Cuatro generaciones contra el calor: la tienda de Zaragoza que mantiene vivo el arte del abanico

Las hermanas Marta, María y Patricia sostienen el legado de Víctor Redondo

Cuatro generaciones contra el calor: la tienda de Zaragoza que mantiene vivo el arte del abanico Miia

En el centro de la capital aragonesa existe una tienda que ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a hacer frente a un calor que cada vez aprieta con más fuerza. Las transformaciones del comercio no han cambiado la manera de trabajar de la tienda de Víctor Redondo, regentada actualmente por las hermanas Marta, María y Patricia Redondo, que representan la cuarta generación de una saga familiar dedicada a los complementos.

Víctor Redondo, bisabuelo de las hermanas, comenzó en 1922 con un taller de fabricación y reparación de paraguas, y ha ido evolucionando hasta llegar a ser uno de los negocios más reconocidos de la ciudad en venta de abanicos, sombrillas, bastones y otros accesorios.

El conocimiento de las actuales regentes de la tienda no procede únicamente de su formación académica, sino de haber crecido entre mostradores, estanterías repletas y tejidos estampados. Su llegada al frente de la tienda supuso una nueva evolución, incorporando complementos de moda, bolsos y joyeria adaptadas a las nuevas tendencias pero manteniendo la esencia del negocio.

Pese a la amplia gama de productos que ofrece la tienda, hay dos que siguen identificando a este pequeño comercio: los paraguas y los abanicos.

El calor dispara las ventas de sombrillas y abanicos

La ola de calor que atraviesa la Península ha tenido un efecto positivo en la venta de estos artículos. Entre ellos, la venta de sombrillas es la que más ha aumentado en los últimos años, según las hermanas Redondo, como respuesta ante la radiación solar en la calle.

Aunque ambos, abanicos y sombrillas, parecen artículos que se limitan a las personas mayores, las hermanas aseguran que cada temporada observan una mayor presencia de clientes jóvenes interesados, ya sea por evitar problemas en la piel o por alejarse de una exposición excesiva.

Los abanicos, en cambio, son un artículo demandado durante todo el año, aunque las olas de calor aumentan el volumen de ventas. De igual manera, la clientela es muy variada, tanto mujeres como hombres y personas de distintas generaciones que van a comprar siguiendo la tradición de sus padres o abuelos, algo que sostiene la supervivencia del negocio.

 

El abancio valenciano, una pequeña obra de arte

Uno de los aspectos más cuidados por la tienda es la de seleccionar los abanicos que se comercializan, ya que hace años que dejaron la fabricación propia. Actualmente trabajan principalmente con firmas españolas especializadas, especialmente de la Comunidad Valenciana, de donde se originan los abanicos artesanos españoles.

Los materiales utilizados varian profundamente desde maderas como sapeli, mongoi, sipo o peral, aunque este último suele incrementar los costes de producción. A la madera se suman tejidos como la seda y el algodón, además de trabajos pictóricos realizados por artistas especializado, que las convierten en auténticas obras de arte.

Es por ello que los precios pueden variar en gran medida, desde modelos sencillos de unos 16 euros hasta piezas artesanales mucho más exclusivas destinadas a coleccionistas.

Tradición frente a las nuevas tecnologías 

Pese a que hayan aparecido ventiladores portátiles y otros dispositivos electrónicos para combatir el calor, el abanico se mantiene con una presencia destacada. El uso del abanico sigue siendo cotidiano en espacios como el transporte público, las terrazas o eventos al aire libre. Este uso práctico se une a la estética de las piezas artesanales.

La explicación es sencilla para las hermanas Redondo:  "Es ligero, fácil de transportar y permite refrescarse en cualquier momento sin necesidad de baterías ni dispositivos externos", han detallado.

Algo parecido ocurre con las sombrillas, cuyos precios, asequibles, y la posibilidad de usarlas tanto en invierno como en verano, la han convertido en una alternativa cada vez más habitual durante los meses de verano. 

Es por ello que, aunque las tradiciones cambian y las modas evolucionan, Víctor Redondo permanece gracias a demostrar que la tradición puede adaptarse a los nuevos tiempos. Cuatro generaciones después, el negocio mantiene con la misma filosofía: ofrecer productos de calidad y conservar la cercanía con el cliente.