Sociedad

Carlos Alsina se mete en una residencia para homenajear a los mayores: "Son nuestro futuro"

65ymás

Lunes 15 de marzo de 2021

8 minutos

Dedica un programa especial a los residentes y trabajadores de estos centros

Carlos Alsina se mete en una residencia para homenajear a los mayores: "Son nuestro futuro"
65ymás

Lunes 15 de marzo de 2021

8 minutos

Más de uno, el espacio que dirige y presenta Carlos Alsina en Onda Cero, ha querido realizar un homenaje a todas las personas que viven en residencias de mayores así como a los trabajadores de estos centros, que han estado un año conviviendo con la incertidumbre, el miedo y la muerte  causa de la pandemia del coronavirus.

Esta edición especial del programa de Onda Cero se ha realizado desde la residencia de mayores de Villaviciosa de Odón (Madrid), un centro que cuenta con 202 residentes, de los cuales la mitad tienen algún tipo de dependencia. Todos ellos ya han recibido la segunda dosis de la vacuna, lo que les ha servido para recuperar la la libertad de movimientos y la práctica normalidad perdida ahora hace un año.

 

Carlos Alsina

 

Carlos Alsina ha escuchado a los mayores relatar cómo han vivido estos meses; pero, sobre todo, qué planes de futuro tienen, cómo van a recuperar sus vidas, sus rutinas, sus aficiones. Además, se han podido escuchar historias emocionantes y sorprendentes de personas que han vivido mucho. "Mi mujer y yo estábamos encerrados y se te hacían los días eternos. Era muy duro solo poder hablar con mis hijos por teléfono", le ha contado Antonio Peralta, un residente que se siente afortunado de no haberse contagiado durante todo este tiempo.

Alsina también ha conocido a Lola, una residente de 95 años, que asegura que la decisión de irse a vivir a una residencia fue lo mejor que ha podido hacer en su vida. Le ha contado que es muy aficionada a coser y al ganchillo, que le gusta hacerlo bien y que ahora le está haciendo una manta a su nieta. "Hice un mantel de 5 metros de encaje para la Iglesia de San Viator, con una custodia y unos ángeles", relata.

También ha hablado con Julia Herreros, una residente de 81 años, que decidió irse a vivir a una residencia después de que a su marido le diagnosticaran Parkison. Relata que fue una decisión que tomó porque hubo un momento en el que ya no tenía facultades para atenderle, pero que él no quería irse. "Estuve tres años en una residencia que era prácticamente terminal, no podía hablar con nadie", explica. Tras el fallecimiento de su marido, la mandaron a esta residencia, donde dice estar "muy bien".

 

Carlos Alsina

 

Además, cuenta que la vacuna le ha permitido volver a hacer cosas que hacía habitualmente antes de la pandemia, como coger el coche. "Soy un poco independiente y, como tengo coche, me voy por ahí. El primer día que salimos de aquí me fui en coche a ver el Cristo de Medinaceli por una promesa que le hice a mi hijo", asegura. Comenta que fue de las primeras mujeres en examinarse del carnet del coche y que, como a su marido se le daba muy mal conducir, se convirtió en la conductora habitual de la familia. Señala que desde que abrieron las puertas ya se ha ido tres veces.

Confiesa que lo pasó muy mal durante el confinamiento, pues no podía ver a nadie y era algo muy incómodo. "Hemos estado mucho tiempo metidos en las habitaciones sin poder vernos. Tengo una amiga muy buena aquí, somos como hermanas, y para poder comunicarnos teníamos que hacerlo por teléfono", concluye.

Juan, por su parte, uno de los más jóvenes de la residencia con 68 años, está encantado de vivir allí porque está rodeado de campo. Es vecino de Manzanares, un pueblo de Ciudad Real, y le gusta hacer ejercicio yendo andando al pueblo, algo que hacía antes de la pandemia, aunque planea retomarlo. Confiesa que allí le llaman "la liebre" porque es muy rápido

 

Carlos Alsina

 

Alsina también ha podido hablar con María Jesús Abella, que lleva diez años como directora de la residencia. "El confinamiento supuso para los residentes más autónomos algo bastante trágico", ha indicado. Con la llegada de las vacunas, María Jesús explica que están comenzando a "hacer una vida un poco normal dentro de las limitaciones que tenemos todos". El centro de día que hay dentro de la residencia de Villaviciosa ya está funcionando, los residentes pueden ir al pueblo y también está funcionando el servicio de fisioterapia, algo muy importante para los mayores después de tantos meses de no moverse.

El especial de Más de uno en la residencia coincide con el penúltimo día de María Jesús como directora. El miércoles cumple 63 años y se despide de su puesto. Tras un año "malísimo, lleno de incertidumbres y ansiedad", cuenta que se marcha "muy orgullosa de cómo han salido las cosas" porque en todo momento ha contado con la ayuda de un buen equipo de trabajo. Debido a los contagios, en la residencia tenían que cambiar a menudo a los residentes de habitación, "lo que supone un gran trauma para ellos porque esto es su casa", explica la directora. Sin embargo, María Jesús reitera que en los momentos más duros todo el equipo ha trabajado unido y se han comportado como iguales.

