Jueves 19 de marzo de 2026
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El calendario está lleno de celebraciones. El 19 de marzo es el día de los José y las Josefas, el día de las fallas valencianas, el día de la crema catalana… y también el Día del Padre. Sí, y entre tantas tradiciones, conviene no olvidar esta última, porque los padres, de una manera u otra, siempre están presentes.
Con el tiempo, los padres suman años, a veces también suman enfermedades, fragilidad o pérdidas de memoria. La vida les añade nuevas categorías familiares: abuelo, incluso bisabuelo. Pero hay algo que no cambia: la figura de “papá” que no caduca.
Uno puede dejar de trabajar, jubilarse, necesitar ayuda en determinadas etapas de la vida o perder parte de la autonomía. Pero el lugar que ocupa un padre en la vida de sus hijos no desaparece. Sigue siendo una referencia, una memoria compartida, una manera de mirar el mundo. Y cuando ya no están, de alguna forma siguen estando.
Muchos de los que leen estas líneas pensarán hoy en su padre. Algunos podrán abrazarlo o llamarlo, otros lo recordarán. Pero incluso cuando el tiempo o la vida los han separado de nosotros, los padres siguen presentes en lo que somos.
Quizás lo entendemos mejor cuando empezamos a ocupar ese lugar. Yo sigo siendo hijo, pero también soy padre. Y con los años uno empieza a preguntarse qué piensan nuestros hijos cuando nos ven sumar años, qué recordarán de nosotros, qué parte de nuestras palabras, de nuestros gestos o de nuestros valores seguirá acompañándolos cuando nosotros ya no estemos tan cerca.
Los padres transmiten muchas cosas sin darse demasiada cuenta: formas de afrontar la vida, maneras de relacionarse con los demás, pequeñas convicciones que se van filtrando en la vida cotidiana. Y esas herencias —mucho más que los objetos o los bienes— son las que realmente perduran. Pero también transmiten algo importante: el derecho a vivir la propia vida.
Cuando los padres se hacen mayores, a veces, los hijos sentimos la tentación de decidir demasiado por ellos. Pero incluso cuando aparecen fragilidades o limitaciones, sus valores y su manera de entender la vida siguen siendo profundamente suyos. Respetarlos también forma parte del cariño.
Quizás, por esto, el Día del Padre es, sobre todo, un día para detenerse un momento. Para abrazar a quienes siguen a nuestro lado y para recordar a quienes ya no están.
Porque en la vida de sus hijos, de una manera u otra, los padres siguen “siempre presentes”.



