Este año tenemos faena suficiente para no estar quietos
Viernes 9 de enero de 2026
3 minutos
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Comenzamos un nuevo año en el calendario, porque en la vida real no existe pausa para cambiar el último dígito y continúan las decepciones en la política española con unos representantes que salvo excepciones –que las hay– siguen enfrascados en el “y tú más” que hace de una manera perversa alejarse a la mayoría de la gente de a pie de los discursos manipulados de unos políticos/as que están más pendientes de sus carreras que del día a día del ciudadano/a.
Una vez más también vuelven los análisis “científico-interesados” de fundaciones como FEDEA y FAES (que preside Aznar) poniendo en jaque el gasto en pensiones, augurando una catástrofe económica para el PIB del país, como si los pensionistas actuales y futuros fueran culpables de percibir un derecho reconocido en la Constitución, que forma parte del contrato social de los trabajadores en cualquier democracia que ejerza como tal.
Porque hay que insistir y recordar que las pensiones públicas las pagan las cotizaciones de los salarios –no los empresarios–, como siempre se insinúa desde la patronal, en un sistema de reparto –que no de capitalización– basándose en la solidaridad intergeneracional, que han tratado de reventar desde los voceros reaccionarios. Si algunas veces es necesario completar los recursos para hacer frente a dicho compromiso, está el dinero público, como ocurre con la defensa, la Casa Real, las autonomías, etc. Pues desde las pensiones se contribuye a la Hacienda pública con el impuesto de la renta de personas físicas como si estuviéramos trabajando.
Supongo que si hay un cambio político –a peor– en el Gobierno, nos tocará pelear una vez más por mantener el poder adquisitivo según el IPC y reiterar que las pensiones mínimas deben alcanzar el nivel del SMI, como se está haciendo ahora año tras año. No podemos olvidar la mala experiencia del gobierno de M. Rajoy congelándolas.
Pero la batalla será también por mantener la sanidad pública, viendo lo que acontece en algunas comunidades gobernadas por la derecha del PP y Vox (que tanto monta) derivando recursos a la privada y por seguir invirtiendo en el SAAD (dependencia) donde el gobierno del PP recortó casi 3.000 millones euros que estamos pagando.
Desde luego que habrá que seguir saliendo a la calle para defender también la enseñanza pública. Y lo más sangrante para las rentas bajas y la juventud es la vivienda, no ya en propiedad sino en alquiler. Los fondos de inversión y la codicia del mercado han convertido una necesidad en un negocio, inasumible para miles de personas. El problema viene de lejos, cuando Aznar en 1998 aprobó la liberalización del suelo, pero ahora los alquileres turísticos abusivos han desbocado los precios.
En definitiva, aparte de Gaza, el Sáhara, Venezuela o Groenlandia, tenemos este año faena suficiente para no estar quietos. ¡Pues que no se diga!
José María Gómez Claro es secretario general de Pensionistas CCOO de Asturias.
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