Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

En recuerdo del doctor Guillotin

Ramón Sánchez-Ocaña
En recuerdo del doctor Guillotin

Tiene su gracia, porque casi todos asocian el nombre del Dr. Guillotin a su creación más conocida: la maquina para acabar con la vida que se hizo tan popular en Francia. Se le achaca la invención de la guillotina, pero no es verdad. Lo que si hizo fue proponer un sistema de ejecución para acabar con el suplicio que hasta ese momento conllevaba cualquier condena a muerte.

Hay que recordar que en aquella época se ejecutaba cortando la cabeza con hacha, o si se trataba de nobles, con espada. Se cuenta que en alguna ocasión, el verdugo tuvo que proporcionar nada menos que 21 golpes.

Fue entonces cuando el buen doctor Guillotin pidió en la Asamblea Francesa que se buscaran medios más civilizados para acabar con la  vida de los reos. Y así fue cómo se encargó al secretario de la Academia de Medicina de Francia, Dr. Antoine Louis el estudio de una forma más rápida y digna de ejecución. Al parecer, el Dr. Louis experimentó con cadáveres y llegó a la conclusión de que un mecanismo que dejara caer una cuchilla vertical desde cierta altura, sería la solución perfecta. La máquina se llamo, en principio “La Louissiette” (la luisita) en memoria de su creador.

Pero la historia cometió una injusticia impresionante: achacó al Dr. Guillotin el invento del artilugio y empezó a llamar a aquel ingenio, la guillotina.

Por cierto, Guillotin que lo que hizo fue pedir una ejecución más digna, murió en su cama en 1814.

 

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