"El conocimiento de los trabajadores sénior no se puede sustituir ni por IA ni por manuales"

La psicóloga Ana Varela aborda el edadismo laboral en la novela '55 años y 100 lentejas: Parado'

Ana Varela aborda el edadismo laboral en la novela '55 años y 100 lentejas: Parado' Miia

Ana Varela (@varelavito) es psicóloga especializada en estrés laboral, acoso y prevención de riesgos psicosociales. Lleva años escribiendo ensayos sobre el mundo del trabajo, pero con su última obra ha decidido dar un giro y se ha pasado a la novela. El resultado es 55 años y 100 lentejas: Parado, una historia sobre Manuel, un profesional de 55 años al que acaban de despedir y que se enfrenta, sin mapa ni brújula, al laberinto del desempleo tardío.

Hablamos con ella sobre el libro, sobre la discriminación por edad en el mercado laboral y sobre lo que pierden las empresas cuando presciden del talento sénior.

PREGUNTA.- Llevas años escribiendo ensayos sobre el mundo del trabajo. ¿Qué te llevó a dar el salto a la novela?

RESPUESTA.- Pues precisamente eso, que los ensayos se me quedaban cortos. O más bien, se le quedaban cortos al lector. Escribes sobre el estrés, el acoso, los riesgos psicosociales… y el tema se enfría. Lo lees como si fuera una guía, piensas "qué pena" y sigues adelante. En cambio, la narrativa, la emoción, los personajes de carne y hueso, eso sí llega. Así que dije: "Voy a probar con la novela". No porque no me guste el ensayo —me gusta y sigo con él—, sino porque quería que este tema en concreto le llegase a la gente de verdad, a la carne.

P.- ¿Y cuál es ese tema?

R.- El desempleo a partir de cierta edad. En el libro he puesto 55 años porque me parece una edad especialmente complicada para encontrar trabajo. No eres mayor, pero ya no eres joven. Estás en tierra de nadie. Y el problema está ahí, es enorme, pero no se está hablando de él con la profundidad que merece.

P.- Cuéntanos quién es Manuel, el protagonista.

R.- Manuel tiene 55 años y trabaja en recursos humanos. Le despiden y lo primero que hace es lo que haría cualquiera: busca trabajo de manera ordenada: manda currículums, se apunta a ofertas... Pero no sale nada. Y ahí empieza la novela de verdad, porque eso que leemos en tantos titulares —"Los mayores de 50 no encuentran trabajo"— Manuel lo vive desde dentro. Hace cursos, pero ve que los cursos no le sirven. Le proponen que se haga emprendedor y él dice que no es emprendedor. Va evolucionando, conoce gente, toma decisiones. Es un libro de supervivencia, pero con mucho humor y algo de sarcasmo, porque si no sería un dramón imposible de leer.

P.- ¿La historia está basada en casos reales?

R.- Sí y no, como cuando todos los que escribimos novelas decimos que la mitad es real y la mitad es ficción. Yo conozco a mucha gente en estas situaciones, escucho historias continuamente. Clientes, compañeros, conocidos. Ayer mismo hablaba con una compañera a la que se le acababa el subsidio de desempleo. Y uno ya no sabe qué decirle, ¿no? Pues esas realidades las he recogido, las he adaptado, y algunas las he exagerado para darles un poco de humor. Surrealismo necesario, porque si no el libro sería una tragedia pura.

"Estar un año buscando trabajo conlleva un desgaste psicológico enorme"

P.- Una de las cosas que llama la atención es que Manuel va al psicólogo. ¿Por qué era importante incluir eso?

R.- Porque es algo que no se suele hablar y que es fundamental. Si pasas un año o dos enviando currículums sin obtener respuesta, hay un desgaste psicológico enorme. No puedes pedirle mucho a esa persona. Manuel va al psicólogo porque quiere cuidarse, porque sabe que si no se cuida, cae. Y ese es uno de los temas centrales del libro: que el desempleo no es solo no tener dinero, es también una situación que agota la energía mental, la autoestima, la capacidad de seguir adelante. Eso no se está contemplando en las políticas ni en los discursos públicos.

P.- El título es curioso: 55 años y 100 lentejas: Parado. ¿De dónde viene?

R.- Me vino como un rayo. Las lentejas son comida de pobre, de día gris, de supervivencia. "¿Qué comemos este mes? Patatas y lentejas". Te llevan a la cotidianidad más básica, a esa vida de precariedad que empieza a construirse cuando pierdes el trabajo. Y hay una escena en el libro donde aparecen de verdad, y todo el mundo que lo ha leído me dice que les encantó ese momento.

