Realidad alarmante: los medicamentos se prueban en hombres de 40 y los consumen mujeres de 80
Ana Bedia, en 'Más de uno Madrid', programa dirigido y presentado por Pepa Gea
Cada semana se destapa en ‘Revolución sénior’ un nuevo tipo de edadismo y en esta ocasión, Ana Bedia, directora de 65YMÁS, en ‘Revolución sénior’, la sección en la que semanalmente interviene en el programa 'Más de uno Madrid', en Onda Cero Madridnos habla de una exclusión realmente alarmante, que se está produciendo en la industria farmacéutica: los medicamentos que más consumen los mayores, en muchos de los casos, no han sido probados en ellos.
Las personas mayores de 70 años y sobre todo las de más de 80, y en especial las que tienen comorbilidades, —es decir, dos o más enfermedades crónicas—, están infrarrepresentadas en los ensayos clínicos previos a lanzar un fármaco al mercado.
"Los expertos denuncian que se prueban medicamentos en hombres de 40 años que luego consumen mujeres de 80, con los efectos perjudiciales para la salud que esto puede suponer", explica Ana Bedia.
Riesgo crítico para la salud
Los expertos explican que a medida que nuestro cuerpo envejece, absorbe y metaboliza los medicamentos de una forma completamente distinta.
A esto hay que sumarle la polimedicación: cerca de 3 de cada 10 personas mayores de 65 años toman múltiples fármacos, y este porcentaje sube a casi el 45% en la franja de 85 a 94 años.
Al no incluirles en los ensayos, los médicos acaban prescribiendo "a ciegas". Esto provoca que se den dosis no ajustadas, reduciendo la eficacia real del fármaco, aumentando el riesgo de interacciones tóxicas y multiplicando las hospitalizaciones que podrían haberse evitado. Paradójicamente, se desprotege al colectivo que más medicamentos necesita y consume.
¿Por qué se les excluye de los ensayos clínicos?
Los expertos apuntan a cuatro factores clave por los que se excluye a los más mayores de los ensayos clínico: dinero, logística, inercia y excusas. Excusas porque alegan que incluir a mayores puede subir la tasa de efectos adversos y comprometer el desarrollo del fármaco.
Hay que matizar que no excluyen directamente por edad a la gente de las pruebas, lo hacen de forma más sofisticada y lo camuflan aludiendo a criterios de exclusión indirectos. Es decir, dejan fuera a pacientes con multimorbilidad, fragilidad, polifarmacia o problemas renales, osea a los más mayores.
"Vamos, que la realidad es que reclutar a personas mayores para ensayos clínicos lleva más tiempo, es logísticamente más complejo y tiene una mayor tasa de abandonos, lo que supone muchos más costes", aclara Bedia.
Bedia señala otro problema, "hoy por hoy, no hay ninguna regulación que obligue a incluir un porcentaje concreto de personas mayores en los ensayos; todo se limita a meras recomendaciones sin carácter vinculante" Por eso, los geriatras y las asociaciones de mayores exigen que la ley cambie y que si un fármaco se va a usar en mayores, debe ser obligatorio haberlo testado en ellos. Piden prohibir límites de edad, exigir cuotas de participación y adaptar los ensayos a los mayores, por ejemplo, haciendo visitas de seguimiento directamente en sus domicilios".
No obstante aclara que tras la denuncia de este tema por parte de 65YMÁS, parece que algunos pasos se están empezando a dar.
La patronal Farmaindustria asegura estar fomentando los ensayos clínicos desde la Atención Primaria, para acercarse a la población mayor en los centros de salud, y apostando por llevar la investigación a casa del paciente usando tecnología. Por su parte, la Agencia Española de Medicamentos destaca que la normativa europea ya exige que las muestras sean representativas y pide justificaciones explícitas si se excluye a franjas de edad.
Es más, hay que destacar el proyecto europeo READI (Investigación en Europa e Inclusión de la Diversidad, por sus siglas en inglés), una iniciativa pionera liderada desde el madrileño Hospital de La Paz por el doctor Alberto Borobia y formada por 73 organizaciones de 18 países que incluye desde investigadores, asociaciones de pacientes, hasta industria farmacéutica y reguladores, cuyo objetivo es analizar y combatir la exclusión de grupos infrarrepresentados como personas mayores, minorías étnicas, residentes en áreas rurales, invidentes o ciudadanos con bajo nivel sociocultural en los ensayos clínicos.
"Pero, como dicen los expertos, hace falta que todo esto se aplique de una vez en el día a día y que los avances dejen de producirse a ritmo de tortuga", apunta Bedia.