 

Carlos Alsina

El monólogo de Carlos Alsina

Con motivo de esta visita, Carlos Alsina ha dedicado su monólogo de este lunes 15 de marzo a los mayores que viven en las residencia y a sus cuidadores. Este es su contenido:

Hoy les hablo desde la residencia de mayores de Villaviciosa de Odón. Ha amanecido un día luminoso, de cielo limpio y temperatura un poco fresca aún a esta hora pero que alcanzará los quince grados al mediodía. Nos ha abierto sus puertas la residencia de mayores y no saben el gusto que da poder decirlo. Las puertas abiertas, con todas las precauciones, naturalmente, pero abiertas un año después de que nos confinaran a todos.

Estuve haciendo memoria de lo que les estaba diciendo aquel lunes, de hace un año, cuando empezamos a escribir aquí el Diario de la pandemia. Por ejemplo, que íbamos a tener que reinventarnos todos, y reconstruirnos cada noche, al final del día, para poder resurgir cada mañana. Y que por favor dejaran de decir los políticos que el virus no entiende de ideologías porque sólo el hecho de decirlo revelaba hasta qué punto estaba ideologizado el debate sobre cualquier cosa en España. El virus no entiende de ideologías pero los ideólogos sí entendieron de cómo sacarle partido a un virus.

Estuve haciendo memoria de cómo fue aquella mañana de lunes pero después pensé que no hay dos mañanas iguales. Y que esta mañana de un año después de la reclusión total debíamos anticiparnos al futuro que nos está esperando, ahí a la vuelta. Todos seremos alguna vez mayores. Y todos, o la mayoría, confiamos en haber sido vacunados antes de que termine el verano. Y por eso el futuro es esto que hoy vamos a escuchar y a contar aquí. Personas que ya están vacunadas y que, al estarlo, van pudiendo volver a hacer aquellas cosas que tuvieron que aparcar durante un año. Pasar un fin de semana en casa con la familia, recibir visitas sin envolverse en plásticos, juntarse ellos mismos para compartir actividades en una sala, irse a hacer compras, o a la peluquería. La nueva vida de los vacunados. De los mayores vacunados. Los ciudadanos que más experiencia acumulan en todo. También en salir adelante de crisis mundiales, de enormes contratiempos y de pequeños disgustos personales. Los más experimentados del país y los pioneros, la avanzadilla, en esta nueva vida recuperada.

Al cabo de un año en el que se han sabido en riesgo. En el que han visto cómo a su alrededor enfermaban y desaparecían personas. En el que han padecido de soledad y de tristeza. Un año después, y aun habiendo todavía tantos problemas, tantas dudas, ocho mil personas hospitalizadas por Covid, dos mil en UCI, tantos miles padeciendo secuelas, tantos miles de familias encajando la pérdida del empleo o del negocio, un año después la diferencia son las vacunas.

 

Carlos Alsina

 

Es verdad que este año la mayoría de las cosas que podían salir mal, salieron mal. Empezando por el departamento encargado de alertar sobre nuevas enfermedades (el centro de alertas de Simón, que no alertó); la falta de medios en los hospitales –ni Epis ni respiradores suficientes—; la ausencia de recursos médicos en las residencias –-enfermos que no llegaron a ser trasladados--; los cambios de criterio –mascarillas no, mascarillas sí–; el pudor mal entendido que nos llevó a anteponer las imágenes de balcones aplaudiendo a la de ambulancias yendo y viniendo, ambulancias y coches fúnebres, qué escándalo generó, ¿se acuerda?, que se vieran los féretros, por decenas, en el palacio de Hielo.

Y la desescalada –demasiado rápida, se dice ahora–, y la segunda ola, y la tercera. Y el afán por maquillar los peores datos. Y la falta de respuesta que arrastramos, un año después, a la pregunta que ya estaba ahí en las primeras semanas: por qué España presenta peores índices que casi todos los demás países. De cuarenta y cuatro países de Europa, somos el sexto con mayor mortalidad, según El País. Y uno de los que peor registro presenta en el número de profesionales sanitarios contagiados.

Pero ha habido algo que sí ha ido mejor de lo que nadie esperaba hace un año. La Organización Mundial de la Salud nos decía, por entonces, que en el mejor de los casos estaría disponible una vacuna a la vuelta de dieciocho meses, probablemente más, calculen dos años. Sólo ha pasado uno y disponemos no de una vacuna sino de siete. Tres se están empleando ya en España –Pfizer, Moderna, AstraZeneca– y una cuarta llega el mes que viene –Johnson and Johnson–. Y si ha sido posible que haya vacunas y las haya habido tan rápido es por la cantidad de información que han podido compartir los científicos, por las nuevas tecnologías en manipulación genética y por la cooperación entre el dinero público y las empresas privadas.

Por eso esta mañana hemos viajado aquí, al futuro. A la vida vacunada contra el virus.