Por mi nieto
El voto es secreto pero, ¿sabe algo? Estoy mamada de callarme por mi miedo infantil a confrontar, a perder vínculos. A las mujeres de mi generación nos enseñaron a que calladitas se nos veía más bonitas, pero ahora que me desprendí de estos mandatos pendejos prefiero ser fea que sumisa.
Los valores que han dirigido mi vida, y mi marido, justo es decirlo, me aprobó, también mudaron –como expresé en mi último artículo– y progresaron. Y lo hice porque nunca me privé de la juventud, que venía a cuestionar lo que había dado por cierto y a integrar lo diferente, a enseñarme mucho. Bendigo estas presencias en mi vida, entusiastas, formadas, con aires nuevos, como la de mi amado nieto Santiago.
Como mi opinión importa, así me consta, quiero expresar por este medio lo que callé en cenas con amigos o en grupos de WhatsApp: mi decepción más absoluta al ver los resultados de las elecciones en Colombia. La patria es ignorante, definitivamente. No me interesa, ni mandaría a mis hijos o mi nieto para "defenderla" porque yo prefiero hablar de la matria como forma de gobierno más amable, ecofeminista.
Siempre, y pese a todo, estaré con la justicia social, los derechos de las minorías y al lado de las mujeres, de las machistas también, que no lo saben pero siguen subyugadas por la iglesia, el estado, los militares y lamentablemente también de sus familias.
Espero, deseo, que esa mitad que me representa, doce millones de ciudadanos, estemos vigilantes, fiscalizando el poder y cuestionando sus ganas de guerra con amor y poesía.
Colombia no es una empresa. En nuestras vidas ya no manda la Iglesia y todas las minorías tienen voz.
¿Adivinó a quién confié mi voto?
'Los Nadie' somos muchos.
Por ti, Santiago.
