Joaquin Romero
Opinión

La justicia española pasa la prueba

Joaquín Romero
Junqueras

Una buena parte de las primeras reacciones tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo contra los acusados por los hechos acaecidos en Cataluña en torno al 1-O se han centrado en subrayar que las condenas no ayudan a solucionar el conflicto.

Lógicamente, son pronunciamientos de personas e instituciones, como el Barça, que pretenden mantener una cierta equidistancia y que demuestran haber comprado el discurso de quienes acusan al Gobierno español de judicializar las demandas del nacionalismo catalán.

Pero la realidad es muy distinta. Quienes han llevado el llamado procés a los tribunales no ha sido el Consejo de Ministros, sino los políticos y activistas empeñados en incumplir la ley una y otra vez en su afán por doblegar el sistema democrático con una política de hechos consumados.

Han ido probando hasta ver dónde podían llegar. Y lo han comprobado. A partir de aquí puede empezar el diálogo, pero salvaguardando el poder de la justicia, que ha salvado esta prueba de forma excepcional. El tribunal ha tenido mucho cuidado en despejar todas las trampas de las defensas y de la propaganda; y, después, ha entrado en materia.

No hubo rebelión, pero porque no pudieron. Hubo violencia, aunque no con fuerza suficiente como para derrotar al Estado. Tampoco eran una organización criminal, pero estaban coordinados. También hubo sedición y desobediencia.

Antes de tres años, todos ellos estarán en su casa. Y cabe esperar que, pese a las soflamas de lo volveremos a hacer, la actuación del Tribunal Supremo les dé en qué pensar. Este tipo de sucesos no son nuevos en la historia de España: la segunda República, que acabó como todos sabemos, tuvo que vérselas con intentonas de este estilo y las castigó con mucha más severidad.

Confiemos en que la reacción de un personaje tan peculiar como Quim Torra, que ha dado muestras –aunque haya que leerlas entre líneas– de haber tomado nota, constituya un buen presagio de futuro. Si no de cordura, sí al menos de haber encontrado la vereda perdida.


Joaquín Romero, Director de Crónica Global

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