Pensiones

Iñaki Ortega: "La hipoteca inversa ahora no funciona, pero ha de funcionar"

Pepa Montero

Domingo 14 de julio de 2019

8 minutos

“Las pensiones no quebrarán, aunque serán más bajas", dice el director de Deusto Business School

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School.

Antonio Huertas: "Hay que poner en marcha sistemas de ahorro complementarios vinculados al empleo"

De la Dehesa: "Van a quebrar las pensiones y hasta la Seguridad Social si no se hacen reformas"

La mayor preocupación financiera de los españoles es no tener suficiente dinero para su jubilación

 

“Hay que acabar con el sesgo que identifica longevidad con problemas. De hecho, la longevidad es una grandísima noticia y sus efectos positivos compensan los negativos", asegura Iñaki Ortega (@InakiOrtega), doctor en Economía, profesor universitario, consultor y emprendedor y actualmente director de Deusto Business School (@deustoDBS). Para este experto en innovación y emprendimiento corporativo, “las empresas tienen que dejar de obsesionarse con la juventud”, y los políticos ponerse de acuerdo en afrontar los problemas de las pensiones, la financiación de la jubilación, la retención del talento sénior, la sanidad o la falta de ahorro.

Junto al presidente de la aseguradora Mapfre (@MAPFRE), Antonio Huertas (@ahuertasmejias), Ortega ha lanzado el proyecto AgeingNomics [de los términos ageing (envejecimiento) y nomics (economía)] para poner el acento en las oportunidades que supone la longevidad. Uno de los primeros frutos ha sido el libro La revolución de las canas, donde ambos autores muestran que la mayor esperanza de vida es "un dividendo inesperado que estimulará el crecimiento económico porque permitirá que millones de personas entre los 50 y los 70 años sigan trabajando, ahorrando, creando y consumiendo. Lo que hará posible que nazcan nuevas industrias y nuevos emprendedores, muchos de ellos séniors".

PREGUNTA.- ¿Hasta cuándo podremos seguir retrasando las reformas en pensiones, habida cuenta de que somos cada vez más longevos y vivimos más años jubilados?

RESPUESTA.- Me parece muy preocupante que en el tema de las pensiones estemos procrastinando, retrasando la toma de decisiones. Porque no hay tiempo que perder. Y tampoco podemos eludir el problema del talento sénior en las empresas: hay que evitar la pérdida de miles de trabajadores de cincuenta y tantos años que son despedidos o incluidos en un ERE únicamente por razón de la edad.

P.- Día sí, día no, despertamos con noticias alarmantes sobre la insostenibilidad de las pensiones o la quiebra de la Seguridad Social. Pocos hablan en cambio de fórmulas para aliviar el gasto, como la jubilación activa…

R. Abrir el melón de compatibilizar pensión y trabajo de una manera amplia es algo pendiente en España, pero en los países donde se fomenta es un sistema que funciona, porque la gente sigue cotizando (y por tanto ingresando a la Seguridad Social) y además recibe ingresos extras que repercuten en una mayor renta personal y familiar. Y esto además contribuye a aumentar el consumo público, la tasa de ahorro, la población ocupada o la recaudación por impuestos. Todo son ventajas.

 

foto deusto sin logo

 

 "En media Europa funciona ya el sistema de afiliación automática a planes de pensiones de empresa"

P.-¿Cree que existe un miedo exagerado a tocar todo lo que tenga que ver con las pensiones públicas?

R.- Desde luego. De hecho, el consenso alrededor del Pacto de Toledo está roto porque los políticos quieren sacar beneficios a corto plazo y no se arriesgan a realizar movimientos que les puedan hacer perder votos. Pero si no lo hacen, a largo plazo perderán todos los partidos, el PP, el PSOE, ya que el sistema sin reformas es insostenible. Otro aspecto clave es estimular la colaboración y el compromiso de las empresas con la pensión de sus empleados, como están haciendo ya en países de media Europa. Por ejemplo, en el Reino Unido y en Italia funciona el sistema de afiliación automática a planes de pensiones de empresa, donde las compañías cotizan en un fondo privado por sus trabajadores, en el que también realizan aportaciones los propios empleados.

