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Razones por las que las semillas de lino no pueden faltar en tu menú diario

Anna Blanco

Foto: Bigstock

Domingo 14 de febrero de 2021

5 minutos

Las semillas de lino poseen importantes propiedades nutricionales que aportan beneficios a la salud

Razones por las que las semillas de lino no pueden faltar en nuestro menú diario
Anna Blanco

Foto: Bigstock

Domingo 14 de febrero de 2021

5 minutos

Las semillas de lino, junto a las de chía, sésamo o girasol, han ido cobrando protagonismo en los últimos años como un elemento a tener en cuenta en nuestra dieta gracias a sus valores nutricionales. Y es que son múltiples las ventajas que puede aportar a nuestro organismo su consumo habitual. Repasemos en este artículo sus propiedades, beneficios para la salud, así como las formas de consumirlas.

Propiedades de las semillas de lino

Las semillas de lino, también conocidas como linaza, se extraen de la planta del lino (Linum usitatissimum), de donde también salen fibras textiles conocidas por el mismo nombre. Las semillas de lino poseen tres propiedades nutricionales principales:

  • La primera es su alto contenido en ácido linolénico, uno de los ácidos grasos Omega-3  (parte de las grasas insaturadas que pueden ser beneficiosas para nuestro organismo). Así, por cada 100 gramos de semillas de lino hay cerca de 22 gramos de omega 3 y el aceite tiene alrededor de 53% de esta grasa saludable.
  • Otra de las propiedades nutricionales de las semillas de lino es la presencia de lignanos, unos compuestos similares a la fibra por lo que aportan múltiples beneficios para la digestión y además son antioxidantes. Por otra parte, la linaza también contiene mucílagos, fibras que cuando se disuelven en agua forman un gel con un efecto muy beneficioso sobre el tracto intestinal.
  • Y la tercera gran propiedad de las semillas de lino es su aporte en vitamina B1, un nutriente que participa en los procesos de producción de energía a partir de los alimentos y resulta esencial para la salud del corazón y del sistema nervioso. En este sentido, con el consumo de 15 gramos de semillas conseguimos cubrir cerca del 15% de las necesidades diarias.
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Beneficios del lino

Las tres propiedades nutricionales descritas actúan para conseguir:

  • Acelerar el tránsito intestinal y combatir el estreñimiento además de tener un efecto prebiótico que favorece la flora intestinal. 
  • Disminuir diferentes factores de riesgo cardiovascular gracias a sus compuestos fenólicos y sus propiedades antioxidantes, así como su fibra y sus buenas grasas ya que tienen un efecto hipolipemiante (disminuye los niveles de lípidos en sangre). Un ejemplo es el control de la presión arterial alta 
  • Reducir la incidencia y proliferación de tumores gracias a sus lignanos que tienen propiedades antioxidantes y de estrógenos por lo que ayudan a reducir el riesgo de cáncer (especialmente de cáncer de mama en las mujeres postmenopáusicas).
  • Controlar el azúcar en sangre debido a su contenido en fibra insoluble por lo es un aliado para las personas diabéticas. 
  • Bajar de peso (o controlarlo) por su contenido en fibra que ayuda a reducir el hambre y aporta sensación de saciedad.
  • Reducir la inflamación por su alto contenido en mucílagos y gracias las propiedades antiinflamatorias de los ácidos grasos omega 3. De esta manera, reduce la inflamación en vejiga, riñones y uretra o en estómago e intestino.

Cómo tomar las semillas de lino

La mayoría de los expertos en nutrición recomiendan la linaza molida porque es más fácil de digerir. La linaza entera puede pasar por el intestino sin digerirse por lo que no aprovecharíamos todos los beneficios. 

En este sentido, es posible comprar semillas ya molidas, pero no aguantan más de seis semanas en la nevera por lo que lo mejor es moler las semillas enteras con un molinillo de café o de especias justo antes de consumirlas. Las semillas enteras pueden conservarse en la nevera o en un lugar fresco, oscuro y seco durante 12 meses.

Otra opción, además del aceite, es germinar las semillas que se pueden incluir en ensaladas y otros platos. Solo hay que poner las semillas unas 8 horas en remojo, escurrirlas y guardarlas un poco húmedas en un bote tapado con una gasa (o una germinadora) y esperar unos 7 u 8 días. Una vez germinadas podemos guardarlas hasta cinco días en la nevera.  

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