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Los súper quieren acabar con los tickets en papel: mayores y expertos, en contra

Marta Jurado

Foto: Europa Press/Big Stock

Sábado 4 de abril de 2026

11 minutos

Alertan de los riesgos de eliminar la obligación de imprimirlos: brecha digital y exclusión sénior

Los súper quieren acabar con los tickets en papel: mayores y expertos, en contra
Marta Jurado

Foto: Europa Press/Big Stock

Sábado 4 de abril de 2026

11 minutos

¿Desaparecerán los tickets de compra en papel de los supermercados? Esta es una de las preguntas en el punto de mira en materia de consumo después de que la patronal de supermercados haya propuesto modificar la normativa que obliga a imprimir el ticket de compra por defecto. La Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas), que integra a grandes cadenas como Lidl, Dia, Aldi, Ahorramás, Consum o Spar, ha hecho una petición formal al Gobierno para "cambiar la normativa que obliga a imprimir siempre el ticket en supermercados y optar por mantener el justificante fiscal digital y solo imprimirlo si el cliente lo pide", señalan desde la patronal.

Esta propuesta, sugerida hace unas semanas por Asedas, ha despertado una profunda inquietud entre mayores y expertos. Aunque la patronal de supermercados lo presenta como una medida "ecológica y modernizadora para ahorrar papel", académicos, asociaciones de mayores y de consumidores o el impulsor de 'Soy Mayor, pero no idiota', Carlos San Juan, alertan de que puede conllevar riesgos de exclusión digital, pérdida de privacidad y vulneración de derechos para muchos consumidores, especialmente para las personas mayores que no quieran o no puedan optar por la vía digital. Además, advierten del peligro de que pedir el ticket en papel se convierta en un acto "estigmatizante", que genere vergüenza o mayores trabas al cliente que lo pida.

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¿Qué ha motivado la propuesta?

Tal como explican a 65YMÁS desde la patronal Asedas, se trata de una medida motivada por el ahorro de papel, en línea con lo que han hecho países como Francia, Países Bajos o Suiza. "En España hemos constatado que, aproximadamente, un tercio de los tickets de compra se abandonan en la línea de caja o terminan en las papeleras disponibles en las tiendas o en los aparcamientos; esto es así especialmente en compras de menos de 50 euros -hasta 25 artículos aproximadamente-. La medida tendría, sobre todo, un impacto medioambiental enormemente positivo", aseguran, señalando que en España se emiten anualmente cientos de millones de tickets, lo que supone el consumo de 4.500 toneladas de papel.

Según explican desde la patronal de supermercados, la impresión del ticket dependería exclusivamente de la voluntad o demanda del consumidor. "No se trata de eliminar el papel obligatoriamente, sino de evitar su impresión sistemática cuando no se desea", justifican. Y defienden que el sistema propuesto "dejaría de imprimir el ticket automáticamente tras el pago para ofrecer tres opciones: "no deseo ticket", "quiero el ticket en papel" o "prefiero ticket digital". Esto se podría gestionar mediante una pregunta verbal del cajero o a través de una pantalla en el terminal de venta donde el cliente elija su preferencia", señalan. "Los que prefieran ticket digital ya disponen de él en la mayor parte de los comercios, pero para eso tienen que facilitar su dirección electrónica", explican.

Inquietud entre muchos mayores

En la calle hay opiniones divididas ante esta propuesta. Aunque hay mayores que celebran la medida y consideran que "era necesaria desde hace tiempo", otros recelan de sus posibles efectos y motivaciones. "Lo de las bolsas de plástico también era por sostenibilidad y luego las hemos acabado pagando extra..." se queja Manuela, de 69 años, preguntada por 65YMÁS a la salida de un supermercado. La mayoría sostiene que "prefiere tener en sus manos el ticket en papel", para poder descartar posibles errores en el cobro, y muestran dudas sobre cómo será el acceso al ticket digital.

El presidente de la Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP), Jesús Norberto Fernández, alerta de que "el requisito de aportar datos personales, como el correo electrónico para recibir el ticket o bajarse una app de supermercado, puede suponer un riesgo añadido, especialmente en un contexto de creciente ciberfraude y estafas". Desde la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) reivindican el ticket físico como "una herramienta cotidiana de control del gasto, autonomía y seguridad", y concluyen que "la digitalización debe sumar, no sustituir".

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Carlos San Juan: "Excusa para ahorrar, que nos excluye"

También Carlos San Juan, impulsor del movimiento Soy Mayor, no idiota, ha mostrado su indignación ante lo que considera una maniobra empresarial. "Bajo la excusa o el paraguas de la sostenibilidad, pues se están cometiendo muchas irregularidades o por lo menos intentos en el aspecto de darle distintas oportunidades a las personas según sus capacidades", denuncia. Para San Juan, el pretexto ecológico es falso y esconde recortes de personal y recursos. "Esto es una excusa de mal pagador. Esto significa que lo que quieren es ahorrarse en impresoras, ahorrar la persona que compra el papel, ahorrar la persona que tiene que hacer el ticket a costa de excluir a consumidores vulnerables, entre los que puede haber muchos mayores, pero no solo".

