Libros

Margarita Centeno, 87 años: "Empecé a escribir cuando me jubilé"

Miriam Gómez Sanz

Sábado 31 de enero de 2026

5 minutos

Escribe a mano en bibliotecas coruñesas y prepara su cuarto libro, una historia ambientada en Yemen

Margarita Centeno, 87 años: "Empecé a escribir cuando me jubilé". Imagen cedida por Margarita Centeno.
Miriam Gómez Sanz

Sábado 31 de enero de 2026

5 minutos

Margarita Centeno fue a la escuela hasta los 14 años. "Más no podíamos ir", lamenta. Después, vino la vida: casarse joven, tener hijos, emigrar a Alemania, limpiar en un hospital, ser auxiliar de enfermería y atravesar un matrimonio difícil. No fue hasta que se jubiló cuando empezó a escribir.

"Empecé a escribir en hojas cosas de mi imaginación cuando me jubilé", recuerda ahora, con 87 años, en una entrevista para 65YMÁS. Explica que mandó pasar a ordenador aquel primer manuscrito. En un principio era algo solo para su casa, pero gustó. Entonces decidió contar la historia de su familia, de sus abuelos, de su propia vida. "Lo publiqué y le gustó muchísimo a la gente. Así que cogí y escribí otros dos libros. Y los publiqué también. Y también gustaron".

Desde entonces, las bibliotecas de A Coruña se han convertido en su segundo hogar. Allí escribe cada mañana y cada tarde, lejos del ruido de casa. "En el edificio somos muchos y siempre oigo el ascensor o las escaleras. Aquí estoy tranquila escribiendo".

No usa ordenador. Nunca lo ha necesitado. "Yo escribo a mano, me gusta". El proceso es lento y meticuloso. Primero pasa el texto a limpio, después paga a una chica para que le ayude a revisarlo. "Miramos palabra por palabra. Si alguna no la permite el diccionario, buscamos otra que encaje". Cuando todo parece correcto, lo lleva a pasar al ordenador y le mandan una copia por si hay errores: "Si falta algo, lo apunto y se lo digo: página tal, línea tal". Entonces, lo envía a la editorial. "Es mucho trabajo", resume, aunque reconoce que ha tenido suerte: "Los tres libros que mandé gustaron y me dijeron que sí".

Su forma de escribir no sigue esquemas rígidos. No se impone metas diarias. "Yo voy escribiendo. Cojo el bolígrafo y me pongo a escribir". A veces, la inspiración llega caminando. "Veo una pareja por la calle y me imagino lo que están hablando. Si me gusta, lo escribo". Por eso, acostumbra a llevar siempre un boli y un papel en el bolsillo.

Margarita Centeno en la presentación de su libro en 2024. Imagen cedida por Centeno.
Margarita Centeno en la presentación de su libro en 2024. Imagen cedida por Centeno.

Una vida de novela

Sus primeros libros nacieron de su propia historia. La maldición de los Estévez fue el primero. Un relato familiar, duro, marcado por la pobreza, la emigración y las dificultades. "Ahí está mi vida, la de mis padres y mis hermanos. Lo pasamos muy mal", cuenta.

Después llegaron Tú me enseñaste a querer, una historia de amor y diferencias sociales, y El señor de la cueva de Trostberg, una mezcla de imaginación y ecos de su etapa en Alemania.

Ahora ha dado un giro. Su nuevo libro se sitúa en la guerra de Yemen. "Yo hablaba mucho con mi padre de la guerra en España, entonces pensé en escribir un libro de guerra. Leí sobre Yemen y así empezó". Para documentarse ha buscado información en Internet y hablado con personas que conocen el conflicto. La historia ya está escrita y ahora la está pasando a limpio. Le quedan unas cien páginas.

Después vendrá otro manuscrito, ya terminado, sobre las minas de León, donde pasó parte de su infancia. "Allí nuestra vida fue muy mala, lo pasamos muy mal todos, mis padres y mis hermanos".

Margarita escribiendo en la biblioteca. Imagen cedida por Margarita Centeno.
Margarita escribiendo en la biblioteca. Imagen cedida por Margarita Centeno.

Nunca es tarde

Margarita Centeno firmó sus tres primeros libros con seudónimo, Marita Sommer, un apellido alemán que recuerda su etapa como emigrante. "Para los próximos, voy a poner mi nombre real en la portada", asegura.

También comenta que a muchas personas les sorprende su capacidad. "Hay quien dice: para no tener estudios, ¿cómo puede escribir tan bien? ¿Cómo tiene tanta imaginación?". Ella lo tiene claro: "Hay personas a las que otros les escriben los libros. Pero yo los escribo yo". Sus hijos suelen decírselo: "Eso es un don que te dieron, mamá".

Recuerda que de niña ya inventaba historias. "A mí me gustaba escribir cosas de Caperucita, pero en esos años a las mujeres no nos permitían hacer nada, solo lavar y, de mayores, tener hijos".

Hoy su rutina la mantiene activa. Se levanta temprano, sale a caminar, hace la compra, cocina, escribe. Vive con uno de sus hijos. Se siente bien. "La gente no se cree que tenga 87 años", presume entre risas. Y no entiende a quienes se quedan quietos. "En la calle veo a mucha gente mayor sentada todo el día. Y no hacen nada. Hay que hacer cosas".

Sobre el autor:

Miriam Gómez Sanz

Redactor

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