Economía

Guindal: “Soy el periodista que más caro le ha salido a la democracia”

Pepa Montero

Miércoles 20 de marzo de 2019

9 minutos

“Las pensiones no se blindan por ley, hace falta mayor productividad”

Mariano Guindal, periodista, escritor y tertuliano, decano de la prensa económica española.

Mariano Guindal es periodista, escritor y tertuliano. Este decano de la prensa económica española tiene 68 años pero no se considera un viejo. Lleva más de una década luchando contra el cáncer aunque no permite que la enfermedad domine su vida. Su último libro, Un hombre con buena suerte (Península 2018), lo terminó en la Antártida, durante un largo viaje en crucero con su familia.

“Lo importante es tener un proyecto. Yo escribo en La Vanguardia todas las semanas, en El Economista, doy tertulias, asesoro y estoy lleno de ilusión”, relata en esta entrevista donde repasa la actualidad del periodismo y de la economía y no duda en afirmar que los pensionistas son “los que menos hemos sufrido la crisis” o que no es posible blindar las pensiones pues “lo único que las asegura es tener una economía más productiva”.

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Mariano Guindal, con su madre y sus dos hermanas en 1955.

Guindal fue un niño pobre de solemnidad, nació en las chabolas de Madrid y estuvo en un orfanato. Trabajaba de botones y por la noche estudiaba bachiller en una academia nocturna. Su primer empleo como periodista fue en la agencia Colpisa de la mano de Manu Leguineche, y su gran exclusiva, la noticia que precipitó la expropiación de Rumasa. La publicación de esa exclusiva le costó al Estado español un billón de pesetas, de ahí que Mariano Guindal sea "el periodista que más caro le ha salido a la democracia española”.

Has vivido mucho en lo personal y en lo profesional…

La generación que hemos nacido en los años 50 hemos tenido la fortuna de vivir un cambio histórico irrepetible. Hemos padecido una dictadura, conocido el final del franquismo y el inicio de una monarquía parlamentaria y hemos creado un nuevo Estado. Somos la generación de los milagros. Hemos vivido el fin de un siglo, el inicio de un milenio, el final de una era (la analógica), el comienzo del universo digital. Hemos visto la llegada del hombre a la luna y cómo nacía Internet. 

La longevidad es otro prodigio.

Claro, ahora la edad biológica se ha retrasado mucho y con 68 años que yo tengo no me considero viejo porque la tecnología y los avances médicos me permiten mayor calidad de vida. Mi último libro, Un hombre con buena suerte, lo acabé en la Antártida, durante un viaje en crucero con mi familia, y mi sorpresa fue que personas de 80 años en sillas de ruedas estaban allí, en el fin del mundo, igual que yo, que viajaba en pañales por las secuelas de mi cáncer.

Mariano Guindal, rumbo a la Antártida.

Mariano Guindal, rumbo a la Antártida.

"El milagro económico no se debe a Aznar" 

Llevas trabajando más de 50 años y ni piensas en retirarte.

Quiero seguir trabajando, he acumulado mucha experiencia que puedo emplear en infinidad de materias. Mi libro es la historia de la generación de los 70, una generación de éxito protagonista del milagro económico español. Pero ese milagro no se lo debemos a José María Aznar ni a ninguna élite; se lo debemos a mi madre, que fregaba escaleras para que yo estudiara, o a la de Carlos Solchaga, que cosía para darle estudios, o al padre del juez Garzón, que era agricultor. El milagro económico es del pueblo llano.

El año pasado ganaste el I premio de Periodismo Económico Carlos Humanes por tu larga y fecunda trayectoria profesional. Uno de tus bombazos periodísticos fue destapar la quiebra de Rumasa. 

Sí. En una comida con periodistas en 1983 yo pregunté al ministro de Economía, Miguel Boyer: “Señor ministro, ¿qué pasa con Rumasa?”. Y él se puso muy nervioso (estábamos en los postres tomando un borracho y se le cayó la guinda en el traje) y contestó: “pues que como no me den la auditoría que les he pedido les mando a los inspectores del Banco de España”. Al día siguiente de publicar la exclusiva, la gente se asustó y sacó 10.000 millones de los bancos de Rumasa, y el Gobierno socialista, para evitar comerse el marrón de una quiebra, lo que hizo fue nacionalizar Rumasa y demostrar que allí había un quebranto de un billón de pesetas. El ministro de Trabajo de entonces, Joaquín Almunia, siempre dice que soy el periodista que más caro le ha salido a la democracia española. "Nos has costado un billón de pesetas”, repite cada vez que me ve.

 

Último libro publicado por Mariano Guindal.

Portada de su última obra (Península 2018). 

