Sábado 24 de enero de 2026
2 minutos
Tener afasia significa convivir con un cambio profundo en la manera en que me comunico con el mundo. La afasia es una enfermedad neurológica poco conocida; no es una falta de inteligencia ni una pérdida de mis ideas. Es una condición que afecta a mi capacidad para expresar o comprender el lenguaje después de una enfermedad neurológica. Aunque a veces las palabras se escapan, mis pensamientos siguen intactos.
Desde fuera, la afasia que tengo y por la que me tratan en el Hospital Clínico, con un especialista llamado Jordi A. Matías-Guiu, puede parecer simplemente un problema para hablar, pero para mí es mucho más complejo. A veces sé exactamente lo que quiero decir, pero no me salen las palabras. Otras veces entiendo lo que escucho, pero necesito más tiempo para procesarlo. Leer y escribir también pueden convertirse en un desafío, incluso en tareas cotidianas que antes hacía sin esfuerzo.
La experiencia puede ser frustrante. Sentir que el mundo se mueve demasiado rápido y que mis respuestas llegan con retraso. Sin embargo, también he aprendido que la comunicación no es solo palabras. Los gestos, las miradas y las pausas se han convertido en nuestros aliados. La paciencia propia y la de quienes me rodean es fundamental.
La terapia del lenguaje, el apoyo familiar y la práctica constante me han demostrado que puedo mantener la comunicación pese a la afasia progresiva primaria que tengo. La afasia no define quién soy: sigo siendo una persona con pensamientos, emociones, historias y sueños. Solo necesito que los demás me escuchen más atentamente y me den más tiempo para expresarme.
Vivir con afasia implica adaptarse, pero también resiliencia. Gracias a la atención de la Asociación Afasia, donde voy tres veces a la semana a clase de logopedia, puedo mantener la comunicación. Cada palabra recuperada, cada frase lograda y cada conversación compartida es una victoria.
Yo tengo afasia, sí; pero también tengo voz, aunque sea diferente.