 

55 años y 100 lentejas

 

P.- El libro también retrata cómo Manuel va renunciando a pequeñas cosas...

Sí, y eso es muy importante. El libro empieza con algo tan simple como Manuel diciéndose: "Ya no voy a tomar café por las mañanas, es un dinero". No es solo estar en paro. Es ir renunciando a una vida y montando, poco a poco, otra de precariedad. El café de por la mañana no es un derecho, pero es un mínimo. Y cuando empiezas a recortar ahí, algo cambia por dentro.

"Hay un prejuicio muy extendido: que los mayores exigen más derechos o protestan más"

P.- ¿Crees que las empresas son conscientes de la discriminación que ejercen contra los trabajadores sénior?

R.- Creo que hay de todo. Soy psicóloga y sé que actuamos en función de creencias que muchas veces no vemos. Si eres joven o eres mujer o eres mayor, la gente proyecta sobre ti cosas distintas sin ser consciente de ello. Los marcos mentales existen. Luego también hay una parte consciente y económica: contratar a alguien más joven puede ser más barato o más fácil de moldear. Y hay un prejuicio muy extendido, que es que los trabajadores mayores exigen más derechos o protestan más. Pero eso no es real. Lo que pasa es que acumulas experiencia, y esa experiencia te da pensamiento crítico. Y el pensamiento crítico no es criticar, es analizar. Ahí hay una confusión enorme, y yo la trabajo mucho en mis formaciones.

P.- Hablas de un cambio cultural necesario. ¿En qué dirección?

R.- En España buscamos mucho lo estándar: el curso estándar, el perfil estándar. Hay muy poca apertura a probar cosas distintas. Estuve un tiempo en Estados Unidos y la diferencia es llamativa: si tienes una idea, la gente te recibe, valora la iniciativa, te felicitan por aportar. Aquí eso no existe tanto. Y eso se nota en las aulas, en las empresas, en todos los grupos. No es una crítica gratuita, es algo que he vivido y observado durante muchos años trabajando en recursos humanos y dando formación en empresas.

P.- ¿Y qué se puede hacer con todo el conocimiento acumulado por los trabajadores sénior?

R.- Esa es la pregunta que me hago continuamente. Estamos desperdiciando ese conocimiento. Un profesional con 20 o 30 años de experiencia sabe cosas que no van a aparecer en ningún libro, porque son patrones que se construyen caso a caso, año a año. Ese conocimiento tácito y experiencial es valioso. No se puede sustituir con inteligencia artificial ni con manuales. Y sin embargo lo estamos perdiendo. Mi propuesta sería crear fórmulas flexibles: que una persona con 60 años pueda trabajar un día o dos a la semana, combinarlo con el desempleo o la jubilación, enseñar, transmitir. Eso no solo beneficia a las empresas o a los centros formativos. Beneficia también a la persona, porque le da significado, relación con los demás, actualización. Le hace sentirse válida. Y eso, psicológicamente, es fundamental.

P.- ¿Qué te gustaría que sintiese alguien de recursos humanos al cerrar el libro?

R.- Me gustaría que sintiese a Manuel como persona. No que le caiga bien, eso es diferente. Sino que le vea como alguien real, que le pasan cosas, que tiene una vida detrás. Porque a veces lo olvidamos. Despersonalizamos los procesos, descartamos currículums como si fueran fichas, y no respondemos ni cuando alguien escribe. Y el rechazo social duele igual. No es una metáfora, hay estudios que lo demuestran. No te pido que contrates a alguien que no encaja. Te pido que el proceso sea profesional y humano. Que se conteste. Que haya respeto. Y luego, la segunda reflexión sería esta: ¿es inteligente perder todo ese conocimiento experiencial? ¿No sería mejor aprovecharlo de alguna forma, en beneficio de todos?

P.- ¿Habrá segunda parte?

R.- Lo estoy pensando. El libro ha quedado abierto, con posibilidad de continuación. Y los tiempos cambian tan rápido que hay mucha materia. Ahora estoy también con un ensayo nuevo, así que tengo trabajo, pero la novela me ha gustado mucho como formato. Llega a sitios donde el ensayo no llega. Y si 55 años y 100 lentejas: Parado consigue que alguien empatice con Manuel, con su mujer, con todos esos personajes que van apareciendo en su camino, ya habrá valido la pena escribirla.