La biblioteca histórica del siglo XX
El 31 de diciembre de 2023 comienza una nueva vida en el bajo de mi casa. Se había alquilado como tienda de ultramarinos en el año 1926. Habían transcurrido 97 años, y todas las instalaciones del bajo seguían con las mismas estanterías, tanto las que estaban a la vista de los clientes, como las interiores, así como el mismo color de pintura. Solamente se nota un cambio en la iluminación: las bombillas con filamento se habían cambio a tubos fluorescentes en el espacio de atención al público y habían retirado el mostrador de madera por uno refrigerado. Además, el suelo donde se atendía a los clientes se había enlosado.
Pero todo lo demás seguía con sus espacios para los alimentos a granel, como arroz, azúcar, legumbres, lentejas, alubias, garbanzos y harina, los cuales se pesaban a mano en balanzas de hierro y se envolvían en papel de estraza. Coloniales y especias, café en grano que se molía en el acto, cacao, chocolate, té, vainilla, pimienta y otras especias. Salazones y conservas, bacalao en salazón, muy característico por su aroma en estos locales, mojama, sardinas en lata y otros pescados o alimentos en conserva.

Productos de despensa y líquidos, aceite de oliva, vinagre, vino a granel y licores. Otros artículos, velas de cera para la iluminación, jabones y pequeños productos de droguería o limpieza. Y un elemento importantísimo: la libreta para las personas que se llevaban los alimentos a diario, fiados, que pagaban cada semana. Recordamos los cupones del razonamiento durante los años 40 y que se despachaban los alimentos de primera necesidad.
Habían cambiado las leyes de cómo se deberían vender los alimentos y ya no se necesita el molinillo de moler café y otras dependencias para almacenar las mercancías, que se despachaban al público a granel.
Todas las instalaciones y estanterías seguían como se habían diseñado en 1926. Una cocina, un váter y una habitación para dormir contemplaban las instalaciones del bajo. Y en el sótano, el almacén principal de la tienda de Pilar, primero, y Concha, después, durante los 97 años en el que el bajo estuvo alquilado.
La noticia de que se cerraba una de las tiendas de ultramarinos más antigua de Vigo fue recogida por Faro de Vigo y el diario hizo un reportaje del cierre. Dos matrimonios, el primero de 1926 a 1973, y el segundo, de 1973 a 2023, han sido los que han regentado este establecimiento.
Y la tienda de ultramarinos que en sus estanterías almacenaba los alimentos para sobrevivir, hoy están llenos de alimentos para alimentar el espíritu, la cultura y la tecnología.
En la biblioteca histórica del siglo XX, desde la tecnología, de la válvula de vacío al transistor, con todo los libros técnicos de radio y televisión y las colecciones de revistas dedicadas a la electrónica más importantes que se han publicado, en los años 60, 70 y 80 del siglo XX, como Electrónica, Mundo Electrónico, Transistor, MiniWatt, etc y toda la formación en radio y televisión que se impartía en esos años, y la que se impartía en la Marina en electricidad, electrónica y radar en la ETEA.
Una parte importante de la biblioteca dedicada a la tecnología y electrónica del mediados del siglo XX, donde se pasó de la válvula de vacío al transistor y de este a los circuitos integrados.

Pero la parte más importante esta en la literatura y la historia. Cuenta con dos volúmenes de Faro de Vigo de las noticias más importantes de Galicia, desde 1853 a 1953 y desde este año al 2003, siglo y medio de recopilación de reportajes y noticias destacadas en estos 150 años.
Unos 5.000 libros y revistas llenos de historia y literatura, de los siglos XX y XXI, en estanterías que recopilan un siglo y donde se guardaban alimentos para nuestro organismo, hoy ponen en valor, información y cultura para nuestra formación e información.
La biblioteca cuenta con una exposición de la historia del ordenador, desde el ábaco a internet y otra dependencia con otra exposición de la radio y televisión, del VHS al mundo digital, con televisores construidos en los años 60.

Si la tecnología y la literatura están presentes, se une la música y el cine con un equipo de alta fidelidad y una pantalla para proyectar cine, con el fin de poder hacer cine fórum o escuchar audiciones musicales y poder comentarlas.
Es un proyecto que he conseguido poner en marcha gracias a la decisión de no convertir el bajo en una vivienda y darle vida a todos los libros, revistas, películas y equipos que desde hace muchos años tenía guardados en diferentes casas, y que he conseguido por fin que viviesen todos juntos y puedan ser visitados y usados.
El problema fue cuando coloqué todos los libros en las estanterías por materias, cómo localizarlos, y me obligó a montar un programa informático –Biblio– para localizar por autor, título y materia cualquier libro que se encuentre en la biblioteca histórica del siglo XX.
Y lo he conseguido al tomar la decisión de dedicar el bajo de la casa donde vivo a poner en valor, los libros, revistas, radios y ordenadores que durante mi vida he guardado. Y en un espacio exclusivo, la clínica del doctor Beiras, con todos los aparatos que él usaba en los años 50 del siglo pasado para diagnosticar la dolencia del paciente.
“Una biblioteca no es un conjunto de libros leídos, sino una compañía, un refugio y un proyecto de vida” (Arturo Pérez-Reverte).
