Conseguir hipoteca siendo sénior es misión casi imposible: plazos cortos, límites y garantías extra
Casi un 20% de quienes piden hipoteca tienen más de 55 años, el grupo de edad cuya demanda más crece
Que te concedan una hipoteca siendo sénior es más que complicado. Ya es difícil para comprar una segunda residencia vacacional o para cambiar a una casa mejor y ganar calidad de vida. Pero es casi misión imposible si se trata de la hipoteca para comprar el primer inmueble o para comprar vivienda habitual tras un divorcio gris. En esta carrera de obstáculos, la edad juega en contra: a los 50 años los plazos se acortan, lo que se traduce en elevadas cuotas; a los 60 la banca pide garantías adicionales... y a partir de esa edad conseguir un crédito hipotecario es más dificil que encontrar una aguja en un pajar.
Todo esto contrasta con el hecho de que la demanda es creciente: cada vez nos hipotecamos por primera vez siendo más mayores: la media ya está en 42 años, pero en zonas tensionadas alcanza los 50 años. A esto hay que añadir la demanda derivada del auge del divorcio gris, aquel que se produce a edades elevadas.
¿Hay límites de edad?
Pese a que no hay directrices por parte del Banco de España al respecto, sí que hay límites de edad para hipotecarse. No hay uniformidad, eso sí, cada banco tiene sus propias normas y lo que establece es una edad límite para dejar pagado el crédito hipotecario.
“Sí que hay una edad máxima para contratar una hipoteca. El límite es que termines de pagar la hipoteca entre los 70 y 75 años”, explica a 65YMÁS Laura Martínez, portavoz de iAhorro. “Si una entidad tiene como límite 75 años, y tú tienes 50, pues solo hay que hacer la resta. Eso determina la edad máxima a la que puedes pedir hipoteca”, añade.
“A partir de los 45 o 50 años, la banca empieza a ajustar la duración máxima de la hipoteca para que el préstamo termine antes de una determinada edad, normalmente en torno a los 70 o 75 años, según la entidad”, coincide Jorge González-Iglesias Baeza, CEO de Gibobs Allbanks.
“Lo llevamos tiempo denunciando, las dificultades que la banca pone para que las personas puedan tener acceso a préstamos hipotecarios” sostiene Anatolio Díaz, secretario general de la Federación de Jubilados y Pensionistas de UGT. “Sin duda, la banca selecciona muy bien cuáles son sus futuros clientes, y aquellos que suponen algún mínimo riesgo, automáticamente los excluyen”, añade.
La política de la banca es disuasoria, con las hipotecas y los préstamos a partir de cierta edad. Da igual que la esperanza de vida aumente. Sencillamente dan por sentado que es díficil que una persona mayor pueda asumir la devolución del préstamo, y nada, no te lo dan”, se lamenta Carlos San Juan, creador de la campaña ‘Soy Mayor, no idiota’. “Es otra discriminación, una más. Mantienen esos criterios y no es posible hacerles salir de ahí”, concluye San Juan.

Plazo de amortización, principal freno
Durante la burbuja inmobiliaria, justo antes del estallido de la crisis financiera de 2008, se concedían hipotecas por el mismo importe del precio de la vivienda, incluso en ocasiones más del 100%. Se tasaba por encima, para que los clientes dispusieran una liquidez adicional, por ejemplo, para amueblar la casa. Plazos de amortización de 40 años eran habituales, e incluso se llegaron a ver hipotecas a 50 años. La antigua caja de ahorro BBK fue la primera entidad en España que ofreció hipotecas a 50 años.
Hoy, eso es impensable. La recomendación del Banco de España es que no se concedan hipotecas a más de 30 años y que tampoco se presté más del 80% del valor de tasación de la vivienda. Y para los compradores, la recomendación del regulador bancario es que la cantidad de dinero destinada a pagar las cuotas de una hipoteca no supere el 35% de los ingresos mensuales netos de los titulares.
Por eso, para los sénior “el principal condicionante es el plazo”, explica Jorge González-Iglesias Baeza. “Eso implica que, aunque el cliente tenga buenos ingresos, puede encontrarse con cuotas mensuales más altas porque dispone de menos años para devolver el préstamo”.
“La mayor dificultad es el plazo, porque normalmente la mayoría de los bancos exige dejar pagada la hipoteca con 70 o 75 años, y no suelen ir más allá de esos años” coincide Laura Martínez. “Entonces, no podrías conseguir una hipoteca, por ejemplo, de 30 años, ni mucho menos de 40 años, tendrían que ser plazos más cortos. Esto hace que la cuota que va a pagar esta persona sea más elevada”. “Lo más importante es el plazo, que no pueden ser hipotecas de muy largo plazo, serán de 20 años como mucho” concluye la portavoz de iAhorro.
Garantías adicionales
En general, las condiciones que exigen los bancos a las personas con mayor edad son diferentes a las exigidas a los más jóvenes para cubrir ese mayor riesgo. Por ejemplo, además del seguro de vida, también se puede minimizar el riesgo con un aval de una persona más joven que acredite un nivel de ingresos determinado.
En ocasiones, una persona sénior se ve obligada a poner como cotitular de la hipoteca a alguno de sus hijos, nos explican los expertos. Además, “un cliente que avale la hipoteca con otra propiedad y que por ejemplo tenga una jubilación muy alta tendrá más opciones de alargar el préstamo hasta los 80 años”.
Analizar caso por caso
Conseguir o no una hipoteca, no depende solo de la edad y los plazos de amortización. Hay otros factores que intervienen: como si el titular cuenta con ahorros previos, sus ingresos mensuales y si éstos son o no estables, si cuenta con avales o seguros… Más allá de los criterios estandarizados, las entidades analizan cada petición de hipoteca.
“El tipo de interés dependerá más de la situación de la persona que de su edad… qué ingresos tiene, qué ahorros”, detalla Laura Martínez. “Lo más importante es la salud financiera de esta persona mayor de 50 años a la hora de solicitar la hipoteca”, concluye la portavoz de iAhorro.
“Las condiciones pueden variar mucho entre entidades”, coincide Jorge González-Iglesias Baeza. “Por eso es muy importante comparar bien. No todos los bancos aplican los mismos criterios ni valoran igual este tipo de perfiles”, añade el CEO de Gibobs.