P.- En España los planes de pensiones de empresa están estancados en número, en patrimonio, en partícipes…

R.- Sí. Los planes de empresa tradicionales y de gran envergadura los tienen los bancos, eléctricas, Telefónica, pero es un sector minoritario que no crece. Sin embargo, existen otras iniciativas muy interesantes que explorar. Ahora mismo, en Guipúzcoa existe el único fondo de empleo que está funcionando: Geroa. Hay 8.000 empresas afiliadas, todas ellas con el sistema de afiliación automático, lo que implica que si tú entras a trabajar en una de estas compañías (alguna tan conocida como la multinacional CAF), obligatoriamente una parte de tu sueldo va al plan de pensiones, pero la empresa aporta dos o tres veces la cantidad que tú pones todos los meses. ¿Es posible darse de baja de este sistema de afiliación automática? Sí, al cabo de seis meses y haciendo un escrito.

P.-Las pequeñas y medianas empresas, que son la inmensa mayoría del tejido empresarial español, no están por la labor de impulsar los planes de pensiones de empleo…

R.- Falta voluntad y ganas de ponerse a ello. Por ejemplo, la patronal del textil podría hacer un plan piloto con todas las tiendas de Madrid, o la patronal de los seguros o la de las clínicas estéticas. Y luego están los sindicatos, que yo desearía que reclamasen estas cosas, pero ven la previsión social privada con ojos negativos porque piensan que todo debe surgir de las pensiones públicas.

"En la sociedad española existe un consenso absoluto en no tocar a los pensionistas actuales"

P.- ¿Veremos la quiebra de las pensiones públicas?

R.- Las pensiones públicas no van a quebrar, pero va a bajar la pensión media. Esto es evidente. Y por eso es preciso adoptar medidas, como la prometida carta de la Seguridad Social con el importe de nuestra pensión futura, estimada en función de cálculos actuariales relativamente fáciles de realizar. Y se nos pondrían los pelos de punta. Pero claro, a ver qué gobierno quiere jugársela mandándote una carta con membrete oficial diciéndote que tu pensión va a ser de 400-450 euros.

P.- ¿Los jubilados de ahora son el fin de una época?

R.- Desde luego, porque a ellos nadie les va a quitar su pensión, pero a partir de las siguientes generaciones ya no vamos a tener esas jubilaciones tan generosas, así que quienes tendríamos que movilizarnos y ser activistas somos nosotros. En la sociedad española existe un consenso absoluto en no tocar a los pensionistas actuales, y lo hemos visto en la crisis, que por mal que han estado las cosas a los jubilados no se les han quitado pagas ni reducido importes.

"Hipoteca inversa, renta vitalicia... Faltan productos bien diseñados para financiar la vejez"

P.- ¿Qué oportunidades abre la economía de la longevidad?

R.- Surgirán nichos de empleo y de negocio nuevos porque habrá que financiar la vejez y encontrar formas novedosas y sofisticadas de obtener recursos. Ahora mismo no funciona la hipoteca inversa, pero ha de funcionar, con algunos cambios, porque es muy sensato que si el ahorro de los españoles está en el ladrillo, ese patrimonio hay que capitalizarlo. España ha optado por ahorrar a través de la propiedad, por tanto hay que movilizarla. Ya existen algunos productos que combinan lo residencial y lo financiero, como las rentas vitalicias inmobiliarias, o la venta de la nuda propiedad, pero lo cierto es que no hay industria ahora mismo que ofrezca productos bien diseñados ni adecuados a las nuevas necesidades de financiación de la vejez. También vislumbro enormes oportunidades en la industria del ocio, que habrá que rediseñar porque ahora el ocio está hecho para las personas de 30 años cuando los que viajan son los mayores de 50. Un ejemplo de ocio enfocado hacia un público mayor es el parque temático de la historia de España que se abrirá en Toledo, ideal para que los abuelos vayan con sus nietos. Se abren asimismo oportunidades en el sector de la salud: el anti-aging, por supuesto, pero también los gimnasios, la fisioterapia, la medicina y los cuidados paliativos en casa porque las personas prefieren curarse e incluso morir en su propia casa.

 

Antonio Huertas e Iñaki Ortega
Antonio Huertas e Iñaki Ortega, autores de 'La revolución de las canas'
 

"Las empresas tienen que dejar de obsesionarse con la juventud "

P.- La formación continua es una exigencia para todos los trabajadores, ¿aún más para los sénior?

