Crema solar en mayores: cómo proteger la piel en verano

Seguir las recomendaciones hace que la exposición solar no se convierta en un peligro

Crema solar en mayores: cómo proteger la piel en verano / Fuente: BigStock Miia

En verano, la exposición solar puede convertirse en uno de los mayores problemas para cualquier persona, pero la fragilidad de la piel en mayores acrecenta los riesgos de quemarse. El sol no es peligroso únicamente en la playa o la piscina, sino que se deben tomar precauciones diariamente, para dar un paseo, comer en una terraza o incluso para ir a comprar.

Con los años, la piel pierde grosor, elasticidad y capacidad de reparación, lo que supone mayor riesgo ante la radiación que provoca quemaduras, manchas o irritaciones si la piel no está protegida. Es por ello que el protector solar no debe entenderse como un producto ocasional, sino como una medida de prevención diaria.

Siguiendo las recomendaciones de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, se debe evitar la exposición solar entre las 12 y las 16 horas y utilizar protectores que cubran frente a radiación UVA y UVB, aplicados media hora antes de la exposición y reaplicar cada dos horas. Además, la crema no es sustituyente de otras medidas como el sombrero, las gafas de sol o la ropa ligera.

“La fotoprotección debe adaptarse a la situación funcional de cada persona. En ocasiones, la dificultad no está en conocer la recomendación, sino en poder aplicarla correctamente. Si hay rigidez en los hombros, dificultad para agacharse, pérdida de fuerza o deterioro cognitivo, zonas como la espalda, los pies o la parte posterior de las piernas quedan sin cubrir. En esos casos, ayudar a aplicar el protector también forma parte del cuidado preventivo, porque evita molestias que después limitan salidas, descanso o movilidad”, señala Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.

 

Crema solar en mayores: cómo proteger la piel en verano / Fuente: BigStock

Recomendaciones para mayores

Los especialistas de Sanitas Mayores han elaborado una serie de recomendaciones a seguir para proteger la piel ante la alta radiación veraniega.

En primer lugar, se debe aplicar antes de salir de casa, alrededor de 30 minutos antes de exponernos al sol, siempre teniendo la piel seca y limpia. En personas mayores, hacerlo antes de vestirse puede facilitar el cubrimiento de zonas que quedarán parcialmente expuestas, como hombros o escote.

De igual manera, es interesante seguir un orden concreto para evitar olvidar zonas sensibles. Conviene comenzar por la cara, cubriendo orejas, cuello y nuca, y, tras ello, continuar con manos, antebrazos, piernas y empeines. En caso de tener poco pelo conviene proteger el cuero cabelludo o utilizar sombrero.

Medir la cantidad utilizada es interesante para un buen uso del protector, sin quedarnos cortos pero tampoco usándolo en abundancia. La referencia marcada por las recomendaciones es de dos líneas de producto extendidas en dos dedos para la cara. Para el cuerpo, se recomienda unas dos cucharadas en total, dependiendo siempre del tamaño de cada persona y cómo de líquida sea la crema.

Asimismo, hay que reaplicar el producto siempre que corresponda, normalmente recomendado cada dos horas. Sin embargo, es necesario renovarlo siempre después de sudar, bañarse o secarse con una toalla, o bien cuando se sienta picor o ardor en la piel.

Es necesario prestar atención al estado de producto, para evitar usar cremas en mal estado que presenten cambios en el color, textura u olor. El calor acumulado en vehículos o bolsos puede favorecer al mal estado de los protectores.

Por otra parte, hay recomendaciones que no implican el propio protector pero que hay que tener en cuenta, como evitar la exposición prolongada, aunque sea para "acostumbrar" la piel. Estar al aire libre es saludable, pero se debe priorizar la salud y la seguridad, evitando salir a las horas de mayor exposición y hacerlo solo en caso de necesidad.

"El protector solar permite mantener salidas, paseos y actividades al aire libre sin asumir riesgos innecesarios. Incorporarlo a la rutina diaria, igual que la hidratación o la medicación pautada, facilita que el verano sea más seguro para las personas mayores y para quienes las acompañan”, concluye la directora Médica de Sanitas Mayores.