Riesgos, negocio y responsabilidad social corporativa
Para la banca, un sénior tiene un mayor riesgo de no devolver la hipoteca. Por eso, cada entidad financiera establece sus propias normas en función de lo que determine su departamento de riesgos.
“Una vez más la banca demuestra claramente que lo único que le mueve es el interés económico puro y duro, y que cualquier operación con un mínimo de riesgo, sencillamente queda excluida. Y eso es lo que está pasando con los sénior”, sostiene el secretario general de UGT-UJP, Anatolio Díaz.
“¡Ojo!, porque para avalar no hay límite de edad, para avalar a un hijo, por ejemplo, ahí no hay ningún problema con las personas mayores. Ahí lo único que importa es que tengas bienes, dinero o propiedades. Es el doble rasero de las entidades a la hora de tratar a las personas mayores”, concluye Anatolio Díaz.
Demanda creciente
“Los mayores no son el grupo de edad que más hipotecas pide, evidentemente, pero es un porcentaje lo suficientemente importante como para que los tengamos en cuenta”, advierte Anatolio Díaz, de UGT-UJP. No le falta razón. Según los datos del Consejo General del Notariado, el 17,3% de la demanda de hipotecas pertenece a mayores de 55 años. Y un 28,7% de la demanda corresponde a la franja de entre 45 y 54 años.
Pero además, esa demanda es creciente. No en vano, quienes piden una hipoteca tienen entre 55 y 64 años, y representan el grupo de edad que más ha crecido, un 4%. Y aunque la demanda por parte de mayores de 65 años es escasa, representa también un grupo de edad en el que ha crecido, tres décimas.
Hipotecarse siendo sénior: motivos
Cuando un sénior se hipoteca, detrás hay realidades muy diferentes y perfiles variados. En primer lugar está quien compra su primera vivienda, que cada vez lo hace más tarde, porque la emancipación se retrasa. La edad media de compra de la primera vivienda está ya en 42 años, de media, pero hay grandes diferencias territoriales. En Madrid o Cataluña alcanza los 47 años y en Baleares y Canarias, ya está en 50 años.
Ahora bien, “el perfil mayoritario no es tanto el de quien pide su primera hipoteca, sino el de personas que buscan mejorar su situación residencial o financiera”, señala Jorge González-Iglesias Baeza. “Las personas de más edad suelen comprar su segunda residencia, para cuando se jubilen. Y ahí las condiciones hipotecarias cambian un poco, son algo peores”, detalla Laura Martínez.
"Vemos muchos casos de cambio de vivienda para ganar en calidad de vida, compra de una vivienda mejor ubicada o más adecuada a la nueva etapa vital, segunda residencia, inversión inmobiliaria o mejora de una hipoteca ya existente”., explica el CEO de Gibobs Allbanks. “En general, son clientes que no compran desde cero, sino desde una mayor experiencia financiera y con objetivos más claros”, añade.
A estos, hay que añadir un perfil más, cada vez más numeroso: el sénior que busca vivienda porque se ha divorciado y necesita otro lugar donde vivir. O que lo intenta.

La vivienda, freno al divorcio gris
En los últimos años, los juzgados han comenzado a registrar un fenómeno cada vez más frecuente: el aumento de divorcios en parejas de más de 55 años con muchos años de matrimonio a sus espaldas. Son los llamados 'divorcios grises'. Hace apenas unas décadas, divorciarse en la edad madura era un tabú. Ya no lo es.
Ahora bien, la vivienda es uno de los principales frenos para este tipo de divorcio. Cuando las economías son más ajustadas, ¿cómo buscar casa a una edad en la que pedir hipoteca es complicado y los ingresos son ajustados?.
"El económico es uno de los frenos más importantes a la hora de divorciarse” en edades maduras, confirma Inés Alberdi, precursora de la Sociología de Género en España, partícipe de la ley del Divorcio de 1981 y primera mujer española Directora Ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para las Mujeres (UNIFEM). “Si hablamos de una pareja ya mayor y asentada económicamente, con buenos medios, es más fácil tomar la decisión, porque para ellos supone un problema menor”. En ocasiones la venta de una buena vivienda, da para comprar dos inmuebles más pequeños y económicos, para cada uno de los cónyuges.
Los problemas aparecen cuando los cónyuges tienen una economía más ajustada, con un patrimonio escaso. Aun contando con vivienda en propiedad, su venta puede no ser suficiente para que dos personas, por separado, accedan al mercado inmobiliario.