Por su parte, Carlos Pérez Lloréns fundador de la asociación para la inclusión digital de mayores, SeniorTicsostiene que detrás de esta propuesta puede esconderse el deseo de "forzar" a los clientes a usar aplicaciones móviles y ceder sus correos electrónicos, lo que supone un "lucrativo negocio". "Esos datos que los usuarios no valoramos, son los que verdaderamente valoran ellos y son por los que ganan el dinero", advierte. Alerta de que el rastreo de compras elimina la privacidad. Ante este escenario, defiende firmemente "el derecho a no tener que tener móvil o ceder tus datos".

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Expertos los ven como una medida "edadista"

Por su parte, Vanesa Morente, profesora de Derecho de Comillas ICADE (@UCOMILLAS), señala que la medida en sí, –reducir el uso de papel y minimizar residuos— le parece "razonable", pero duda que pueda imponerse como obligación general a corto plazo por el cambio legislativo que supone, regulado actualmente por el art. 63.3 del TRLGDCU (RDL 1/2007). Además, advierte de que "podría tener un efecto edadista si esta medida elimina en la práctica el soporte papel". Recuerda que la ley actual reconoce el derecho a recibir el ticket físico, y que forzar el formato digital "podría colocar a la persona mayor en una situación de desventaja, y podría fomentar indirectamente una dependencia innecesaria para algo tan cotidiano como obtener y conservar un ticket de compra". Para Morente, cualquier cambio debe plantearse como "una implantación híbrida y gradual" para proteger a los más vulnerables y evitar la brecha digital.

Desde la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Mireia Fernández-Ardèvol, experta en Comunicación y edadismo, subraya que la propuesta "puede resultar edadista, si la medida se aplica asumiendo que todo el mundo puede y quiere usar su móvil o mail cuando va de compras". Advierte de que convertir la opción digital en la norma por defecto generará fricciones en las cajas, provocando "colas, miradas de desaprobación, explicaciones" para quienes sigan pidiendo el recibo tradicional. Por ello, exige que la opción en papel "debe seguir siendo simple e inmediata. Sin penalización".

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El riesgo de los datos o la vergüenza de pedir el ticket

La antropólgoa Charo Otegui, profesora de la Universidad Complutense de Madrid (@unicomplutense) y patrona de la plataforma proedad Helpage es aún más tajante y califica la propuesta de la patronal de supermercados de "green washing". La experta argumenta que el fin real de las grandes superficies "no es el ecologismo, sino el ahorro de costes laborales y la obtención de datos para marketing", en la misma línea que denuncia el fundador de SeniorTic. Por otro lado, Otegui, denuncia que forzar a usar aplicaciones digitales o dar el correo electrónico permite a las empresas usar esos datos para "hacerte publicidad encubierta" y obtener información clave sobre consumo.

Para la experta, es inaceptable que el supermercado deje de emitir el ticket por defecto y obligue al consumidor a exigirlo de forma explícita. Además, destaca la importancia del papel para los mayores, quienes "cogen su ticket y miran que esté todo bien" para evitar posibles errores en el cobro. En la misma línea opina Carlos San Juan. "Esto empieza así, pero luego harán una caja distinta para los que deseemos en papel el ticket. Nos pondrán una cola grande porque será la menos atendida y nos pondrán 250.000 pegas". Por su parte, Morente sugiere que se opte por "opciones técnicas relativamente sencillas como, por ejemplo, mostrar un código QR en pantalla o realizar una descarga puntual, manteniendo el ticket en papel", además de garantizar que el acto de pedir el ticket en papel "no suponga trabas ni estigmatización para las personas que lo quieran solicitar, sean o no personas mayores". 

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Asociaciones de consumidores defienden que sea voluntario

Las asociaciones de consumidores consultadas advierten también de posibles vulneraciones legales. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) califica imponer trabas al papel de "actuación discriminatoria contra personas consumidoras vulnerables", recordando que "la eliminación del ticket en papel debería ser voluntario para el consumidor, no obligatorio ni impuesto por el supermercado".

Desde la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU) añaden que "existen colectivos con dificultades para utilizar medios digitales" y advierten de que eliminar el papel automático "puede dificultar la prueba de la relación contractual y colocar en una posición de inferioridad a personas consumidoras vulnerables". En definitiva, una transición ecológica mal entendida no puede servir de coartada para mermar los derechos de los consumidores sénior.

Sobre el autor:

Marta Jurado

Marta Jurado

Marta Jurado es periodista especializada en Sociedad, Economía, Cultura, Política y redactora en el diario digital 65Ymás desde sus inicios. Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III y en Filología Inglesa por la UNED, ha trabajado en medios de tirada nacional como El Mundo Público y las revistas Cambio16 y Energía16. Tiene además experiencia en comunicación corporativa de empresas e instituciones como BBVA o INJUVE.

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