Eduardo Rodríguez Rovira
Opinión

Reconstrucción sanitaria

Eduardo Rodríguez Rovira
CEOMA solicita comparecer en la Comisión de reconstrucción Social y Económica del Congreso

Guy de Chauliac, médico de los Papas en Avignon, decía cuando la Peste Negra, el padre no visita al hijo, ni el hijo al padre. La caridad ha muerto. Hasta los médicos no visitaban a los enfermos por miedo a la infección.

Por lo menos en estos aspectos la actual Pandemia se distingue meridianamente de la pandemia medieval. Los médicos se infectan masivamente (más de 50.000 en España) por cumplir su labor heroicamente, más allá de su deber moral, al no habérseles defendido con equipos de protección individual. En cuanto a los contactos familiares, durante semanas las visitas han estado prohibidas, pero las relaciones a través de los medios de comunicación modernos, que no existían en otras épocas, y especialmente las referentes a los abuelos-nietos, que entonces eran menos numerosas, han sido permanentes. En cuanto a las innumerables respuestas caritativas y solidarias también se puede apreciar un gran contraste.

Comienza la etapa de la reconstrucción después de un periodo, impropiamente denominado medieval, de confinamiento que empezó tarde y que será uno de los más duraderos del mundo. Las comisiones de reconstrucción están encargadas de planificar y gestionar esta etapa. Las Organizaciones más representativas de personas mayores -desgraciadamente protagonistas en la pandemia- han presentado su exigencia de estar presentes activamente en esa Comisión, en la que inexplicablemente está ausentes.

Ahora solamente querría mostrar preocupación por algunas importantes circunstancias de tipo sanitario que deben de ser tenidas en cuenta. Uno queda escandalizado porque en diciembre 2019, meses antes del colapso de los hospitales, aunque el virus pululaba ya libre por el mundo, la lista de espera quirúrgica del Servicio Nacional de Salud era de ¡704.997 pacientes! Nunca había sido tan numerosa. Nos desasosiega pensar cuál es la lista de espera actual, después de la saturación hospitalaria por la pandemia. Este parámetro y el de ser el país con la mayor tasa de muertos por habitantes nos obligan a revisar la chauvinista presunción de tener el mejor sistema sanitario del mundo. Lo que no es incompatible con que nuestros sanitarios reciban el Premio Princesa de Asturias a la Concordia por ese “Heroico espíritu de sacrificio de quienes han asumido graves riegos y costes personales” o que tengamos el mejor sistema de trasplantes del mundo.

Hemos señalado en otros artículos graves deficiencias de nuestra sanidad. Por no repetir estas y el resumen excelente realizado recientemente por Ignacio Riesgo sobre las enseñanzas de la pandemia, solo pondría un ejemplo no suficientemente destacado, el clamoroso déficit de enfermería en nuestro país (5,2 por mil) comparado con Europa (8,4 por mil) o el de especialistas (ver listas de espera), profesiones, cuyos sus bajos niveles de remuneración, que incitan a la expatriación, deberían ser revisados.

No sé si la Comisión de reconstrucción será capaz de realizar el necesario plan de modernización de nuestro Sistema de Salud, pero sería imperdonable que ahora que estamos al tanto de todos sus defectos y problemas, no lo pusiéramos al día. ¿Quién asumirá dentro de nuestras élites sanitarias proponer el plan de reconstrucción del sistema o al menos de vigilar esa reconstrucción?


Eduardo Rodríguez Rovira es Presidente de Honor de CEOMA y de Fundación Edad&Vida.

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