Envejecer con ikigai: propósito y vida

Envejecer con ikigai: propósito y vida Miia

Los sueños, intereses o proyectos continúan a pesar de que se envejezca. La etapa sénior puede convertirse en una oportunidad para redescubrir aquello que da sentido a la vida. En este contexto, el concepto japonés de ikigai ofrece una interesante perspectiva, la búsqueda de aquello que nos hace sentir que merece la pena levantarnos cada mañana.

Dicho término puede entenderse como "razón de ser" o "razón para vivir". Aunque en Occidente se ha popularizado como la intersección entre lo que nos gusta, lo que sabemos hacer, lo que puede aportar algo a los demás y aquello por lo que podemos obtener una recompensa, su significado japonés es más amplio. Se relaciona con encontrar pequeñas y grandes razones que aportan satisfacción y sentido a la existencia cotidiana.

La jubilación supone un cambio profundo. Durante décadas, el trabajo puede haber proporcionado estructura, relaciones sociales, reconocimiento y objetivos. Cuando desaparece esa rutina, algunas personas experimentan una sensación de vacío o pérdida de identidad.

El ikigai puede ayudar a afrontar esta transición desde una perspectiva diferente. No se trata necesariamente de encontrar una nueva profesión ni de emprender grandes proyectos. El propósito puede encontrarse en actividades sencillas: cuidar un jardín, aprender un idioma, cocinar para la familia, participar en una asociación, practicar una afición, acompañar a otras personas o transmitir conocimientos a las generaciones más jóvenes.

La clave está en descubrir qué actividades hacen que la persona se sienta útil, conectada y satisfecha.

Para explorar el propio propósito pueden plantearse cuatro preguntas:

  • ¿Qué me gusta hacer?
  • ¿Qué sé hacer bien?
  • ¿Qué puedo aportar a otras personas?
  • ¿Qué me hace sentir realizado?

Buscar un propósito puede favorecer un envejecimiento más activo. Cuando existen objetivos personales, es más probable que mantengamos rutinas, relaciones sociales y actividades que estimulen tanto el cuerpo como la mente.

Además, tener proyectos puede ayudar a combatir la monotonía. Estos proyectos no tienen que ser ambiciosos: aprender a utilizar una nueva tecnología, empezar a hacer ejercicio, asistir a un taller, recuperar una antigua afición o planificar un viaje pueden convertirse en pequeños motores de motivación.

El objetivo no es mantenerse ocupado constantemente, sino hacer cosas que tengan significado para uno mismo.

Uno de los aspectos más valiosos del modelo en la etapa sénior es recuperar o reforzar la sensación de utilidad. Después de la jubilación, algunas personas sienten que la sociedad ya no necesita sus conocimientos. Sin embargo, la experiencia acumulada constituye un patrimonio que puede beneficiar a familias, comunidades y generaciones futuras.

El acompañamiento de jóvenes, el voluntariado, la participación en asociaciones vecinales o culturales y la transmisión de historias familiares son formas de mantener ese vínculo con los demás.

Sentirse necesario no significa asumir obligaciones permanentes. Significa percibir que nuestras capacidades, nuestra presencia y nuestra experiencia siguen teniendo valor.

No existe un único modelo. Para algunas personas estará relacionado con la familia; para otras, con la creatividad, la naturaleza, la espiritualidad, la amistad, el aprendizaje o el servicio a la comunidad.

También puede cambiar a lo largo del tiempo. Lo que daba sentido a la vida a los 40 años puede no ser lo mismo que a los 70 u 80. Por eso, encontrarlo no debería entenderse como alcanzar una respuesta definitiva, sino como un proceso continuo de autoconocimiento.

Preguntarse periódicamente "¿qué me hace sentir vivo?, ¿qué quiero seguir aprendiendo?, ¿qué puedo aportar?" puede abrir nuevas posibilidades.

Este planteamiento puede ser especialmente valioso durante la etapa sénior porque invita a mirar el envejecimiento no desde las pérdidas, sino desde las posibilidades. La jubilación, los cambios familiares o el paso del tiempo pueden implicar transformaciones importantes, pero también ofrecen la oportunidad de elegir con mayor libertad cómo queremos utilizar nuestro tiempo.

Encontrar un propósito no requiere grandes hazañas. A veces, está en una conversación, una afición, un paseo, una persona a la que ayudamos o algo nuevo que decidimos aprender.

Envejecer con ikigai significa seguir teniendo motivos para levantarse cada día, sentir que nuestra vida tiene valor y mantener abierta la posibilidad de descubrir algo nuevo.


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