En tu libro también cuentas un affaire con el comisario Villarejo…

Le conocí hace 40 años cuando era responsable del Sindicato Profesional de Policía y ya entonces me grababa. Cuando se gestaba la lucha de Sacyr por el BBVA, Villarejo me invitó a una mariscada al lado del banco, y me grabó. Todas estas prácticas de grabaciones y coacciones vienen de muy lejos, pero a mí no me preocupan porque cuando yo hablo es como si estuviera hablando en Radio Nacional de España.

“Sanidad y pensiones, el mayor problema” 

Has escrito miles de veces sobre pensiones, viste nacer el Pacto de Toledo y cómo fracasaba este año. ¿Cuál dirías que es el principal problema de España?

El problema económico más importante es la sanidad y las pensiones, debido a que la población está alargando su expectativa de vida. Yo, que tengo 68 años, espero vivir más de 85 años y padezco un cáncer hace casi 13, pero la ciencia me está permitiendo extender mi vida. Los mayores consumimos mucha sanidad y pensiones, los nuevos pensionistas se jubilan con prestaciones más elevadas de las que cobran quienes fallecen, así que garantizar el Estado del bienestar exige una economía mucho más productiva.

Existe un clamor para blindar las pensiones por ley, ¿lo ves posible?

Lo único que blinda las pensiones es que haya dinero para pagarlas. España es uno de los países con mayor deuda del mundo (98% del PIB, un billón de euros), tenemos un déficit del 2% (gastaremos 22.000 millones más de los que ingresamos). Las pensiones no se blindan por ley, se blindan con mayor productividad.

¿Hay que retocar carreras de cotización y edad de retiro?

La jubilación en todos los países, incluso en Alemania que es el más rico y productivo de la UE, se está planteando a los 70 años. Yo empecé a trabajar a los 14 años y sigo trabajando. No podemos pensar que mi hijo, que ha comenzado a cotizar a los 26 años, se jubilará a los 65. Y las pensiones tienen que subir cuando la economía crece; si no crece, los pensionistas tendremos que hacer los mismos sacrificios que el resto. De hecho, los que menos hemos sufrido la crisis hemos sido los pensionistas porque no se nos ha recortado la pensión e incluso ha habido años en que la inflación era menor que la revaloración de la pensión.

No nos hemos recobrado del todo de la crisis y ya se habla de otra…

La economía española es como las flores en el desierto, que en cuanto reciben un poco de agua les brota una flor. Es verdad que nos amenazan con una nueva crisis, pero no será como la de 2008 ni será una crisis financiera. En España en la próxima legislatura tenemos la gran oportunidad de situar la economía en el centro y amortiguar el impacto de la revolución tecnológica (inteligencia artificial, robótica…) Y tenemos que hacerlo ya, aprovechando que en los próximos cuatro años no habrá elecciones.

Sin embargo, seguimos enredados con las dos Españas, la reconciliación nacional o la exhumación de Franco.

Pensábamos que habíamos superado la idea de las dos Españas, la de los rojos y la de los azules, y la gran decepción es que los nuevos políticos están reabriendo viejas heridas.

¿Te atreverías a decir cuál ha sido el mejor y el peor presidente del Gobierno?

El mejor, el Felipe González de la transición porque hizo que España funcionase más allá de las ideologías. La idea de González era lograr que España se adaptase a Europa y diésemos un salto cualitativo. Y así fue: de la crisis de 1982 nos convertimos en uno de los casos de éxito en Europa. La gran cualidad de González fue la reconciliación entre las dos Españas. Y el peor presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, por negarse a ver la crisis y tardar tanto en hacerle frente.

Fake news, redes sociales y Cataluña 

¿La prensa tradicional en papel está herida de muerte?

El periodismo sufre porque las empresas son muy débiles, la publicidad se ha fugado hacia los medios digitales, los periodistas están mal pagados, existe poca seguridad, no se contrastan las noticias y se hace lo que sea para lograr audiencia. Y eso va contra la esencia del periodismo, que yo entiendo como una vocación de dar información veraz y honesta para que el ciudadano se forme sus ideas y tome sus decisiones.

Los gigantes como Facebook o Twitter lo saben todo de nosotros, y también empiezan a saberlo los partidos políticos…

Ahora mismo, los logaritmos permiten fabricar una ficha de los ciudadanos con sus gustos, creencias, consumo… y eso en manos de los partidos políticos ya se está usando para enviar correspondencia, por ejemplo, inundando los perfiles en las redes sociales con información favorable a ellos. En suma, tratan de crear una corriente de opinión acorde a sus intereses. Lo que ha pasado con el Brexit es un ejemplo de cómo se manipulan las conciencias en beneficio de intereses bastardos.

Las fake news y las redes sociales tienen mucho que ver en el conflicto catalán.

