Soy parte de la revolución de la longevidad

Artículo de opinión firmado por Stella Sánchez

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Soy parte de la revolución de la longevidad Miia

He tenido la suerte de pertenecer a la generación hippie, entre rebelde y utópica, celebrar el nacimiento de la salsa en los 70, sacarle provecho de las conquistas del movimiento feminista y ahora soy protagonista de una revolución más grande, la de la vejez. Después de tantas experiencias tan enriquecedoras puedo hacer mucho más que estar agradecida con la vida porque mis antepasados, sobre todo las mujeres, fueron desgraciadas.

En este momento vital, que lo disfruto siendo soltera, después de estar casada por años, mi papel no se reduce a ser abuela o una mujer sin propósitos, sin ilusión por lo nuevo. Ahora sé que tengo una tremenda responsabilidad. Con mi ejemplo debo inspirar a otras mujeres que por motivos diferentes, miedos o prejuicios, escasos conocimientos u oportunidades no se plantean la vida con libertad, manejando su carro, viajando solas y retando a su cuerpo con más movimiento, más contacto humano, con más ganas de aprender.

Me gusta conocer y aprender de historias de gente que no quiere encajar en el molde, seguramente porque yo lo he sido. Soy vieja, por edad, pero en mí viven todas las edades y todas las mujeres que fui. Todo eso me sirve. De la revolución de la vejez he aprendido que no me pasa nada, sólo que no respondo a las expectativas ni a lo que se entiende por la normalidad de una persona viviendo este proceso con tantas dificultades. Ya no es normal pensar así, hoy me toca ser abanderada, con respeto a las predecesoras del feminismo, con humildad porque no soy perfecta, y defender los derechos de las mujeres, para que las que vengan dispongan de referentes de otras formas de envejecer. Mujeres que lucharon contra aquellos a los que les molesta la libertad de pensamiento, nuestra autonomía de la institución familiar o eclesial y hacer ruido contra las políticas que nos quieren devolver a la caverna. De esta forma, podrán envejecer de manera natural, sin los prejuicios que hemos sufrido las de mi generación, y con herramientas para ser las mujeres adultas que quieran ser.

El edadismo contra nosotras es cruel.

Continuaré con mis talleres para que las mujeres descubran su propio potencial, porque lo tienen, y mucho. No es fácil pero se puede. Para eso estudié sociología, para conocer la sociedad y sus transformaciones, como la que yo y usted estamos viviendo siendo viejas, más libres, con el pelo rojo y con berraquera.