Libros

La pasión por la literatura no tiene edad: un grupo de jubilados publica su primer libro de relatos

Antonio Castillejo

Lunes 25 de marzo de 2019

9 minutos

Los componentes de Viernes Café presentan su primera obra, 'El universo en una biblioteca'

El grupo Viernes Café
Antonio Castillejo

Lunes 25 de marzo de 2019

9 minutos

En el auditorio a rebosar de la Casa de Vacas, dentro del mismo corazón del madrileño Parque de El Retiro, se presentó la semana pasada el trabajo colectivo de siete personas mayores, amantes de la literatura, que se hacen llamar Viernes Café y que acaban de autoeditar su primer libro de relatos cortos, El universo en una biblioteca, 19 deliciosos relatos narrados desde la humildad y la ilusión de quien empieza pero con la sabiduría y la experiencia del que ha recorrido ya mucho camino en la vida.

Como explica uno de los miembros fundadores de Viernes café, Juan Solaz, abogado de 73 años que se jubiló a los 65, Carmelo Lattassa tenía una clase de literatura creativa en el Centro Cultural Nicolás Salmerón y nos gustaba mucho cómo lo hacía, disfrutamos aprendiendo con él, pero no le renovaron el contrato. Así que decidimos buscar a Carmelo e irnos con él por libre. Éramos cuatro o cinco, los demás vinieron después. Nos reunimos un viernes cada dos semanas en una cafetería de la calle Concha Espina y de ahí lo de bautizarnos como Viernes Café. Son reuniones de dos horas o un poco más en las que ponemos en común nuestros relatos, aunque alguna vez nadie ha escrito nada y simplemente charlamos. Fue Carmelo el que propuso la idea del libro en el que además él participa con dos relatos y es el prologista”.

“Ha sido el trabajo más fácil de mi vida y ellos me han enseñado mucho por la manera que tienen de ver la vida a su edad”, confiesa Carmelo Lattassa, periodista y fotógrafo de 51 años, el más joven de todos, que ha actuado como coordinador del proyecto. “La precariedad laboral que padece el periodismo me obligó a reinventarme. Pero no era el primer taller de mayores que dirigía, antes estuve en otro proyecto en Torrejón de Ardoz con un grupo bastante más mayor que este en el que la media es de 70 años, mientras que en el anterior era de 91. Con ellos decidimos escribir cuentos infantiles y también publicamos un libro para recopilarlos, Con una abeja en el bastón. Le íbamos dando a una profesora amiga, Ana Lidia Moreno, los cuentos y ella se los dio a los niños para que los leyeran y luego los ilustrasen. El día de fin de curso tuvimos un encuentro en el que los mayores entregaron el libro a los niños y estos les dieron sus dibujos. Fue maravilloso”, recuerda Carmelo.

'El universo en una biblioteca'

Y ahora, ¿qué hago con mi tiempo?

“Al hilo de esto yo ya tenía una escuela de creación literaria con este grupo, que son gente que está muy al día de todo lo que pasa en el mundo, como cualquier persona que se interesa por lo que le rodea. Son gente que atesora una gran riqueza con muchas cosas para dar. Entonces empezamos a trabajar, estuvimos dos años dándoles técnicas narrativas, estructura y demás y llegó un momento en que me dije, bueno, aquí ya hay poco que yo pueda enseñarles, por qué no nos ponemos a trabajar y entonces decidimos desarrollar el proyecto del libro y mira, aquí está por fin”, nos cuenta Lattassa.

“A mí la vena literaria me surgió cuando tenía diez años, llevo escribiendo toda la vida, lo que pasa es que cuando tienes esas edades te dicen que cómo te vas a dedicar a esto. Haz una carrera, estudia derecho. Y estudias derecho y después trabajas 42 años como abogado. Pero cuando te jubilas, entonces sí, haces lo que te gusta, que en mi caso es contar historias. Desde entonces he publicado dos novelas y sigo escribiendo. Hemos montado esta historia de reunirnos para escribir relatos cortos y aquí estamos con nuestro libro”, explica feliz Juan Solaz.

También Celia Rivero Guzmán, de 73 años, siente que su vocación por la literatura “surgió ya cuando era pequeña, entonces ya me gustaba escribir, pero la vida te obliga a trabajar, a hacer oposiciones y a pasarte muchos años trabajando en un banco. Una vez jubilada me escuche decir aquello de que y ahora, ¿qué hago con mi tiempo?. Entonces recordé mi vieja afición y me puse a escribir”, apunta Celia antes de explicar como “cuando llegué al grupo ya estaba formado. Un buen día fui a un Centro Cultural, vi a un grupo de gente y entré a preguntar qué actividades hacían. Me dijeron que, entre otras cosas, tenían clases de narrativa y cuando entré eran ellos, así les conocí, allí empezó nuestra amistad y el principio de éste libro que, creo, nos ha quedado precioso. Estoy muy contenta y esperando que repitamos la experiencia”.

