Cartas al director

TDAH: ayudemos a nuestros hijos y nietos

María Luisa Giménez González

Martes 15 de febrero de 2022

4 minutos

TDAH: ayudemos a nuestros hijos y nietos
María Luisa Giménez González

Martes 15 de febrero de 2022

4 minutos

Cartas al director (cintillo)

 

Un grupo de madres y abuelas (Guerreras de corazón naranja) nos hemos unido para dar voz a toda esa comunidad de familias afectadas por el Síndrome de Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDAH). Nuestra pelea, dar luz en la oscuridad, poner voz al silencio, ofrecer ojos a lo invisible, hablar lo más alto que se pueda sobre el TDAH.

Necesitamos que no sólo se entienda ni se apoye a nuestros hijos y nietos, sino a los muchos afectados que conviven y luchan diariamente con este trastorno. Niños que desde su más tierna infancia son juzgados, etiquetados, aislados y humillados, ya no solo por sus iguales, sino por la sociedad en general.

Pero nuestra gran pelea es por su educación en las escuelas. Hay muchos profesores que no entienden y no apoyan a nuestros hijos y nietos por su falta de implicación y formación ante este trastorno. Miramos atrás y recordamos siendo muy pequeños, agotarnos con tan sólo observarles. Cuando aún no andaban, que se desplazaban sin necesidad de levantarse del suelo. Su fuerza, su intensidad, su permanente inquietud. Imaginábamos que eran niños despiertos. No te preocupes, escuchábamos, los niños tienen que moverse… “Yo prefiero un niño movido que un niño mueble”, bromeaban… Recordamos esas sonrisas seductoras capaces de atrapar la más esquiva de las miradas. Recorrer caminos y aceras corriendo detrás de él cuando salíamos de casa.

Cuando el TDAH aterriza, sin avisar, en nuestras vidas –sin nombre todavía– sin recursos, sin motivos, sin entenderl, como una barca que te lleva a la deriva. Es entonces es cuando comenzamos buscando el Norte, sin una senda que nos guíe. Hace que nos sintamos solas, cada vez más perdidas. Es entonces cuando el diagnóstico parece que trae un soplo de aire a nuestra desorientada vida. Quien nos iba a decir que la época escolar se iba a convertir en una montaña rusa llena de altos y bajos en la cual nunca pensamos vernos.

Comienza una época en la que nos damos cuenta que nuestros hijos o nietos no son comprendidos. Desde bien pequeños empezamos a ver notas como: no respeta las normas, no es capaz de estar sentado, no respeta a sus compañeros, no presta atención, no trae el material, no hace las tareas, ha pegado a un compañero, si sigue así se le abrirá parte de incidencias, si no es capaz de controlarse será expulsado por la acumulación de partes y un sin fin de notas que para nada son positivas.

Nuestros hijos y nietos sufren TDAH, un trastorno del neurodesarrollo cuya sintomatología nos recuerdan los profesores cada día en sus constantes notas, con sus constantes llamadas del centro quejándose de mal comportamiento. ¡Basta ya! Sabemos cómo son nuestros hijos y nietos, luchamos día a día con sus dificultades en el hogar, pagamos terapias, buscamos a psicólogos que les puedan ayudar. Necesitamos que entiendan y apoyen estas dificultades, que les crean ansiedad y frustración, que les bajan su autoestima y que, en muchas ocasiones, pueden desencadenar en una depresión infantil que acarrean el resto de su vida.

Queremos unos hijos y nietos sanos mentalmente, que lleguen a su edad adulta con herramientas que les ayuden en su día a día. Y, desde luego, si la sociedad y las escuelas no hacen nada por mostrar su ayuda, los padres solos no podemos. Pedimos empatía, pedimos comprensión del TDAH y pedimos que les ayuden. ¿De verdad es mucho pedir?


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María Luisa Giménez González