Sálvese quien pueda

La enfermedad de mi padre vino a reorientar mi carrera profesional y a enderezar (y salvar) la personal, y por eso he interpretado la vida como un aprendizaje en el que cuidándole en su vejez aprendi la mayor lección. Aquello mismo, que semanas atrás el Papa Francisco también nos advertía, ante una Plaza de San Pedro vacía, "todos somos frágiles, todos iguales, todos preciosos”.

Como he dicho en otras ocasiones, las personas mayores son víctimas dobles –cuando no múltiples– de una sociedad en crisis. Durante la pandemia, han sido víctimas del coronavius pero también víctimas cuando se ha sugerido, "eres prescindible”.

Por lo que estamos viendo estos días, en Asia y en Europa, los rebrotes serán inevitables y lamentaremos no haber aprendido nada. ¿Acaso no era lo que inicialmente, no hace mucho, dijimos? “Todo esto nos va a hacer mejores, seremos más solidarios”, ¿recuerdas?

Si el problema ha sido global y las evidencias similiares, parece que tenemos un futuro desolador, aunque estamos a tiempo para seguir educando en valores firmes, fundamentalmente en los cuidados mutuos que nos brindarán la superviviencia de nuestra especie, porque la vejez es nuestro deseable destino. 

El peligro continuará, porque conseguiremos domar al COVID-19 pero el virus de la indiferencia (y de las discriminaciones como el edadismo o el capacitismo) podría volver a aparecer, como así intuyo. El 'salvese quien pueda' no es la salida ética de una crisis que muchos no podremos olvidar nunca. 

Sigamos cuidándonos para no volver a otro confinamiento y lamentar más fallecimientos, que podíamos haber evitado.


Francisco Olavarría Ramos, licenciado en comunicación y activista en favor de los derechos de personas mayores y personas con discapacidad.

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STELLA SANCHEZ Hace 5 meses
felicitaciones ,FRAN escribes desde el corazón sin pretensiones solo con el deseo que cada día tomemos mas conciencia , de la vulnerabilidad y fragilidad de los humanos.