Una reflexión sobre la emigración

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Una reflexión sobre la emigración Miia

No es exagerado decir que desde el año 1800 y hasta 1970, desde Vigo partieron 2.000.000 de habitantes de Galicia. En este tiempo, el puerto se convirtió en la puerta de entrada a América de cientos de miles de gallegos, castellanos y extremeños con el objetivo de buscar otro medio de vida fuera de su tierra natal.

La cifra de la emigración gallega llegó a representar más de la mitad del total de la emigración española a este continente. No nos debe extrañar, por tanto, que a todos los emigrantes que llegaban a las Américas, sobre todo en la zona del Río de La Plata, se les denominara 'gallegos'.

En 1912, salieron de Vigo 359 barcos, casi uno diario con rumbo a América. Fueron los años de la gran emigración y viví a los 13 años el final de este proceso.

Con la llegada de Fidel Castro a la presidencia de Cuba en 1959, y la urgente necesidad de Europa de conseguir mano de obra, cambió la emigración de las Américas a Europa, pues Francia, Alemania, Inglaterra, Bélgica o Suiza, necesitaban mano de obra. Los gallegos emigraron entonces a estas naciones.

Así como la emigración a las Américas generó en algunos casos grandes fortunas, también causó muchísimas dificultades para las personas que no consiguieron los objetivos que se proponían. En Vigo tenemos muchos ejemplos de las grandes fortunas conseguidas en la emigración.

 

Una reflexión sobre la emigración

 

Trabajaba en una armería, como chico de recados, se vendían escopetas de caza del calibre 16, que muchos emigrantes las compraban para llevarlas a la Argentina, Uruguay, Brasil o Cuba, seguramente por solicitud de algunas personas o familiares de los que emigraban, o con el objetivo de poderlas vender en destino y ayudar al coste del viaje.

Las armas se registraban al nombre del pasajero en el cuartel de la Guardia Civil. El comandante nos hacía una guía para transportar las armas desde la armería a los trasatlánticos que salían para los puertos de esas naciones.

El puerto de Vigo no solo era un hervidero de actividad pesquera y comercial, sino también el último eslabón con la tierra para miles de españoles, que se embarcaban en una travesía transatlántica en busca de un futuro mejor. En los muelles de la ciudad olívica, se agolpaban sueños y despedidas, con destino principal a América. Una flota de barcos, tanto españoles como extranjeros, se convirtió en el escenario flotante de este éxodo masivo.

 

Una reflexión sobre la emigración

 

Los emigrantes, en su mayoría alojados en tercera clase, compartían espacio, incertidumbres y esperanzas. Para muchos, el barco no era solo un medio de transporte, sino el primer capítulo de una nueva vida, un microcosmos donde se forjaban las esperanzas del nuevo mundo a descubrir. 

Muchos buques escribieron un capítulo fundamental en la historia social de Galicia y de toda España. 

Los trasatlánticos Monte Udala, Uribe, Urbasa, Urquiola, Marqués de Comillas, Begoña, Montserrat, Covadonga y Guadalupe, así como más buques de las principales compañías navieras que operaban en Vigo con rutas hacia América en los años 50 eran una mezcla de banderas y trayectorias.

Junto a ellas, las navieras extranjeras encontraron en Vigo un punto estratégico para embarcar a un gran número de pasajeros.  

Los nombres de estos barcos quedaron grabados en las cartas y en las fotografías, sobre todo, en la memoria de aquellos que un día partieron de Vigo con el corazón encogido y la maleta cargada de sueños.

¿Cómo vivía yo está situación a los13 años? Acompañando a un Guardia Civil para realizar la entrega de las escopetas que muchos emigrantes compraban en la armería.

Subía a bordo de los barcos y comenzábamos el proceso de entregar las armas a los emigrantes. No podíamos bajar hasta que el barco hacía sonar la bocina para realizar el desatraque y retirar la rampa. El Guardia Civil tenía que asegurarse ded que no volvía ningún arma a tierra.

La despedida de los emigrantes de sus mujeres con sus hijos, a sus maridos y padre, los padres de sus hijos, los gritos del adiós, los besos desde la distancia, los gritos de 'escribe', pero sobre todo los lloros de lo que se marchaban y los que les despedían.

 

Una reflexión sobre la emigración

 

Cuando bajábamos de la rampa y el barco comenzaba la maniobra de desatraque, el griterío del adiós, las lágrimas, los abrazos en él aire y más besos, desde la cubierta del barco al muelle, comenzaba la derrota por la salida sur de la Ría.

Los muelles seguían repletos y con los brazos despidiéndose. Ya se había alejado el barco, y solamente se podía ver en la distancia su silueta. Comenzaban a caminar muy despacio para marcharse a sus pueblos en autobús o a la estación para coger el tren. Con pesadumbre, con la mirada al suelo y de la mano sus hijos, caminaban como un ejército derrotado, en silencio. La carga emocional y tristeza no les permitía levantar la mirada del suelo.

Esto lo vivía muchas veces cuando coincidían dos barcos al día por la salida de los trasatlánticos de mañana y tarde.

Al comienzo de los años 60 de siglo pasado, la Unión Europea abría un horizonte de prosperidad y oportunidades para la emigración y esta cambia de América a países europeos. Era muchos más ventajosa y tenía muchas más oportunidades en estas naciones. Desde este momento, dejaron los emigrantes de hacer las Américas y sus sueños se realizaron en Europa.

Viví esta situación muchos días a la semana y decidí tomar la decisión que aplicaría en toda mi vida: jamás emigraría.

"Los migrantes y refugiados no son peones en el tablero de ajedrez de la humanidad. Son niños, mujeres y hombres que abandonan o se ven obligados a abandonar sus hogares por diversas razones, que comparten un deseo legítimo de saber y tener, pero sobre todo de ser más" (Papa Francisco).