Escribir después de los 60: el acto más valiente y libre

1 min
Escribir después de los 60: el acto más valiente y libre

Cuando alguien se sienta frente a una hoja en blanco y empieza a escribir, pasa algo difícil de explicar. No importa si es la primera vez o si lleva años haciéndolo. Poner palabras en orden, rescatar un recuerdo, inventar un personaje o contar algo que nunca se dijo en voz alta tiene un poder que cuesta encontrar en otra actividad.

Leer acompaña. Escribir cambia las cosas.

Los libros nos llevan a otros sitios, nos dan compañía cuando la soledad aprieta. Pero escribir va un paso más allá: te obliga a escucharte, a ordenar lo que tienes dentro, a encontrar las palabras exactas para aquello que todavía no tiene nombre. Es memoria, es identidad, es presencia. Quien escribe dice, sin ambigüedad: yo estoy aquí, y tengo algo que contar.

Las personas mayores tienen mucho que contar. Décadas de cambios históricos vividos desde dentro, de oficios que ya no existen, de paisajes que han cambiado para siempre. Esa memoria merece ser escrita y compartida, no guardada en un cajón.

Durante demasiado tiempo se ha asociado la escritura creativa con la juventud, como si la inspiración tuviera fecha de caducidad. Algunos de los relatos más honestos y ricos en matices que he leído en los últimos años los han escrito personas de 70, 75 u 80 años. No porque sean mayores, sino porque tienen algo real que decir.

Por eso me alegra que Canal Sénior celebre este año la III edición de su Concurso de Relatos, que arranca este lunes 25 de mayo. El año pasado llegaron más de 750 historias. Esa cifra dice bastante sobre las ganas de escribir que hay cuando se abre un espacio de verdad.

No hace falta ser escritor. Hace falta tener una historia y querer contarla. Si llevas tiempo pensando "algún día escribiré aquello", este es el momento.

"No importa lo que escribas, importa cómo lo escribas".