R.- Absolutamente. En Deusto Business School el edadismo no se aplica: este año tenemos alumnos de 55 años y también de 35 años. Nuestros estudiantes son ejecutivos, con una media de edad de 46 años, y se forman sobre todo en disciplinas del momento como block-chain, ciberseguridad, big data…

P.- ¿A las empresas les sale más barato despedir a los sénior o les sería más rentable reciclarlos con cursos específicos y de adaptación a las nuevas tecnologías?

R.- Yo le diría a las empresas que hagan las siguientes preguntas: "¿Cuántos baby boomer tenemos? ¿Vamos a prejubilarlos a todos?¿Cuál sería el impacto en nuestra cuenta de resultados?" Como no pueden prejubilarlos a todos, porque estamos hablando del 30%-40% de las plantillas, tendrán que diseñar planes de carrera también para los sénior, y no solo para los millennials, que es lo que sucede ahora. Las empresas tienen que dejar de obsesionarse con la juventud y asumir que vivimos en un mundo mucho más diverso donde el talento sénior es un recurso muy valioso.

"Subsidios como el de parados mayores de 52 años incentivan la economía sumergida y la precariedad" 

P.- Sin embargo, los mayores son los primeros en ser despedidos cuando hay un ERE, engrosan las filas del paro de larga duración, y medidas como la ayuda para parados mayores de 52 años parecen parches...

R.- En mi opinión, ese tipo de subsidios te condena a la economía informal porque tiene un regusto a las peonadas. Es fácil que el perceptor se diga: "me dan 400 euros de ayuda, luego saco otros 400-500 euros haciendo cuatro chapuzas, además mi mujer saca otro tanto, más los trabajos estacionales de camarero o tal…" Sin darte cuenta, con ese subsidio estás incentivando la economía sumergida y la precariedad laboral.

P.- En vuestro libro La revolución de las canas se habla de una nueva generación, la de los viejennial, ¿quiénes son y qué les diferencia del resto?

R.- Son personas entre los 55 y los 70 años, que tienen salud para trabajar en empresas, para consumir y gastar en ocio, además de por supuesto cuidar de sus nietos. El mejor momento de la historia para tener 60 años en España es hoy, porque los 60 años de ahora son los 40 años de antes. Y, si hablamos de trabajadores en activo, tienen unas cualidades excepcionales. En primer lugar, la resiliencia, ya que un viejennial ha pasado por varias crisis y está acostumbrado a salir adelante. Cuando yo empecé a dar clases a mis alumnos sudamericanos les preguntaba qué significaba emprender y todos los sabían, en cambio, los españoles lo desconocían. ¿Por qué? Porque los latinoamericanos tenían un padre que se había quedado en paro siete veces, había sufrido crisis cíclicas, pero aquí en España no era así. En segundo lugar, los sénior poseen un enorme capital relacional (contactos), que en una economía de servicios es fundamental, y en tercer lugar, la fidelidad: los sénior son fieles, tienen engagement con la empresa y prefieren quedarse en su compañía aunque sacrifiquen sueldo o ascensos.

"Hay muchos referentes sénior como Mandela, Buffett, Fisas o Margarita Salas, pero no los ponemos en el foco"

P.- Existen muchas personas mayores que hacen grandes cosas a edades avanzadas, ¿quizá se les valora poco?

R.- Hay muchos referentes de talento sénior, pero no les ponemos en el foco. Un simple repaso nos hace ver que Nelson Mandela fue presidente de Sudáfrica con 76 años. Cervantes escribió la segunda parte de El Quijote con 68 años, Warren Buffett sigue siendo el inversor número uno del mundo con ochenta y tantos, Nicolas Hayek crea Swatch con sesenta y tantos, Santiago Fisas funda Natura Bisé después de sufrir un ERE con 59 años, Margarita Salas entra en la Academia de las Ciencias con más de 60 años. 

 P.- ¿Cree que los estereotipos encasillan a los mayores, por ejemplo, en la publicidad?

R.- Desde luego, la publicidad no ayuda a acabar con el edadismo: uno de cada diez que sale en los anuncios tiene más de 60 años, y encima sale enfermo, aquejado de problemas diversos… Es cierto que las cosas van cambiando poco a poco, y ya hay empresas que se dan cuenta de que los mayores son un grupo muy heterogéneo de consumidores al que conquistar, pero aún falta mucha pedagogía para poner en valor a los sénior.

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