Cine

¿Por qué es necesario ver 'Cafarnaúm', la última película de Nadine Labaki?

Marco Herrera

Domingo 3 de marzo de 2019

3 minutos

La cineasta libanesa nos muestra el verdadero drama de los niños en ciertas partes del mundo

Zain Al Rafeea in Cafarnaúm (2018) (Boo Pictures Clandestino Films)

Tal vez a algunos les haya empezado a sonar en las últimas semanas este duro retrato sobre las vidas más frágiles olvidadas en la pobreza, y puede ser que su nominación al Oscar como Mejor Película de Habla No Inglesa haya sido el motivo, aunque también es posible que sea debido a su reciente estreno y a su siempre comprometida directora. Cuando Nadine Labaki se reunió con los niños que inspiran la película –los cuales viven en la extrema pobreza– la mayoría de ellos estaban enfadados por el hecho de seguir vivos; Cafarnaúm (2018) comienza con un niño de 12 años que ha demandado a sus padres por traerlo al mundo, la cual es una excelente premisa para poner toda nuestra atención en el drama que muchos niños viven a diario en zonas de conflicto.

Desheredados

Cafarnaúm, que significa "caos", cuenta la historia de ese niño: Zain, un pequeño desnutrido que huye de su familia después de que su hermana Sahar, de 11 años, se case con el propietario de una tienda local. Como sus padres explican más tarde en un relato estremecedor, pensaron que al menos de esta manera la niña tendría una cama, algo que le faltaba en el miserable y abarrotado apartamento en el que sobrevive la familia. Solo, Zain deambula por las calles de Beirut y finalmente se encuentra con una amable trabajadora, Rahil, que limpia en un parque de atracciones, se apiada de él y lo lleva a su casa. Zain le devuelve el favor cuidando a su hijo, Yonas, un niño que tuvo fuera del matrimonio y cuya existencia esconde del mundo, llevándolo a trabajar con ella en una maleta con ruedas que guarda en el baño mientras lo limpia.

Zain Al Rafeea and Boluwatife Treasure Bankole in Capharnaüm (2018) (Boo Pictures Clandestino Films)

Rahil también vive una vida oculta; como inmigrante sin papeles, su presencia en Beirut es delicada. Si la atrapan, es probable que la detengan o la envíen a Etiopía. Labaki nos hace ver escenas desgarradoras de Zain agarrando el cuerpo de Yonas, apenas capaz de mantenerse al margen de él mientras marchan por las autopistas y los mercados llenos de gente, intentando vender ollas y sartenes viejas y maltratadas que ha rescatado de la casa de Rahil. La lucha diaria de Zain y Yonas toma proporciones de vida o muerte cada vez que cruzan una calle. 

Este relato es aún más extraordinario y necesario si se considera el proceso de Labaki; en lugar de escribir un guión completamente trazado desde el principio hasta el final, la cineasta libanesa armó su historia basándose en la investigación que llevó a cabo, "los cinturones de miseria que rodean nuestras ciudades".

Muchos de sus actores son personas reales que fueron viviendo en situaciones similares a las que ella representa en pantalla. La actriz que interpreta a Rahil, Yordanos Shiferaw, una inmigrante, fue, de hecho, detenida durante un tiempo durante el rodaje de la película, al igual que su personaje. Los padres del niño que interpreta a Yonas también sufrieron detenciones. La bebé, una niña llamada Boluwatife Treasure Bankole, vivía con miembros de la tripulación hasta que sus padres fueron liberados, contó Labaki.

Implicación de la directora

La escritura y la investigación sucedieron al mismo tiempo, cuenta Labaki: cuanto más aprendía de las personas que conocía que vivían en esta pobreza extrema, más se desarrollaba su historia. Algunas escenas realmente notables en Cafarnaúm fueron filmadas en un lugar infernal que se convirtió en un centro de detención, una prisión de la vida real a la que Labaki dice que tuvo acceso a través de mucha persistencia, pero también consiguiendo aliados en el interior; ella les dijo que si alguna vez querían que algo cambiara, tenían que mostrarle al mundo los horrores que estaban sucediendo (la prisión se ha cerrado desde entonces). La película también se infiltró en la vida de Labaki. A mitad de camino en la producción, con el dinero agotado, su marido, que trabajó como productor en la película, hipotecó su casa sin decírselo. 

La película y la propia directora extienden una profunda compasión por las vidas miserables que muestra. Algunos personajes de esta película hacen cosas terribles: venden a sus hijos a la esclavitud moderna, los insultan duramente y, en cambio, el enfoque del film a veces es amable con ellos. "No sé nada mejor", dice el padre de Zain a la defensiva en un momento dado. "¿Sabes lo que es alimentar a tu hijo con azúcar y hielo?", le pregunta su madre a quienes la cuestionan. Es difícil soportar estos alegatos de defensa habiendo visto los crímenes que estos padres han cometido contra sus hijos, y sin embargo, es difícil no sentir que son tan víctimas del sistema como esos niños.

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