Tecnología

Los mayores ante la IA: por qué usar Internet hoy no garantiza seguir el ritmo mañana

Miriam Gómez Sanz

Sábado 4 de abril de 2026

4 minutos

La rápida evolución digital puede dejar atrás también a las nuevas generaciones

Los mayores ante la IA: por qué usar Internet hoy no garantiza seguir el ritmo mañana. Fuente: BigStock.
Miriam Gómez Sanz

Sábado 4 de abril de 2026

4 minutos

La mayoría de personas que hoy tienen entre 55 y 60 años está plenamente familiarizada con el entorno digital. A diferencia de generaciones anteriores, han incorporado Internet y los dispositivos electrónicos a su día a día. Pero esta experiencia no garantiza que, al envejecer, mantengan el mismo nivel de adaptación. Según el análisis del investigador Sergio Sayago Barrantes publicado en The Conversation, asumir que la brecha digital desaparecerá de forma natural es una simplificación. La tecnología evoluciona a un ritmo constante y lo que hoy resulta familiar puede quedar obsoleto en pocos años.

La expansión de la inteligencia artificial generativa está acelerando aún más ese proceso. Sus aplicaciones se extienden a ámbitos como la educación, el empleo, el transporte o la investigación, lo que refuerza la dependencia tecnológica en la vida cotidiana.

En este contexto, la experiencia previa con ordenadores o móviles no siempre resulta suficiente. El salto entre tecnologías puede ser comparable al que se produjo entre los antiguos teléfonos móviles y los actuales smartphones, que funcionan como pequeños ordenadores. Así, saber utilizar herramientas digitales hoy no implica necesariamente poder desenvolverse con las que llegarán en la próxima década.

Estar acostumbrado a utilizar el móvil no garantiza saber usar la IA. Fuente: BigStock.
Estar acostumbrado a utilizar el móvil no garantiza saber usar la IA. Fuente: BigStock.

Tecnologías que no piensan en los mayores

Sayago también pone el foco en las dificultades prácticas que encuentran muchas personas mayores al interactuar con la tecnología. Entre ellas destacan interfaces poco intuitivas, terminología compleja o confusa, procesos técnicos como actualizaciones o configuraciones y sistemas de seguridad cada vez más exigentes, como contraseñas o verificaciones en dos pasos. A esto se suman cuestiones físicas, como la necesidad de adaptar el tamaño de textos e iconos para facilitar la lectura.

Más allá de las barreras técnicas, el principal obstáculo está en la capacidad de aprendizaje y memoria. Con la edad, adquirir nuevas habilidades y retener información puede resultar más difícil, especialmente cuando las herramientas no están diseñadas pensando en eso. 

El análisis de The Conversation destaca que las personas mayores no han sido tradicionalmente el público objetivo en el desarrollo tecnológico. Esto se traduce en productos que no siempre tienen en cuenta sus necesidades reales. En algunos casos, las soluciones específicas para mayores pueden incluso reforzar estereotipos negativos asociados a la edad, lo que provoca rechazo entre los propios usuarios.

Sin embargo, Sayago defiende que la situación no es irreversible. El desarrollo de tecnologías más accesibles, intuitivas y centradas en las personas puede reducir el riesgo de exclusión digital. El reto pasa por diseñar herramientas que tengan en cuenta la diversidad de usuarios y por anticipar que el envejecimiento es una realidad que afectará a toda la población.

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Miriam Gómez Sanz

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