Ochenta años

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Ochenta años Miia

Nunca quise superar los ochenta años pero ahora que se acercan, no me importaría superarlos si me encontrase como hasta ahora, funcional y cognitivamente. Definitivamente una cambia de opinión, incluso con aquello que era innegociable hace un tiempo atrás. Renuncio a lo que tantas veces dije.

La verdad es que lo que me aterra es verme vuelta mierda, con gran dependencia o perdida de la cabeza. Lo he conversado con muchas personas a lo largo de mi vida, y todos coincidimos en lo jarto que es verse así.

Pensaba, mientras escribía esto, que sea como sea lo que me espere, ahora prefiero ocuparme, para no preocuparme con lo que no puedo cambiar. Continúo con mi actividad física, baile y yoga, actividad social y cultural, lecturas y aprendizajes en mi universidad, como yo le llamo, a los contenidos de YouTube.

Sigo con mi trabajo como orientadora familiar, con consulta presencial y telefónica, e imparto talleres y conferencias sobre el envejecimiento que me ha permitido llegar hasta aquí en buena condición. ¿En qué se basa? Te lo podría resumir de la siguiente forma.

He vivido enfocada en la acción y en la formación. Esta inquietud me ha acompañado a entender la vida en progreso, con naturalidad vivo mi vejez. Por suerte, sin acudir a la consulta del médico, me he escapado de la enfermedad. Me encuentro bien y ya. He soltado mucha carga autoimpuesta y ya no mendigo cariño. Ahora la importante en mi vida soy yo, me cuido, me mimo y me protejo del veneno ajeno. Si miro lo malo del mundo, lo que se avecina con el futuro gobierno "de mano dura" en Colombia, me deprimo y, como no sirve de nada, intento cambiar lo que puedo de mi mundo pequeño. Soy la resistencia.

Cuando la cosa se complique actuaré por mi misma, pero si no puedo confiaré en mis hijos. Ahora tengo que marchar, alistarme, me arreglo y a la calle. ¿Que será lo que me deparará hoy?