Jesús Cubero
Opinión

Pensiones en España: cómo sostener lo más valioso sin perder dignidad

Jesús Cubero

Martes 24 de febrero de 2026

5 minutos

Martínez-Cue: "Propuestas para mejorar el futuro gris de los fondos de pensiones de promoción pública"

Martes 24 de febrero de 2026

5 minutos

Las pensiones no son un "gasto": son un pacto de país. Pero el envejecimiento, la jubilación del baby boom y un mercado laboral aún desigual estrechan el margen. España ha reforzado ingresos (MEI, bases máximas) y mantiene el poder adquisitivo con la revalorización según inflación, pero el reto de fondo sigue ahí: hacer sostenible el sistema sin convertir la vejez en incertidumbre. Mirar a Europa y Estados Unidos ayuda a entender qué funciona… y qué conviene evitar.

Un contrato social que no se negocia: la dignidad

En España, hablar de pensiones es hablar de autonomía personal. Para millones de personas mayores, la pensión no es un complemento: es el suelo mínimo para vivir con tranquilidad, decidir, participar y no depender de nadie. Eso, en una sociedad que presume de derechos, no es opcional.

Y, sin embargo, la conversación pública suele caer en extremos: “esto se hunde” o “esto se arregla solo”. Ninguna es verdad. La realidad es más exigente y, por eso, más interesante: el sistema puede sostenerse, pero necesita reglas claras y reformas coherentes en ingresos, empleo y diseño.

Sostenibilidad no significa recorte; significa previsión, reglas estables y empleo de calidad.

2026: revalorización, tope y más ingresos

Este año el sistema combina tres decisiones relevantes:

  • Revalorización de las pensiones del 2,7%, conforme a la inflación media (para proteger el poder adquisitivo).
  • Pensión máxima de 3.359,60 € al mes (47.034,40 € al año).
  • MEI en 2026: 0,9% (0,75% a cargo de la empresa y 0,15% del trabajador), junto con otros refuerzos sobre bases y salarios altos.

Estas medidas apuntan a lo correcto: si el reto es financiero, necesitas ingresos estables. Pero no bastan por sí solas. La sostenibilidad real se juega en la demografía y, sobre todo, en el mercado laboral: cuántas personas trabajan, cuánto cotizan y durante cuántos años.

La pregunta no es si “aguanta este año”, sino si será fiable dentro de 10 y 20 años.

El problema de fondo en una frase

Vivimos más (buena noticia), cobramos pensión durante más tiempo, y entran a jubilarse generaciones numerosas. Si no aumentan empleo, salarios y productividad, la relación entre cotizantes y pensionistas se tensa.

Dicho sin tecnicismos: con menos trabajadores por pensionista, el sistema necesita más recursos o nuevas reglas.

Lo que enseñan Europa y EEUU (sin idealizar)

Comparar no es copiar. Es aprender.

Suecia: reglas automáticas para evitar sustos

Suecia combina un componente de reparto “nocional” con otro capitalizado y, sobre todo, un mecanismo que corrige desequilibrios de forma previsible. ¿Qué gana? Menos improvisación política. ¿Qué pierde? Parte del confort de pensar que nunca habrá ajustes.

Lección útil: mejor ajustes pequeños y previstos que reformas traumáticas cada pocos años.

Alemania: contributivo por puntos y factor de sostenibilidad

Alemania traduce cotizaciones en puntos y ajusta la evolución del sistema para sostenerlo. Es una forma de decirle al país, con números, lo que puede pagar… y lo que no.

Lección útil: si la ciudadanía entiende cómo se calcula, también entiende por qué se reforma.

Países Bajos y Reino Unido: el segundo pilar funciona cuando es masivo

Países Bajos ha sido referencia en pensiones de empleo; Reino Unido logró disparar la participación con el auto-enrolment: la gente entra “por defecto” y debe salirse si no quiere.

Lección útil: el ahorro complementario no llega con campañas: llega con diseño inteligente.

Estados Unidos: la advertencia del reloj

Incluso con más peso del ahorro privado, el sistema público estadounidense afronta tensiones y proyecciones de recortes si no se actúa.

Lección útil: si no corriges a tiempo, el recorte llega igualmente… solo que sin plan.

Cinco soluciones realistas para España (sin magia y sin miedo)

1) Trabajar más años… pero mejor, con flexibilidad real

No se trata de obligar. Se trata de facilitar transiciones: jubilación parcial, compatibilidad pensión-trabajo, incentivos a la jubilación demorada y menos burocracia. La clave es que quien quiera y pueda aportar más tiempo lo haga sin castigo.

La jubilación flexible es una reforma de dignidad: permite decidir y reduce tensión financiera.

2) Productividad: la reforma de pensiones de la que casi nadie habla

Sin productividad no suben salarios; sin salarios no suben cotizaciones. Si España quiere pensiones fuertes, necesita empleo más estable y más valor añadido: formación útil, digitalización práctica, y políticas que reduzcan la precariedad real (la de las carreras laborales).

3) Segundo pilar en serio: pensiones de empleo simples, baratas y universales

Aquí está el gran recorrido. España debe hacer que el complemento sea fácil, automático y con aportación empresarial, para que no dependa de “quien puede ahorrar”.

4) Reglas automáticas y transparentes (menos política, más estabilidad)

Los estabilizadores automáticos evitan reformas improvisadas. España puede avanzar hacia reglas claras vinculadas a esperanza de vida, ingresos y ciclo económico, con revisiones periódicas y evaluación independiente.

5) Separar mejor lo contributivo de lo social

Si una parte del sistema es redistributiva (mínimas, complementos, protección de vulnerabilidad), debe financiarse con impuestos generales de forma clara. Eso protege el pilar contributivo y hace más transparente el esfuerzo colectivo.

Conclusión

España puede sostener su sistema de pensiones, pero necesita dejar de tratar el debate como una guerra cultural. La sostenibilidad no se consigue con una medida aislada, sino con un paquete sensato: más empleo de calidad, carreras laborales menos frágiles, compatibilidad trabajo-pensión, un segundo pilar universal y reglas transparentes que eviten sustos.

Una pensión digna no compra lujos, compra algo más valioso: autonomía. Y una sociedad madura se reconoce en eso, en que nadie tenga que pedir permiso para vivir su vejez con tranquilidad.

Porque, al final, la gran pregunta no es económica. Es moral: ¿queremos un país donde envejecer signifique perder control sobre tu vida, o uno donde la vejez sea una etapa con derechos y tranquilidad? Las pensiones son una de las respuestas más importantes.

Sobre el autor:

Jesús Cubero

Jesús Cubero

Jesús Cubero es socio fundador de UMA CARE (Unidades de Memoria Activa) y responsable del Área de Mayores de Mensajeros de la Paz. Anteriormente fue secretario general de AESTE.

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