Pilar Acevedo, Carmelo Lattassa y Juan Solaz

Jubilarse no quiere decir que se haya acabado la vida

Otro miembro del grupo que sintió hace muchos años la llamada de la literatura es Crispín Pérez Redondo, de 72 años, “llevo escribiendo desde siempre. Hubo una parte de mi vida en la que fui profesor universitario de lingüística española y literatura comparada  en Francia, luego tuve otra vida en España en la que me dediqué a la administración en cuestiones internacionales”, cuenta Crispín antes de aclarar que “yo antes ya había publicado, pero en revistas, cosas sueltas, no un libro. Para mí fue una casualidad maravillosa coincidir en el grupo de creación literaria y como no nos gustaba la profesora que teníamos decidimos hacerlo por nuestra cuenta y buscar a Carmelo que nos ha empujado a todos hasta llegar a este libro”.

A sus 63 años Pilar Casas ya está jubilada. “Yo soy química de profesión y desde pequeña siempre me gustaron las cosas creativas, tuve una época en la que pintaba, luego también he hecho fotografía, he hecho muchas cosas creativas porque siempre me ha gustado. Con la escritura, como tal faceta creativa, llevo cuatro años. Voy poquito a poco, y en Viernes Café llevo dos y pico. Me metí en el grupo porque, de alguna manera, te conecta más con el mundo que tienes a tu alrededor. Uno siempre intenta comprender lo que le rodea, pero la escritura te conecta mucho más, te hace analizar a las personas, las situaciones y te lleva a una comprensión hacia el entorno”, razona Pilar para quién “la edad, claro está, también ayuda a esto. Cuando tienes más edad reflexionas más, tienes más tiempo, no vas a matacaballo por la vida y llega un momento en que tienes espacios para pensar y reflexionar. El libro también es producto de estas reflexiones que Carmelo Lattassa ha encauzado y nos ha traído hasta aquí con la publicación del libro”.

Pilar Acevedo (70 años) era profesora de educación secundaria. En su caso, la vocación  por la literatura también fue tardía. “La vena literaria me llegó al jubilarme. Siempre me había apetecido escribir pero no lo hacía porque siempre lo iba dejando y dejando y pensé, voy a apuntarme a un taller de creación literaria y así empezó todo. A partir de ahí nos hemos ido centrando unos con otros, nos hemos ido haciendo amigos, nos hemos ido enviciando con la creación literaria y así hemos llegado hasta aquí y esperamos seguir adelante. El libro nos gusta mucho porque es muy nuestro, es decir, de su padre y de su madre, cada uno somos diferentes y el libro es muy distinto, pero es muy nuestro. Jubilarse no quiere decir que se haya acabado la vida. Nosotros estamos felices escribiendo y yo lo recomendaría a todo el mundo. Me jubilé con pena porque me gustaba muchísimo mi profesión pero ahora me he dado cuenta de que se me ha abierto un panorama inmenso que no esperaba y he visto que hay otra vida, por supuesto, después de la jubilación.

'Viernes Café', presentación de 'El universo en una biblioteca

El tiempo no es el límite

Carmen Martín (62 años) es psicóloga. “He trabajado en la industria farmacéutica en el área de psiquiatría. Me prejubilé con 58 por razones de negocios, me apunté a este taller y aquí he conocido a estas buenas gentes y a Carmelo que nos dinamiza muchísimo para ser creativos y gracias a eso hemos llegado hasta este libro, la verdad, estoy muy contenta”, confiesa Carmen antes de contarnos que “escribía muchas presentaciones, pero siempre muy gráficas por mi trabajo, yo era muy creativa a nivel gráfico, escribir, lo que es escribir de pluma, me ha costado un poco, pero gracias a mis compañeros he mejorado mucho, he avanzado, he aprendido, aprendo de ellos porque son grandes lectores y escritores y estoy encantada de pertenecer a este grupo. Como psicóloga puedo asegurar que para alguien que se jubila y no sabe qué hacer con su vida, la escritura es una muy buena terapia y, desde luego, para mi ha sido la mejor, gracias a ella siento que estoy muy realizada”.

Viernes Café cuenta con un octavo miembro, José María Osorio, ingeniero jubilado que presentó el acto en el auditorio de la Casa de Vacas. Él ha sido el último en integrarse en el grupo. Tan reciente es su incorporación que no aparece ningún relato suyo en el texto porque ya estaba en marcha el proyecto del libro cuando llegó. Es José María quién nos recuerda que “Don Quijote tenía una gran biblioteca y seguía comprando libros incluso pagándolos con su hacienda”.

“Es importante recordar que las bibliotecas engendran tertulias y que una tertulia de un grupo de amigos amantes de la literatura engendró este libro. Si amamos nuestras bibliotecas es porque son parte de nuestras vidas y de las vidas de nuestros amigos. Este es un libro formado por 19 relatos en los que los protagonistas parecen dialogar entre sí mientras fijan su atención en los libros. Para escribirlo se ha reunido un puñado de jubilados que han vertido en él sus recuerdos y sus experiencias, aunque algunas sí hubieran preferido olvidarlas. En cualquier caso, este libro nos recuerda que el tiempo no es el límite. El límite es la imaginación, que no tiene límites, como tampoco los tiene esta pasión por la escritura”, concluye José María.

Los jubilados del grupo 'Viernes Café'