¿Cómo distinguir olvidos normales de las primeras señales de alzhéimer?

Algunos cambios cognitivos pueden dar pistas antes de que el deterioro sea evidente

¿Cómo distinguir olvidos normales de las primeras señales de alzhéimer? Miia

Cuando alguien a nuestro alrededor o nosotros mismos empezamos a tener pequeños olvidos, no todos tienen el mismo significado. Algunos no responden a un fallo de memoria puntual, sino que pueden alertar de un deterioro cognitivo al mostrar un cambio respecto a las capacidades habituales de una persona que se mantienen o avanzan con el tiempo. Detectar esa evolución permite estudiar antes qué está ocurriendo y diferenciar los cambios propios del envejecimiento de aquellos que pueden requerir una valoración especializada.

No debemos alarmarnos ante un olvido aislado. Lo que nos debe hacer consultar al médico es observar que una persona empieza a tener dificultades para hacer cosas que antes realizaba con normalidad, que esos cambios se repiten o que necesita cada vez más ayuda”, explica el Dr. Gabriel Salazar, neurólogo consultor de Instituto Clavel.

Entre las señales que pueden justificar una valoración se encuentran

  • Repetir de forma frecuente preguntas o conversaciones recientes
  • Tener cada vez más dificultades para encontrar palabras
  • Perder capacidad para organizar tareas habituales
  • Necesitar ayuda para actividades que antes se realizaban de manera autónoma
  • Desorientarse en lugares conocidos
  • Presentar dificultades crecientes para desenvolverse en situaciones cotidianas. 

“La diferencia respecto a los olvidos propios del envejecimiento está, por tanto, menos en olvidar que en perder una capacidad. Lo importante es comparar el funcionamiento actual con el que tenía esa persona anteriormente. Una dificultad nueva que se mantiene y progresa merece ser estudiada”, señala el Dr. Salazar.

 

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Herramientas para su estudio

El estudio del deterioro cognitivo también ha cambiado. Hoy, los especialistas pueden combinar la evaluación neuropsicológica, el seguimiento de la evolución del paciente, biomarcadores y técnicas de neuroimagen para obtener una visión más precisa. Una de las novedades más relevantes son los biomarcadores sanguíneos, entre ellos la proteína p-tau217, que puede aportar información sobre los procesos biológicos relacionados con la enfermedad de Alzheimer y ayudar a orientar el estudio en pacientes con síntomas.

El seguimiento en el tiempo adquiere además un papel fundamental. Herramientas digitales de evaluación neurocognitiva, como NeuroSuite, permiten estructurar las pruebas y comparar los resultados de diferentes valoraciones. La inteligencia artificial puede ayudar a integrar esa información e identificar patrones que resulten difíciles de apreciar en una única evaluación.

Una valoración aislada es como una fotografía. Cuando hacemos evaluaciones sucesivas podemos ver la película: qué funciones se mantienen estables, cuáles cambian y a qué velocidad. Esa evolución aporta información muy valiosa”, explica el Dr. Salazar.

El objetivo no es convertir cada olvido en una señal de alarma, sino reconocer cuándo un cambio deja de ser puntual y empieza a representar una pérdida de capacidades que merece ser estudiada. La combinación de evaluación cognitiva, seguimiento longitudinal y nuevas herramientas diagnósticas permite hoy conocer con mayor precisión qué está ocurriendo en cada paciente.