Miércoles 11 de marzo de 2026
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Esta semana he cumplido años. Y no es un cumpleaños cualquiera: acabo de entrar en la década de los sesenta.
A menudo leemos que en 2050 España será uno de los países más envejecidos del mundo. Personalmente, preferiría que habláramos de otra palabra: de longevidad. No es exactamente lo mismo. Envejecer suena a declive, a deterioro inevitable, negatividad. Longevidad, en cambio, habla de algo distinto: de vida larga, a futuro, a positividad. Y, por suerte, cada vez sabemos más sobre cómo vivirla mejor.
Las proyecciones demográficas son claras. En pocas décadas, aproximadamente una de cada cuatro personas de nuestro país tendrá más de 85 años. Dicho de otra manera: viviremos en una sociedad profundamente longeva. Ante eso, la pregunta importante no es si vamos a vivir más. Probablemente sí. Hoy me planteo, ¿cómo queremos vivir estos años? La respuesta no es complicada, aunque sí exige constancia. Cuidar la alimentación —la dieta mediterránea sigue siendo una gran aliada—, mantener el cuerpo en movimiento, ejercitar la mente y, algo fundamental, seguir conectados con los demás. Conversar, compartir, socializar, sentirse parte de la vida que nos rodea. Eso también es salud.
Pero también me pregunto, ¿estamos preparados como sociedad para asumir este impacto poblacional? Hay una responsabilidad colectiva para que la longevidad no se convierta en un castigo, que los últimos años no sean un terreno donde todo se tolera porque “ya es mayor”.
Nada de esto garantiza una vida perfecta. Pero sí aumenta las probabilidades de llegar a edades avanzadas con más bienestar y más autonomía. Porque cumplir años, al final, no consiste solo en sumar números en el calendario. Consiste, sobre todo, en seguir “sumando vida”.



