Centrémonos
Dr. Ignasi Coll-RolduàFoto: Bigstock
Viernes 9 de enero de 2026
ACTUALIZADO : Lunes 26 de enero de 2026 a las 10:45 H
3 minutos
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Viernes 9 de enero de 2026
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William Osler, médico canadiense considerado uno de los padres de la medicina moderna, en el año 1904 escribía “es mucho más importante saber qué clase de paciente tiene una enfermedad que la clase de enfermedad que tiene un paciente”. Hoy, un siglo después, se consolida este cambio de paradigma en la relación médico-paciente, superando el papel paternalista protector del médico, y la familia, y escuchando los intereses del enfermo, reflejado en la denominada Atención Centrada en el Paciente y/o Persona (ACP).
El paciente pasa a ser el “centro” de la atención, partiendo de la premisa de que cada persona experimenta y afronta los problemas de salud según sus prioridades, valores y/o creencias religiosas. Así, priorizamos el reconocimiento de cada persona como un ser singular con una historia de vida o biografía que debemos tener siempre presente.
Los avances tecnológicos de las últimas décadas, y especialmente todo aquello relacionado con la inteligencia artificial (IA), están influyendo notablemente en la medicina actual con exitosos resultados en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Pero el precio a esta tecnificación conlleva el riesgo de deshumanizar la medicina por estar más pendientes de curar enfermedades que no de atender personas que están enfermas.
La ACP busca proporcionar una atención respetuosa y receptiva a las preferencias, las necesidades y los valores de cada persona como elemento guía en la toma de decisiones clínica. Este cambio de relación médico-paciente conlleva un “empoderamiento” de los pacientes y sus familiares para que tomen un papel activo en la toma de las decisiones importantes para su salud, y ello requiere escucharlos, informarlos e involucrarlos en su cuidado. Por ejemplo, en situaciones sobre una cirugía mayor, un nuevo medicamento que se deben tomar y/o pruebas complementarias necesarias para llegar a un determinado diagnóstico. El médico debe explicar las diferentes opciones terapéuticas, describiendo sus riesgos y beneficios, que permitan a la persona a elaborar su decisión final.
El modelo ACP está teniendo un importante desarrollo, como elemento de mejora asistencial, especialmente en el ámbito de la atención geriátrica residencial y en las demencias. La principal aportación radica en este rol “activo” del mayor en la toma de decisiones, incluso cuando presentan un deterioro cognitivo, con el fin de salvaguardar su dignidad y bienestar subjetivo. En España, lenta, pero progresivamente, cada día son más los centros asistenciales que incorporan este modelo de atención dirigido a las personas mayores, intentando adecuar una atención personal e individualizada que mejore su calidad de vida.
La ACP consolida el respeto a decidir de manera autónoma de todas las personas, independientemente de su edad y/o de su discapacidad, y evita que con un excesivo cuidado se supla y se apropie de manera anticipada de la voluntad del enfermo, especialmente en el ámbito de la geriatría.
Centrémonos. “Mi vida, mi elección, mi camino”. Tres palabras que centran nuestra atención. Tres palabras que nos centran en cada persona. Tres palabras centrales para el respeto de los derechos de las personas.




