Viajes

Peñíscola, mucho más que un destino de playa

Carlos Losada

Foto: Bigstock

Miércoles 2 de octubre de 2019

2 minutos

Los indiscutibles encantos de esta localidad castellonense exceden al típico turismo playero

Peñíscola

Peñíscola es uno de los pueblos más bonitos del levante español en general y de la costa de Castellón en particular. Esta presentación no está escrita a la ligera, pues la silueta de su casco antiguo, coronada por el castillo del Papa Luna y flanqueada por el mar Mediterráneo, ofrece una de las más bellas postales de nuestras costas.

Quizás haya quien diga que el boom turístico que se vivió en España en los años 60, 70 y 80 llenara la costa cercana a esta población de decenas de hoteles que poco tenían y tienen que ver con la arquitectura local. Sin embargo, eso no es óbice para reconocer el encanto de una localidad que bebe de fuentes fenicias y griegas.

Peñíscola

Una larga historia

La pequeña península donde se yergue Peñíscola ha sido utilizada como emplazamiento desde la Edad Antigua. No en vano, ya en su tiempo fue una colonia griega y posteriormente romana, ya que su puerto natural hacía sencillo el comercio.

Dada su buena situación y la facilidad con la que podían defenderse los árabes también se asentaron en la peña, hasta que Jaime I se hizo con ella. La llegada de los cristianos cambió el perfil de la ciudad, pues sobre la alcazaba árabe construyeron el famoso castillo templario que aún hoy corona la villa. Este castillo tuvo una especial importancia cuando se produjo el Cisma de Occidente entre los siglos XIV y XV , momento en el que se simultanearon dos papas en el mundo católico. Uno de ellos fue Pedro Martínez de Luna, quien sustituía a Clemente VII (papa de Aviñón, en Francia). Al ser desautorizado, Martínez de Luna se exilió a Peñíscola, desde cuyo castillo gobernó 5 años (de 1424 a 1429), de ahí que la fortificación se conozca como el castillo del Papa Luna.

Peñíscola

¿Por qué visitar Peñíscola?

Cuando hablamos de lugares de interés que visitar en Peñíscola no podemos dejar de referirnos al citado castillo, a las murallas diseñadas por Giovanni Battista Antonelli o la iglesia parroquial de Santa Ana. Asimismo, tampoco podemos obviar sus playas y su buen clima, tan atractivo para los turistas que buscan arena y sol; o incluso los humedales que forman el marjal de Peñíscola o el cercano Parque natural de la Sierra de Irta.

Sin embargo, si por algo se caracteriza esta población castellonense es por el encanto que desprende. Y es que no hay nada como pasear por su casco antiguo cuando cae la tarde en verano, con el bullicio de los puestos ambulantes junto a la muralla, la blancura de sus viejas casas y el olor a pescado frito de los restaurantes. Y si prefieres algo más de calma, disfrutarás madrugando para ver amanecer en la playa, con la silueta del castillo recortándose sobre el mar.

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