Quién cuidará de nosotros: el gran reto de una sociedad que vive más

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El gasto en cuidados se duplicará hasta 2050 y complicará el futuro de las pensiones Miia

Vivir más es uno de nuestros mayores logros colectivos. El siguiente desafío es garantizar que podamos hacerlo con autonomía, dignidad y buenos cuidados.

España vive cada vez más años. Es una magnífica noticia y uno de los grandes éxitos de nuestro Estado del bienestar. Pero ese avance trae consigo una pregunta que deberíamos hacernos con mucha más frecuencia: ¿quién cuidará de nosotros cuando necesitemos ayuda?

No es una cuestión lejana. Según las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, las personas de 65 años o más representan ya el 21,1 % de la población española y, si se mantuvieran las tendencias demográficas consideradas por el INE, podrían llegar al 30,9 % en 2076. Viviremos más y, previsiblemente, también aumentará el número de personas que, en algún momento, necesitarán apoyos por razones de edad, enfermedad, discapacidad o dependencia.

Cuidar no puede seguir siendo un asunto invisible

Durante demasiado tiempo hemos tratado los cuidados como una responsabilidad casi exclusivamente familiar. Cuando una persona mayor comenzaba a necesitar ayuda, alguien de su entorno —con mucha frecuencia una mujer— reorganizaba su vida para atenderla. Reducía su jornada, renunciaba a oportunidades profesionales o abandonaba temporalmente el empleo. Y muchas veces lo hacía sin formación suficiente, sin apoyos y con escaso reconocimiento social.

Las familias seguirán siendo esenciales. El afecto, la cercanía y el acompañamiento de quienes nos quieren son insustituibles. Pero una sociedad longeva no puede sostener su sistema de cuidados únicamente sobre el sacrificio de las familias. Cuidar debe entenderse como una responsabilidad compartida entre personas, familias, profesionales, empresas, organizaciones sociales y Administraciones Públicas.

Necesitaremos muchos más profesionales

El reto también es laboral. El Ministerio de Derechos Sociales ha estimado que España necesitará incorporar al menos 261.400 profesionales adicionales de cuidados de larga duración hasta 2030 para mantener la cobertura actual. La cifra obliga a mirar más allá de la simple cobertura de vacantes: necesitamos atraer personas al sector, formarlas bien, reconocer su trabajo y ofrecerles perspectivas de desarrollo profesional.

Cuidar bien requiere humanidad, pero también conocimientos. Movilizar correctamente a una persona, prevenir caídas, atender a alguien con demencia, detectar una señal de alarma, acompañar emocionalmente o preservar la autonomía y la intimidad son responsabilidades que exigen preparación. La buena voluntad es imprescindible; por sí sola, no basta para cuidar profesionalmente.

Profesionalizar es también humanizar

A veces se presenta la profesionalización como si pudiera volver más fríos los cuidados. Creo que sucede exactamente lo contrario. Formar a quien cuida significa darle herramientas para comprender mejor a la persona, respetar sus ritmos y preferencias, evitar riesgos y favorecer su autonomía. Significa entender que detrás de una situación de dependencia sigue habiendo una persona con una historia, unas capacidades, unos vínculos y un proyecto de vida.

La formación técnica y la atención humana no compiten entre sí. Los mejores cuidados necesitan ambas.

También hay que cuidar a quienes cuidan

Si queremos buenos cuidados, debemos cuidar también a los cuidadores. A los profesionales, mediante formación, reconocimiento, estabilidad y condiciones dignas. Y a los cuidadores familiares, ofreciéndoles información, orientación, respiro y acompañamiento.

Querer a una persona no proporciona automáticamente los conocimientos necesarios para afrontar una movilización compleja, determinados comportamientos asociados a una demencia o una situación de emergencia. Reconocer a los cuidadores familiares no consiste solo en agradecerles su esfuerzo, sino en procurar que puedan cuidar sin poner en riesgo su propia salud, sus relaciones o su proyecto vital.

Poder decidir cómo queremos ser cuidados

Hay además un cambio cultural que debemos asumir: la persona que necesita apoyos no debe dejar de ser protagonista de su propia vida. Las generaciones que hoy alcanzan edades avanzadas han tomado decisiones durante décadas sobre dónde vivir, cómo trabajar o cómo organizar su familia. No deberían perder esa capacidad de decisión simplemente porque necesitan ayuda.

El futuro de los cuidados debe ofrecer alternativas: apoyos en el domicilio cuando sea posible y deseado, servicios profesionales de proximidad, tecnología que favorezca la autonomía, centros de día, viviendas con apoyos, residencias y otros recursos. No existe un único modelo válido para todos. El buen cuidado comienza preguntando, escuchando y respetando.

Los cuidados también son economía y empleo

Hablar de cuidados no es hablar solo de gasto social. También hablamos de empleo, formación, innovación, tecnología y actividad económica. La economía de los cuidados será uno de los ámbitos con mayor relevancia social en las próximas décadas.

Necesitaremos cuidadores profesionales, auxiliares, gerocultores, enfermeros, terapeutas, trabajadores sociales y otros muchos perfiles; pero también teleasistencia avanzada, adaptación de viviendas, productos de apoyo, formación especializada y nuevos modelos residenciales y comunitarios. Tenemos ante nosotros una enorme responsabilidad y, al mismo tiempo, una oportunidad para generar empleo cualificado y mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Planificar los cuidados antes de necesitarlos

Planificamos nuestra jubilación financiera durante años: hacemos cuentas, ahorramos y pensamos dónde queremos vivir cuando dejemos de trabajar. Sin embargo, rara vez hablamos de cómo nos gustaría ser cuidados.

¿Querría permanecer en mi domicilio si algún día necesito ayuda? ¿Qué apoyos preferiría? ¿Quién debería participar en determinadas decisiones? ¿He hablado de ello con mi familia? Son preguntas incómodas, pero necesarias. Planificar los cuidados debería formar parte de la planificación de nuestra propia longevidad. No es esperar lo peor; es conservar, durante el mayor tiempo posible, nuestra capacidad de decidir.

Una sociedad se define también por cómo cuida

Durante años hemos asociado la sostenibilidad sobre todo al medio ambiente, la energía o el cambio climático. Todas esas cuestiones son esenciales. Pero existe también una sostenibilidad profundamente humana.

Una sociedad no puede considerarse plenamente sostenible si vive cada vez más años pero no dispone de suficientes personas preparadas para cuidar; si las familias tienen que elegir entre trabajar o atender a sus mayores; si quienes cuidan profesionalmente no reciben el reconocimiento que corresponde a su responsabilidad; o si una persona pierde voz sobre su propia vida simplemente porque necesita ayuda.

Por eso debemos empezar a considerar los cuidados como lo que realmente son: una infraestructura social esencial. España ha conseguido uno de los mayores avances imaginables: vivir más. El siguiente reto es conseguir que esos años adicionales podamos vivirlos con autonomía, dignidad y buenos cuidados.

Porque, tarde o temprano, todos estaremos en alguno de los dos lados del cuidado: unas veces seremos quienes cuidemos y otras necesitaremos que alguien cuide de nosotros.


Enlaces de interés:

- Formación y recursos para cuidadores: SUPERCUIDADORES

- Información sobre acreditación de competencias profesionales: Acreditación de Competencias Profesionales

Fuentes de los datos citados:

- INE, Proyecciones de población 2026-2076 (17 de junio de 2026): consultar fuente

- Ministerio de Derechos Sociales, estimación de necesidades de profesionales de cuidados de larga duración a 2030: consultar fuente