Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

La disfunción eréctil: causas y soluciones

Ramón Sánchez-Ocaña
La fisioterapia, una solución en casos de disfunción sexual en personas mayores
Pildoras

 

Hace años se llamaba impotencia. Hoy se habla de disfunción eréctil porque impotencia parece indicar invalidez, una especie de grado absoluto, un todo o nada. Disfunción eréctil sin embargo parece menos rotundo y da idea de que puede haber estadios tanto en cantidad como en calidad.

Es mucho más frecuente de lo que se cree (y de lo que se dice). Entre los varones de 40 a 70 años el porcentaje de quienes tienen disfunción eréctil moderada (pérdida clara, pero parcial de la rigidez) o severa  (incapacidad completa para la erección) es del 30%. Estos porcentajes permiten calcular que más de dos millones de españoles con más de 40 años padecen alguna forma de disfunción eréctil moderada o severa. Y es, según una encuesta, el problema sexual más temido por los españoles.

No solo es un problema de edad

La probabilidad de padecer impotencia aumenta significativamente con el paso de los años. Pero los especialistas señalan que cuando aparece se debe más a las enfermedades asociadas al envejecimiento que al envejecimiento en sí. Entre estas enfermedades están las cardíacas, la diabetes, la hipertensión, una tasa alta de colesterol o la depresión.

Por otra parte, algunos especialistas sostienen que la disfunción eréctil puede estar creada por los fármacos para tratar estas enfermedades, ya que pueden interferir los mecanismos que controlan la erección.

Y hay ejemplos claros. Un individuo con enfermedad cardiaca tratada con medicamentos, o diabético, tiene una probabilidad tres veces mayor de padecer disfunción eréctil que el individuo que no padece ninguna de esas dos enfermedades.

Las causas

Se han llegado a encontrar hasta 55 causas de esta disfunción. Los expertos las clasifican según sean de origen psicógeno, es decir que se deben al control cerebral de la erección; o de origen orgánico, (as que se relacionan con la mecánica física de sangre, nervios y hormonas. Y señalan que con frecuencia se superponen, por lo que debe hablarse también de causas psicofísicas.

Psicológicas: La causa psicógena aparece en 20 de cada 100  pacientes. Normalmente se debe al estado de ansiedad ante la relación sexual. Cuando la causa es física, es fácil que si haya un componente psicológico añadido.

Hormonales: Representan un 5 por 100. Pese a lo que se cree, las hormonas masculinas que son importantes para la libido, no tienen un papel claro en la erección. Son otras (prolactina, por ejemplo) las responsables de la disfunción eréctil.

Neurológicas: Intervienen en el 15 por 100 de impotencias. Hay muchas zonas cerebrales y muchas vías nerviosas que intervienen en el mecanismo de la erección. De ahí que puedan ser muchas las causas que actúen sobre esos centros. Desde un accidente cerebrovascular, hasta lesiones medulares.

Vasculares: La mayoría de impotencias tiene este origen. Entre otras cosas, porque muchas de las enfermedades relacionadas con la impotencia provocan trastornos vasculares y son estos los últimos responsables de la disfunción. Las enfermedades vasculares  afectan al endotelio, es decir, la pared celular de los espacios cavernosos y que esta en contacto con la sangre circulante. Y esa pared juega un papel importante en la vasodilatación.

Medicamentosas: Por lo menos la cuarta parte de impotencias se deben a esta causa, porque los medicamentos que se utilizan para enfermedades sistémicas, (antihipertensivos, vasodilatadores, tónicos cardiacos o antidepresivos) afectan de manera casi determinante a la función eréctil. La digoxina, por ejemplo, un medicamento para el corazón, multiplica por 4 la posibilidad de padecer impotencia.

Es evidente que sumando todos los porcentajes tenemos más de 100. Y es que hay enfermedades, o situaciones en que una impotencia puede provenir de dos o tres causas distintas, como si fueran dos o tres impotencias achacadas al mismo afectado.

Soluciones

Soluciones puede haber muchas. En manos del urólogo está la aplicación de la más adecuada para cada diagnóstico, especialmente desde la llegada al mercado de soluciones farmacológicas orales. El especialista podrá indicar cual de los tratamientos es el más adecuado para el perfil del usuario.

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