Verano y alzhéimer: 10 consejos para afrontar el calor y los cambios de rutina de estas fechas
Es clave extremar la hidratación, mantener las rutinas y adaptar las actividades a sus capacidades
Con la llegada del verano, llegan también a los hogares los cambios de rutina, los desplazamientos vacacionales o las altas temperaturas que pueden suponer un auténtico reto para las personas que sufren alzhéimer y sus allegados.
Debido a la enfermedad, algunas personas pueden tener más dificultades para reconocer señales como la sed, el calor o el malestar físico, lo que incrementa el riesgo de deshidratación y hace especialmente importante la supervisión por parte de familiares y personas cuidadoras.
"El verano no tiene por qué ser una época problemática para las personas con alzhéimer, pero conviene planificar los cambios propios de estas fechas y prestar especial atención al impacto del calor. Mantener ciertas rutinas, favorecer la hidratación y conocer las señales de alerta de una posible deshidratación o un golpe de calor puede contribuir a prevenir complicaciones y a que tanto la persona afectada como quienes la cuidan disfruten de este periodo con mayor tranquilidad", explica la Dra. Elena de Andrés, psicóloga y coordinadora terapéutica de los programas grupales de intervención de la Fundación Pasqual Maragall.

Recomendaciones para afrontar el verano
La Fundación Pasqual Maragall ha elaborado una lista de consejos sobre como hacer que la enfermedad no suponga un problema añadido en verano, sino que pueda llevarse con normalidad.
- Consultar con profesionales sanitarios
Según afirman los expertos, no existe una única manera de tratar a los enfermos durante el verano o una fórmula definitiva para organizar las vacaciones, sino que cada persona tiene unas necesidades diferentes, haciendo necesario consultar con profesionales sanitarios cualquier duda relacionada.
- Mantener rutinas y actuar con paciencia
Los cambios de horarios habituales de comidas, descanso o actividades cotidianas pueden llegar a facilitar la desorientación. Asimismo, conviene evitar los enfrentamientos ante posibles episodios de confusión, respondiendo con calma y empatía. En numerosas ocasiones la carga emocional negativa puede llevar a situaciones difíciles de gestionar.
- Reducir cambios de entorno y facilitar el proceso de adaptación
En la medida de lo posible, se recomienda limitar los cambios frecuentes de residencia habitual o los cambios de cuidadores. Al pasar tiempo fuera del domicilio al que se tiene acostumbrado, puede ser difícil identificar el entorno, por lo que es recomendable introducir objetos familiares o referencias cotidianas que puedan identificarse en caso de de desorientarse.
- Adaptar el entorno y favorecer la coordinación familiar
Si el enfermo pasa un tiempo con otros familiares o en un alojamiento turístico, son las familias las que deben adaptarse a sus hábitos y necesidades para favorecer la atención continuada y no dar lugar a situaciones de confusión.
- Proteger frente al calor
El riesgo de deshidratación en personas con alzhéimer es mayor debido a que les puede ser difícil reconocer la sed o el exceso de temperatura. De esta manera, se debe supervisar la hidratación constante, utilizar ropa ligera y transpirable, evitar la exposición al sol en horas del día en las que aumenta la radiación y procurar espacios frescos y bien ventilados.
- Reconocer señales de alerta
La confusión, somnolencia, fiebre, deshidratación o los mareos pueden llevar a una afectación por calor que requiere actuar con rapidez para no dejar que los síntomas persistan o empeoren, consultando con profesionales antes de actuar.
- Cuidar de quien cuida
El verano, además de un tiempo que requiere mayor cautela, es una oportunidad para que las personas que se encargan de cuidar de los enfermos durante el año puedan descansar. Las familias o personas del entorno pueden compartir responsabilidades para que los cuidadores tengan su momento de desconexión para garantizar su bienestar.
- Mantener la comunicación familiar
Para garantizar el bienestar de la persona con alzhéimer durante el verano, es importante la coordinación entre la persona cuidadora principal y el resto de familiares o personas de su entorno que puedan estar alerta de que todo vaya bien. Para ello, es importante informar sobre posibles cambios de ánimo, alteraciones en la rutina o síntomas de desorientación.
- Limitar los compromisos sociales
Es normal que en verano se tenga una actividad social mucho más intensa en la que comer fuera de casa, quedar con amigos o planear salidas formen parte de la planificación semanal. Sin embargo, los cambios de entorno y compañía constantes de las personas con alzhéimer hacen que la confusión sea constante. Por ello, se recomienda que si se cambia de compañía u hogar no sea de manera episódica sino durante estancias prolongadas de unas dos semanas para facilitar la adaptación.
- Adaptar las expectativas y disfrutar del tiempo compartido
A través de la planificación y la prevención, el verano puede ser una oportunidad para compartir actividades adaptadas a las capacidades de las personas enfermas y favorecer el bienestar de toda la familia.