El gran error con Cataluña es que se está viendo como un problema de España, y en realidad lo es de toda Europa. Las grandes potencias (Rusia, China y Estados Unidos) están muy interesadas en debilitar al euro y a Europa. ¿Y cómo se debilita a Europa una vez que el Brexit está en su última fase? Pues desestabilizando España al poner a Cataluña en pie de guerra, y esto no es especulación: se lo he escuchado decir a uno de los ministros más fuertes del Gobierno. El tema catalán es crucial; España no se puede gestionar con una Cataluña sublevada, así que habrá que llegar a algún entendimiento para que los independentistas tomen tierra como se hizo con ETA.

Tú llegaste al periodismo desde una familia realmente humilde...

Yo de niño era pobre de solemnidad. Nací en las chabolas de Madrid, me quedé huérfano de padre a los 18 meses, estuve en un orfanato y mi madre fregaba escaleras para mantenernos a mí y a mis dos hermanas. Me hice periodista porque siempre he querido preguntar, porque tengo una enorme curiosidad. Entré en la facultad de Ciencias de la Información en la segunda promoción y al día siguiente me lancé a buscar trabajo. Un profesor me habló de una agencia de noticias que dirigía un tal Manu Leguineche, fui a verle y cuando me preguntó qué sabía hacer le dije: “nada, pero estoy dispuesto a aprender”. Me contrató, claro, y Manu fue el padre que perdí y yo fui el hijo que él no tuvo.

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Mariano Gindal, un hombre con buena suerte.

Eres autor de El declive de los dioses (2011), libro de referencia para entender la transición, y Los días que vivimos peligrosamente (2012). Ahora en Un hombre con buena suerte revelas infinidad de aventuras, muchas de ellas íntimas...

Es un libro de viajes en el que narro a mis hijos la historia de mi vida y de mi profesión. Son las crónicas que estaban en el tintero del alma y en ellas repaso desde la terrible experiencia viajando con mi hija Carlota por India cuando le dio un ataque de apendicitis, a las prácticas de soborno a periodistas cuando nos contaban información privilegiada “no para publicarla, sino para que te forres”. Episodios como el de Luis Blázquez, que siendo consejero delegado del Banco Central me ofreció una tarjeta Visa Oro cuando yo no tenía cuenta en ese banco y mi sueldo era una miseria. Me dije a mí mismo: ¡vaya, me están proponiendo un soborno con un acuse de recibo! Porque si llego a aceptar la tarjeta y compro algo y firmo el recibo, si algún día escribo algo que no les gusta, pues me habrían llamado y advertido: “Tenemos recibos firmados por ti por un millón de pesetas; o haces lo que decimos o te obligamos a pagar todo lo que has comprado”. Así que ya ves que el tema de las tarjetas black no es nada nuevo.

¿Has escrito este libro como una celebración de la vida?

Mi gran proyecto de vida es mi familia, me gusta viajar con mis hijos, ahora lo hago con Sam. La curiosidad me ha llevado a saber qué pasa en India, a visitar los slums, esas barriadas de chabolas que tanto me recordaban a las casuchas de traperos en Madrid. Y no lo dudo: me voy al polo sur en pañales si hace falta, en compañía de mi mujer, Mar Díaz-Varela, con la que he estado haciendo periodismo 25 años, los dos sobre el mismo ordenador porque formábamos equipo. Juntos hemos visitado Cuba, India, China (hemos estado diez veces). Viajar es terapéutico, te quita la tontería de mirarte el ombligo, un vicio muy común en los españoles.

Mariano Guindal, con su mujer Mar y el hijo de ambos, Sam.

Mariano con su mujer, Mar, y Sam, hijo de ambos.

¿Cuál será el próximo viaje de Mariano Guindal y familia?

Australia y Nueva Zelanda son nuestros próximos proyectos, afortunadamente hoy se puede viajar aunque estés delicado de salud. Y yo pienso dar todavía mucha guerra. Tengo claro que yo me moriré el día que pierda la ilusión.

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AMPARO MORATAL Hace 8 meses
Te quiero mucho. Eres muy bueno.
Manuel Moreno Capa Hace 1 año
¡Qué grande, el maestro Mariano Guindal!
Chema Menéndez Hace 1 año
Magnífico el reportaje Enhorabuena a Mariano Guindal por su entereza y aportación a la sociedad a través de su labor periodística.Sobre el tema de las pensiones pienso que el blindaje constitucional de las pensiones a través de una mejora de la productividad como bien dice Mariano Guindal junto a una eficaz fiscalización y la participación del Estado sería muy útil como apoyo solidario a las futuras generaciones y sobretodo para que de una vez por todas dejen de meternos miedo a los pe