Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

La inoportuna ciática: por qué se produce y cómo tratarla

Ramón Sánchez-Ocaña
causas de la ciática
Pildoras
 

Una gran mayoría de la población adulta tiene experiencia de lo que es el dolor producido por la ciática. Aparece la punzada, nos llevamos la mano a los riñones o al muslo y nos inclinábamos hacia un lado. Muchas veces  no nos atrevemos ni a movernos con alguna brusquedad; ni siquiera intentamos estirarnos. Desde ese momento, ya vamos a andar con un cuidado especial. Una pierna se apoyará en el suelo con decisión y la otra lo hará con un cuidado temeroso, como si el suelo estuviera lleno de cristales y fuéramos descalzos. Así podría ser la descripción de un ataque de ciática, mucho más frecuente de lo que inicialmente podía parecer.

Según las definiciones, no es otra cosa que la inflamación o afectación del nervio ciático ,que se manifiesta por un dolor lumbar que se irradia hacia las piernas. Desde el plano clínico, el síntoma fundamental es el dolor. Un tipo de dolor, además, característico, que puede iniciarse de forma brusca o progresiva. La brusca suele ser consecuencia de un gran esfuerzo físico. O puede ir poco a poco, con el aviso de dolores de espalda que aparecen y desaparecen. Es decir, que empieza con hormigueos y pinchazos que se intensifican cuando se realizan movimientos de flexión en el muslo. Este tipo de ciática se identifica muy bien. Basta echarse boca arriba y flexionar la pierna afectada. El dolor se notara como un pinchazo intenso. Es una forma sencilla de identificar la auténtica ciática y no confundirla con otros problemas musculares.

Siempre se dice que el dolor de la ciática es característico, porque es como si estuviera pegado al nervio en toda su longitud. Como es lógico, puede aparecer tanto en la pierna derecha como en la izquierda. El dolor suele ser continuo aunque se agudiza, a modo de latigazo, cuando se tose, por ejemplo o cuando hay algún movimiento. Puede doler en todo el recorrido del nervio ciático. (O, mejor, de los nervios ciáticos, que son simétricos). Nacen en la región lumbar en la misma columna vertebral, descendiendo, simétricos hacia las piernas. Atraviesan los glúteos, bajan hasta la pantorrilla y se dividen después más abajo hacia los dedos de los pies. Eso explica que el dolor se irradie desde la zona lumbar hacia las piernas. En definitiva, el dolor de la ciática es un pinchazo que se siente de forma muy aguda y, a veces, como un latigazo seco que nace del gran nervio ciático (es decir entre las vértebras lumbares y las de la región sacra) y se lanza rápidamente por muslo y pierna.

Puede surgir por muchas razones. Entre ellas, una anormal curvatura en la columna lumbar -una lordosis pronunciada-, una estenosis en el canal medular (estrechamiento del canal por donde va la médula espinal); opresión de las raíces nerviosas por una lesión muscular; un vicio postural o -que es lo más frecuente- por una hernia discal, que va a provocar la compresión del nervio.

La hernia discal

Tenemos entre las vértebras un disco que actúa como amortiguador. Es gelatinoso y en su interior tiene una burbuja -es en su mayor parte, y especialmente en los primeros años, de agua- que sirve como niveladora. Es decir, esa burbuja se desplaza y así acomoda  la presión de una vértebra contra otra. Con el tiempo, ese disco va adquiriendo rigidez y la burbuja va perdiendo agua. Y entonces, es posible que por una presión excesiva, por desgaste, por una postura permanentemente forzada, parte de ese disco se salga de su sitio, se hernie, en una palabra.

Un desplazamiento más o menos acusado de ese disco es lo que provoca la hernia discal. Dado que la zona más frecuente de estas hernias es la lumbar, es posible que ese desplazamiento toque o roce el nervio ciático. Si eso ocurre, ese dolor a modo de latigazo recorrerá nuestra pierna. Por eso es frecuente en personas que fuerzan la zona lumbar. Por ejemplo, taxistas, camioneros, o quienes trabajan en un campo visual pequeño, como dentistas, oftalmólogos, relojeros....

Qué hacer

Inicialmente, guardar reposo. El médico recomendará analgésicos y sobre todo relajantes musculares y antiinflamatorios. Si es por hernia discal y los ataques son frecuentes, habrá que valorar eliminar quirúrgicamente esa hernia.

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