hora bailando con ellas y decidí apuntarme.

A partir de ahí vi una academia cerca de casa, entré y me metí en una rueda que cada vez me llenaba más, me gustaba más y me ayudaba a desarrollarme personal y profesionalmente, y ya no he parado. En la escuela Dance Emotion de Barcelona, que tiene varios centros, tuve mucha suerte porque la capacidad de integración es muy grande y desde el primer momento me he sentido dentro de una familia.

P: ¿Has sentido alguna vez que existen prejuicios o barreras hacia las personas que empiezan a bailar más tarde o que no encajan en el perfil habitual?

R: Yo, en este caso, he tenido mucha suerte. Sé que hay escuelas con unos niveles en los que nunca te van a dejar entrar, ya sea por edad o por nivel. Pero también soy conocedor de que, hablando de baile urbano —que es un poco más exigente a nivel de movimientos—, cada vez hay más escuelas que aceptan e integran con diferentes grados, adaptándose a las posibilidades de cada uno para permitir ese desarrollo. Salvo alguna mirada puntual de sorpresa de alguna chica o chico joven como diciendo "¿qué haces tú aquí?", yo bailo con cientos de jóvenes y lo único que he recibido ha sido amabilidad e inspiración.

P: ¿Crees que existe edadismo en el mundo del baile o en las redes sociales? ¿En qué situaciones lo has percibido?

 

 

R: Yo no lo he notado. Es verdad que hubo un periodo de tres meses en el que fui a una academia donde, por edad, solo podía inscribirme en una clase concreta; creo que se llamaba "Clase Sénior". Estaba muy bien, pero me imposibilitaba tener variedad. Yo hago house, hago hip-hop, hago reguetón, hago lo que en ese momento me apetece hacer, y esa flexibilidad para elegir lo que quieras creo que se está expandiendo cada vez más.

P: ¿Cómo es la dinámica de entrenamiento con tus profesores y qué supone para ti compartir ese espacio y ese nivel de exigencia con personas mucho más jóvenes?

R: Cuando voy a bailar, siento que tengo una familia. Una familia en la que yo soy, salvo alguna excepción, el más mayor; pero desde el momento en que entro ahí, tengo 25 años. Y no porque yo quiera tener 25 años, sino porque estoy rodeado de 20 personas que tienen 25 años. Yo me digo: "Pues soy uno más de ellos", y ellos me ven igual. Desde el primer momento me tratan con un cariño enorme y soy uno más, absolutamente uno más.

P: Desde tu experiencia, ¿qué beneficios te está aportando el baile a nivel físico, emocional y personal?

R: Físicamente siempre he hecho deporte y he estado bien, pero el mayor beneficio que le veo al baile, de largo, es la capacidad de desarrollar la memoria. Hay que tener en cuenta que cada clase dura una hora y es una coreografía nueva: estás media hora en la que te la explican y media hora practicándola. Cuando tienes 25 años, lo chupas y lo observas con una facilidad tremenda, pero cuando tienes 60, tienes que levantar la mano para que te lo repitan. Yo lo he hecho, me lo repiten, pero me doy cuenta de que cada vez tienen que repetirme menos las cosas porque lo voy asimilando, y mi capacidad de memorización es cada vez más grande.

P: ¿Por qué crees que ha chocado y conectado tanto ver a un perfil sénior con una exigencia física y técnica tan real dentro del baile urbano?

 

 

R: Para mí fue toda una sorpresa. En el último festival de verano salí del teatro y, de repente, vi que todo el mundo me empezaba a aplaudir y a decir: "¡Qué maravilla, qué maravilla!" Me di cuenta de que era por la relación entre la edad y el tipo de baile, y me empezaron a comentar que tendría que publicar algo en redes sociales para ver qué recorrido tenía. Lo hice y me he quedado abrumado. Hay una combinación entre la inspiración que genera a los séniors para empezar a bailar y la cantidad de jóvenes a los que les llena saber que les quedan 40 años por delante para seguir disfrutando del baile.

P: ¿Qué papel pueden tener las redes sociales para cambiar la imagen que tenemos sobre el envejecimiento?

R: Yo creo que sí sirven. Una de las frases que más utilizo a la hora de contestar a los comentarios es que "cada vez somos más". Son muchas las experiencias de gente de 55 o 63 años que baila con chicos jóvenes, y me estoy dando cuenta de que realmente estoy inspirando de forma positiva a muchísima gente de todas partes y de edades muy diversas, simplemente exponiendo lo mucho que disfruto.

P: ¿Cómo estás viviendo el interés que despierta tu perfil y la oportunidad de conectar con personas y marcas que buscan una visión diferente de la edad?

R: Con muchísima naturalidad y con muchísima ilusión. Por suerte, tengo ya una carrera profesional, un desgaste y unas tablas que te hacen tener siempre los pies en el suelo. Pero poder poner una patita en un proyecto más creativo, en un concepto más artístico, me hace muchísima ilusión, y me llevará encantado a donde tenga que llevarme.

P: ¿Qué le dirías a una persona de 60, 70 u 80 años que siempre quiso bailar, pero piensa que ya es tarde?

 

 

R: Lógicamente, que lo haga, que lo haga sin dudarlo. Hay dos frases que me gustan mucho y que para mí son muy potentes: una es "yo bailo cada día", que parece una tontería, pero creo que todos deberíamos hacerlo. Y la otra es "lo he hecho", es decir, no dejar en el tintero una cosa que siempre te ha hecho ilusión. No es tan complicado: es ir a un sitio, empezar a bailar, soltar las piernas, soltar el cuerpo y disfrutar.

P: Si tuvieras que resumir en una frase lo que el baile te ha enseñado sobre la vida y la edad, ¿cuál sería?

R: Esta me va a costar... No sé si es lo que me ha enseñado, pero lo que sí pienso muchas veces es: "Ojalá lo hubiese hecho antes". No lo pienso desde un punto de vista negativo, sino como una reflexión al compaginar la felicidad que me aporta con el esfuerzo que me requiere. Quizá lo dejé en su día por contextos sociales antiguos en los que pensabas que esto no era para ti, o que no tocaba, o por el "qué dirán".

P: ¿Dónde puede la comunidad de 65YMÁS seguir tu día a día, ver los entrenamientos y estar al tanto de los próximos vídeos?

R: En Instagram —a TikTok no llego, no me da el tiempo— en @javierserragallego. Ahí voy publicando tanto los bailes definitivos de los festivales como los ensayos diarios, donde se ve el esfuerzo y la convivencia del día a día con mis compañeros y compañeras, que merece mucho la pena.