¿Qué les sucede a nuestros nietos?
Alejandro Otero DavilaMiércoles 22 de abril de 2026
5 minutos
Miércoles 22 de abril de 2026
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"Nuestros nietos tienen menos capacidad cognitiva que la que teníamos nosotros a su edad". La Generación Z, nacida aproximadamente entre 1997 y 2012, la primera en crecer con internet desde temprana edad, también sería la primera en obtener peores resultados generales en diferentes pruebas (atención, memoria, lectura, matemáticas o coeficiente intelectual), a pesar de haber pasado más años en la escuela.
El impacto del tiempo frente a las pantallas en niños y adolescentes. Cuando les veo reunidos y escucho sus conversaciones y forma de expresase, afirmo que nuestros nietos pasan un promedio muy alto a diario frente a dispositivos electrónicos. Una infancia basada en el móvil y, vinculada a este patrón, con una crisis en la salud mental, el aprendizaje y la creatividad.
De hecho, la última edición de PISA (2022), la evaluación trienal de la OCDE sobre estudiantes de 15 años en 81 países, registró un descenso sin precedentes en comparación con 2018 en matemáticas y lectura, mientras que en ciencias los resultados se mantuvieron relativamente estables.
Y todo desde 2010, coincidiendo con la expansión masiva de dispositivos digitales en aulas y hogares, y su uso en los centros educativos. Argumentó el neurocientífico Jared Horvath, fundador de LME Global, una organización dedicada a traducir la investigación educativa en práctica docente que "cada vez que la tecnología entra en el aula, el aprendizaje disminuye",
Sus palabras se difundieron rápidamente, y el tabloide The New York Post publicó un titular que afirmaba que la Generación Z, era "oficialmente más tonta" que la anterior. En España, el eco mediático coincidió con el anuncio de Pedro Sánchez de impulsar la prohibición del acceso a las redes sociales para menores de 16 años, reavivando el debate sobre cómo regular el entorno digital en la infancia.
Sin embargo, algunos investigadores consideran que este diagnóstico es simplista. "Decir que la Generación Z es menos inteligente es una generalización excesiva sin fundamento científico", declaró a SINC José César Perales, catedrático de psicología de la Universidad de Granada.
Este psicólogo experimental también discrepa de la connotación negativa que se les atribuye a las pantallas: "Obviamente, influyeron en los códigos culturales y comunicativos, pero la evidencia no muestra un impacto significativo en aspectos del rendimiento cognitivo".
El uso de los móviles no puede separarse del entorno social y educativo ni de las actividades que se realizan con ellos. Su uso intensivo suele estar asociado a determinados estilos educativos y contextos familiares. "Si le das un teléfono móvil a un niño de 10 años, tendrá un impacto en su desarrollo intelectual". Esto nos invita a reflexionar sobre qué variables sociales influyen en esa decisión cuando vemos a bebés con sus deditos sobre una pantalla.
De hecho, cuando los estudios controlan estos factores, la mayoría de los efectos atribuidos a las pantallas se reducen o desaparecen. "En general, actualmente no hay evidencia de una relación causal entre el uso de dispositivos y el desarrollo intelectual o la salud mental".
Los datos tampoco apuntan a un deterioro uniforme. En un estudio publicado en la revista Intelligence, con pruebas realizadas en España con tres décadas de diferencia, el equipo de Colom observó un patrón mixto. "El manejo de números empeoró considerablemente, pero la capacidad de razonamiento no mostró un declive", explica el psicólogo a SINC, quien insiste en que el panorama varía según el país y la capacidad analizada.
Para Manuel Martín-Loeches, catedrático de psicobiología de la Universidad Complutense, el término "uso de pantallas" engloba actividades muy diversas, desde ver vídeos cortos o pornografía hasta leer la prensa o buscar información, que implican procesos cognitivos y consecuencias también dispares: "Hay estudios que señalan efectos negativos sobre la ansiedad o la atención, pero algunos incluso describen beneficios, como en el caso de las personas mayores que utilizan su ordenador de casa, y no su teléfono móvil, para informarse".
Este experto también recuerda que solo algunas variables cognitivas, como la atención, la memoria o el lenguaje, se han estudiado sistemáticamente, mientras que otras dimensiones, como la coherencia del habla o la capacidad de abstracción, han recibido menos atención.
Añade que lo mismo podría estar ocurriendo en el ámbito educativo con los motores de búsqueda, las aplicaciones y la inteligencia artificial. "Si la ayuda externa es excesiva, los niños pierden la autonomía para razonar por sí mismos; si nadie les exige que piensen, dejan de hacerlo".
Es una reflexión que me ha permitido realizar este artículo, con la ayuda de gCiencia – xornalismo de investigación, que analiza en un extenso texto, donde debemos poner el límite de la utilización de los móviles, a nuestros biznietos.
Nuestros hijos comenzaron este proceso con unas herramientas digitales que emulaban a los juegos analógicos que utilizaron en su infancia. Nuestros nietos entraron de lleno en este mundo de la información digital, y desde muy niños el móvil lo utilizaron diariamente, incluso en exceso. Podíamos decir que en algún caso se convirtió en una adicción al móvil. Las consecuencias las estamos notando, cuando en muchos centros se vuelve a la lectura analógica y a compaginar la formación con los dos modelos: analógico y digital. Y lo digo con minúsculas por muchos errores que hemos cometido al sacar los libros en muchas materias.
Manuel Martín-Loeches, catedrático de Psicobiología de la Universidad Complutense, dice: "Existe consenso en que el formato influye. Leer en papel favorece la comprensión profunda y la memorización en comparación con una pantalla".

