Expertos advierten de que las hipotecas para sénior exigen más garantías y ofrecen plazos más cortos
La edad de quien se hipoteca para su primera vivienda en regiones tensionadas ya está en 50 años
La escalada en el precio de la vivienda, la precariedad laboral y salarial, la inflación que dispara la cesta de la compra y el coste de la vida en general, el precio del alquiler que impide ahorrar y el hecho de que la banca ya no financie el 100% de un inmueble, han creado un cóctel explosivo que está retrasando el acceso a la vivienda. Cada vez nos hipotecamos a mayor edad. Los expertos así lo confirman.
“Desde Gibobs estamos viendo un crecimiento claro del interés de los perfiles mayores de 45 años por soluciones hipotecarias. No hablamos solo de primera vivienda, sino también de operaciones de mejora, cambio de vivienda, segunda residencia o inversión”, explica a 65YMÁS el consejero delegado y fundador del comparador y plataforma hipotecaria, Gibobs Albanks, Jorge González-Iglesias Baeza. “Es un perfil cada vez más activo porque suele combinar mayor estabilidad laboral, más capacidad de ahorro y una necesidad real de optimizar la financiación en un contexto en el que las condiciones pueden variar mucho entre entidades”, añade.
La edad media de quienes se endeudan para comprar su primera vivienda roza ya los 42 años. A esto se añade los sénior que también se hipotecan para realizar un cambio de vivienda o comprar una segunda residencia. “En conjunto, la franja de entre 45 y 65 años representa aproximadamente un 22% del total de solicitudes de hipoteca”, señala el experto en el sector hipotecario. A estos habría que añadir a los mayores de 65, que representan el 3% de quienes piden un crédito de este tipo.
Inconvenientes de pedir una hipoteca siendo sénior
El 32,6% de la demanda hipotecaria corresponde a prestatarios de entre 35 y 44 años, seguidos por el 28,7% de 45 a 54 años. Y aunque son menos, el grupo de edad que más ha crecido corresponde con quienes tienen entre 55 y 64 años. Representan el 14,6% de quienes piden hipotecas. En solo un año han crecido más de 4 puntos porcentuales. También crecen los mayores de 65 años que piden hipoteca, al pasar del 2,4% al 2,7%.
Ahora bien, más allá de dibujar un futuro de jubilados con deudas vivas y su casa sin pagar, ¿qué supone pedir una hipoteca a los 50 años? Porque, tal y como advierten los expertos, los sénior se enfrentan a algunas dificultades. “El principal condicionante es el plazo. A partir de los 45 o 50 años, la banca empieza a ajustar la duración máxima de la hipoteca para que el préstamo termine antes de una determinada edad, normalmente en torno a los 70 o 75 años, según la entidad”, explica Jorge González-Iglesias. “Eso implica que, aunque el cliente tenga buenos ingresos, puede encontrarse con cuotas mensuales más altas porque dispone de menos años para devolver el préstamo”, añade. “Por eso es muy importante comparar bien. No todos los bancos aplican los mismos criterios ni valoran igual este tipo de perfiles”.

Las fortalezas de los sénior
Por otro lado, también es cierto que un sénior que entra en una entidad financiera para pedir un crédito hipotecario, tiene algunos puntos a favor respecto a otros clientes. Por supuesto, lo que de verdad cuenta es el perfil de cada cliente y su situación personal y financiera pero, en general, los sénior tienen algunos puntos a favor. “Para las entidades financieras es un perfil muy atractivo porque suele aportar estabilidad. Son clientes con trayectoria laboral, ingresos más consolidados, mayor ahorro acumulado y, en muchos casos, menor nivel de endeudamiento que perfiles más jóvenes”, dice González-Iglesias Baeza. “Además, suelen tener una relación más madura con el crédito: saben lo que buscan, valoran la seguridad y, si la operación está bien estructurada, tienden a presentar un perfil de riesgo más bajo”, añade.
Perfil del hipotecado sénior
Pese a que la edad de quienes piden su primera hipoteca, para acceder a la propiedad de su primera vivienda va avanzando y ya se sitúa en una media de 42 años, llegando a los 50 en algunas regiones, el perfil mayoritario de los sénior que se hipotecan es diferente. “El perfil mayoritario no es tanto el de quien pide su primera hipoteca, sino el de personas que buscan mejorar su situación residencial o financiera”, explica el directivo de Gibobs. Es decir, propietarios que piden una hipoteca para cambiar de casa, a una vivienda mejor, o bien para comprar una segunda residencia vacacional, bien en la costa o bien en el pueblo.
“Vemos muchos casos de cambio de vivienda para ganar en calidad de vida, compra de una vivienda mejor ubicada o más adecuada a la nueva etapa vital, segunda residencia, inversión inmobiliaria o mejora de una hipoteca ya existente”, confirma Jorge González-Iglesias Baeza. “En general, son clientes que no compran desde cero, sino desde una mayor experiencia financiera y con objetivos más claros”, concluye.
El perfil de los sénior que piden hipoteca se puede afinar aún más. “Dentro de los solicitantes mayores de 45 años, vemos principalmente tres perfiles. Entre los 45 y los 55 años está el grupo más activo, normalmente en un momento de consolidación profesional y familiar. Entre los 55 y los 60 años encontramos perfiles con mayor capacidad de ahorro, aunque con más limitaciones en plazo hipotecario. Y a partir de los 60 años, las operaciones suelen ser más selectivas, con menor financiación solicitada, más aportación inicial o una finalidad más patrimonial”, detalla el CEO de Gibobs.

Límites de edad
Tanto si es para comprar una segunda residencia, para mejorar la vivienda y ganar calidad de vida, o comprar una primera propiedad, los sénior pueden chocar contra un muro cuando quieren contratar una hipoteca: los límites de edad.
“No existe un único límite universal, porque cada banco tiene sus propios criterios, pero sí hay una regla bastante habitual: muchas entidades quieren que la hipoteca esté completamente amortizada antes de que el cliente alcance los 70 o 75 años”, confirma Jorge González-Iglesias Baeza. “Por eso, a partir de los 55 años puede ser más difícil conseguir plazos largos y, por tanto, cuotas más cómodas. Y a partir de los 60, la operación suele requerir más aportación inicial, menor importe financiado o garantías adicionales” advierte el CEO de Gibobs.
“La clave no es solo la edad, sino cómo se combina con los ingresos, la estabilidad, el ahorro, la finalidad de la compra y el plazo solicitado. En este tipo de operaciones, comparar bien es especialmente importante, porque las diferencias entre entidades pueden ser muy relevantes. En Gibobs ayudamos precisamente a estructurar cada caso y a identificar la opción que mejor encaja con las necesidades reales de cada cliente”.


